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Jesús Serrera

A Capella

El recurso de volver a las urnas

Las elecciones generales del 20 de diciembre, las duodécimas desde la Transición y las primeras con Felipe VI como Rey de España, consagraron el final del bipartidismo y así fueron celebradas alegremente en las horas posteriores, como un inteligente mandato del cuerpo electoral para que fuerzas políticas muy dispares alcanzasen el saludable consenso de gobernabilidad que reclamaban los nuevos tiempos. Pero no fue así ni por asomo, ni por la derecha ni por la izquierda, de modo que los partidos, los viejos y los nuevos, los pequeños y los grandes, se dieron una segunda oportunidad el 26 de junio. Un poco compungidos, con una campaña de perfil bajo como pidiendo perdón al personal, y con la garantía de que esta vez, no faltaría más, primaría la altura política y la razón de Estado antes que los intereses partidarios para poner a España de nuevo en funcionamiento. Pues tampoco está nada claro a estas alturas. La economía y el empleo, el conflicto catalán y la financiación autonómica, el ojo vigilante de Europa, el hartazgo ciudadano… Sobran las urgencias para poner fin al bloqueo institucional, y sin embargo, la posibilidad de unas terceras elecciones es cada vez más verosímil para las fuerzas políticas, también en Cantabria. En el PP cunde la idea de que al final puede ser la única solución y al PSOE cada vez le da menos miedo.
Hace días que los populares negocian con Ciudadanos un acuerdo, pero las expectativas son limitadas. El apoyo de Rivera sólo llegaría hasta la investidura y ni siquiera alcanzan los números. El PSOE está enrocado en el ‘no es no’ al PP y eso es lo básico. El  escenario puede cambiar si después de las elecciones vascas del 25-M, el PP y el PNV acuerdan ‘cambiar cromos’ de gobernabilidad en el Estado y en el País Vasco. En ese caso Rajoy tendría más cerca la investidura, pero a partir de ahí la gobernación se le pondría muy difícil o imposible, vulnerable frente a la oposición en el Congreso, hasta que se hiciera inevitable la disolución de las Cortes y la nueva convocatoria a las urnas tras una corta legislatura. Lo saben el PP y sus adversarios.
El partido en el Gobierno intenta la investidura, claro, pero al tiempo bombardea con la amenaza de las terceras elecciones. De momento ya ha hecho responsable al PSOE de la eventual nueva convocatoria, en Navidad o un poco antes. Paralelamente, entre las muchas voces mediáticas que claman por un acuerdo para el desbloqueo, emergen también las que restan dramatismo a una tercera cita electoral que clarifiquen (o no) el escenario político.
Los populares no tienen la garantía de que otros comicios le procuren la gobernabilidad, pero están razonablemente seguros de que mejorarían otra vez sus cifras. Los 123 diputados de diciembre fueron 137 en junio y en el tercer intento calculan no menos de 150, más cerca de alcanzar en el espectro de centro-derecha los 176 que otorgan la mayoría en el Congreso. En Cantabria supondría quizá el tercer escaño que se les quedó a unos pocos miles de votos en los últimos comicios.
El PSOE, mientras tanto, resiste en el no y aconseja al PP que negocie con sus afines. «Si Rajoy se va, a lo mejor nos lo pensamos», ha dejado caer el catalán Miquel Iceta. Hasta ahí. Los llamamientos a facilitar la gobernabilidad de los líderes históricos  y los barones, y las presiones de los llamados poderes fácticos no han hecho mella de momento. La dirección del partido en Cantabria argumenta que son las bases militantes las que comparten y sostienen la idea central de que la abstención sería un suicidio para el partido. Otra cosa es lo que piense el conjunto de sus votantes.
El aparato asegura que, llegado al caso, unas terceras elecciones no espantan al partido. El PP ganaría, quizá con más holgura, a costa de Ciudadanos, pero también el PSOE aumentaría su ventaja sobre Podemos. Un ‘bipartidismo asimétrico’ es el término que manejan los dirigentes socialistas de Cantabria.
Es cierto que las nuevas formaciones no quieren oír hablar de nuevas elecciones. Podemos no está para un nuevo asalto a las urnas sino para repensar su estrategia y fortalecerse tras el fiasco del 26-J, que es lo que ya está intentando en la región. Podemos invita al PSOE a explorar un pacto progresista, pero los socialistas ni se fían ni les cuadra con la estrategia del momento. Ahora están en el desgaste de Rajoy.
Tampoco Ciudadanos quiere probar suerte en las urnas. Rivera pactó con Pedro Sánchez antes y ahora está dispuesto a hacerlo con Rajoy, en una posición pragmática y constructiva. Y sin embargo, en ambas ocasiones el electorado ha podido tomar nota de que los votos y los escaños del partido naranja que ha otorgado al final no resultan decisivos en las generales. No como lo son en el Ayuntamiento de Santander, y a veces, también en el Parlamento de Cantabria.
El PRC, ya se sabe, no participa en la batalla, aunque también le afecta, que para eso está al frente del Gobierno regional. Miguel Ángel Revilla está desatado contra Rajoy y el PP, pero tampoco vislumbra una opción alternativa. Los regionalistas ven factibles las terceras elecciones y se quejan: más tiempo sin Gobierno. Sin interlocutor, sin claridad en el techo de gasto ni en el déficit, y sobre todo, sin inversiones del Estado. O sea, Madrid nos mata.

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Crónica, opinión y análisis de la actualidad. Con todas las voces, sin acompañamiento instrumental

Sobre el autor

Bilbao. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad del País Vasco. En El Diario Montañés desde 1982. Subdirector. Sobre este blog: Crónica, opinión y análisis de la actualidad. Con todas las voces, pero sin acompañamiento instrumental. Se agradecen las sugerencias para mejorar el repertorio.

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