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Jesús Serrera

A Capella

Un 'sorpasso' sin mucho entusiasmo

Lo que diga Madrid. En la nueva política, como en la vieja, la dependencia de los criterios de las cúpulas nacionales sigue muy vigente en todos los partidos. También, naturalmente, en el ala más a la izquierda del espectro político que en estos días explora construir una alianza para las nuevas elecciones generales del 26 de junio. Puede ser la gran novedad de los comicios: Podemos e Izquierda Unida, juntos en las urnas para intentar el ‘sorpasso’ que acabe con la larga hegemonía del PSOE como principal referencia de la izquierda en España. Las bases y los dirigentes territoriales de ambas formaciones están a la expectativa de lo que resuelvan Pablo Iglesias y Alberto Garzón, y sus equipos de confianza, con más disciplina que entusiasmo por la confluencia electoral. En Cantabria la pasividad es aún más notoria porque, de momento, ni Podemos ni IU tienen siquiera liderazgos consolidados y visibles para representar a sus siglas en la eventual negociación de las listas.
En Podemos Cantabria, cuyas bases están muy nutridas de antiguos militantes de IU, siempre creyeron que la unidad electoral con la vieja coalición sería una pesada ‘mochila’ en su camino triunfal. En su estreno en las urnas, en las europeas de 2014, Podemos empató en Cantabria con IU, algo más de 19.000 votos en ambos casos. Un año después, en las autonómicas, el partido de Pablo Iglesias llegó hasta los 28.000 votos, tres escaños en el Parlamento regional, mientras que la coalición se quedó en 8.000. En el 20-D, Podemos contabilizó 62.000 sufragios, suficientes para enviar a Rosana Alonso al Congreso, e IU superó por poco los 15.000.
Podemos alcanzó el 20-D un buen resultado en el conjunto de España, también en Cantabria, pero no colmó sus grandes expectativas de desalojar al PSOE del liderazgo en la izquierda. Así que ahora los podemitas revisan su hasta ahora displicente relación con IU. De la idea de ‘fichar’ –de uno en uno– a unos pocos dirigentes con proyección, como Alberto Garzón, a la negociación integral de los dos partidos.
En eso están, pero ni Podemos ni IU se llaman a engaño. Tampoco sus adversarios. La convergencia electoral no tiene por qué traducirse en la adición automática de los votos de uno y otro. Si así fuera en Cantabria –77.647 votos sumaron el 20-D– estarían muy cerca del ‘sorpasso’ al PSOE, que acreditó 78.217 y obtuvo una diputada y un senador, los mismos que en 2011. Ese sería también un resultado muy satisfactorio para la alianza de izquierda radical.
En Izquierda Unida, que algo ha repuntado en las encuestas a costa del desgaste de Podemos en estos cuatro meses de la fracasada XI Legislatura, tampoco se ha desatado la emoción por el avance hacia el pacto electoral con Podemos. Salvo los pocos que albergan expectativas personales, más bien todo lo contrario. En general, recelan de que en el partido de Pablo Iglesias prime la disciplina vertical desde Madrid en el tacticismo de cada momento sobre el discurso ideológico, el objetivo de derrotar al PSOE antes que promover el cambio político en España.
Pero al mismo tiempo en Izquierda Unida ven difícil eludir el ‘abrazo del oso’ podemita. Admiten la mayor potencia del rival/aliado y la difícil supervivencia propia en solitario. Así que en la configuración de las listas el predominio de Podemos no estará en discusión. IU Cantabria aportaría al esfuerzo electoral una cierta estructura, una quincena larga de concejales y una presencia orgánica, más o menos notoria, en una treintena de municipios.
Mientras en Madrid, Iglesias y Garzón ya han empezado a hablar, y a la espara de la consulta interna en IU, en Cantabria ambos partidos enfrentan la dificultad añadida de la precariedad de sus liderazgos para fraguar la negociación cuando toque. Podemos, en su enésimo conflicto interno, tiene que elegir a su secretario general a mediados de mayo, de momento entre dos candidatos, José Ramón Blanco, que ocupa el cargo en la actualidad, y el aspirante, Julio Revuelta.
Izquierda Unida, que desde julio tiene vacante el cargo de coordinador general por la renuncia de Jorge Crespo, está en manos de una dirección colegiada en la que el concejal santanderino Miguel Saro es el dirigente más conocido y de mayor predicamento.
En el PSOE de Cantabria, que sería el principal damnificado del pacto electoral entre Podemos e IU, esperan acontecimientos con una razonable tranquilidad. A su juicio, ni en el mejor de los casos la confluencia de ambas formaciones alcanzaría para el ‘sorpasso’ que pretenden en Cantabria, pero es que además están seguros de que muchos electores de una y otra formación se desengancharían de la confluencia.
Por lo demás, la dirección del PSOE tiene mucha ‘confianza’ en que la predisposición al conflicto y a la división constatada una y otra vez en el seno de Podemos se manifieste también en la negociación electoral con IU. Lo cierto es que los socialistas hablan con conocimiento de causa porque algunos de los podemitas más díscolos salieron de mala manera de sus propias filas.

 

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Crónica, opinión y análisis de la actualidad. Con todas las voces, sin acompañamiento instrumental

Sobre el autor

Bilbao. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad del País Vasco. En El Diario Montañés desde 1982. Subdirector. Sobre este blog: Crónica, opinión y análisis de la actualidad. Con todas las voces, pero sin acompañamiento instrumental. Se agradecen las sugerencias para mejorar el repertorio.

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