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Jesús Serrera

A Capella

Podemos se instala en el conflicto

(Publicado el 24 de enero)

El abogado Juanma Brun, la víctima primera de la cruenta guerra interna que sacude a Podemos en Cantabria desde el momento mismo de su alumbramiento, observa con el mismo dolor de entonces, pero sin ninguna sorpresa, lo que le está pasando ahora a aquel partido que emergió del clamor callejero del 15-M contra la vieja política. Brun, hoy desvinculado del movimiento, fue el líder de Podemos refrendado muy holgadamente en Santander por las bases, pero se lo cargaron a las primeras de cambio sus compañeros en virtud de la disciplina vertical emanada desde Madrid por Pablo Iglesias y su grupo de confianza. Quienes ejecutaron aquella consigna sustentada por la estrategia electoral de Madrid, ven hoy amenazado su futuro político también desde dentro. Quien a hierro mata, a hierro muere. Para ser Podemos un estandarte de la nueva política, hay cosas que se parecen bastante a la vieja. Por ejemplo, la escala de hostilidad es inmutable: hay rivales, adversarios, enemigos y compañeros de partido.
Podemos en Cantabria no solo no ha sido –tampoco lo ha intentado mucho– el elemento aglutinador de la izquierda, más allá de algunas incorporaciones de Equo en las últimas elecciones generales, sino que ha elevado la división característica de ese segmento político a sus más altas cotas. Y a toda velocidad.
El conflicto estuvo presente en el alumbramiento de la formación y lo está ahora que están dentro de las instituciones. En Santander, los dos concejales del partido hermano, Ganemos, votan distinto en los plenos y ni se hablan. En Torrelavega se ha desatado una operación contra el líder local. Y en el Parlamento de Cantabria, los tres diputados regionales están enfrentados en una guerra sin cuartel, con los altavoces mediáticos a todo volumen, sin dejarse impresionar por el daño electoral que la pugna interna se pudiera cobrar en las urnas del 20-D o en unas nuevas elecciones que puedan convocarse si la compleja situación política nacional no deja otro camino.
“El conflicto viene de hace muchos meses, lo raro es que no haya trascendido antes”, reconoce con ironía el secretario general y diputado José Ramón Blanco, cuya cabeza reclaman sus compañeros de escaño Verónica Ordóñez y Alberto Bolado, con el apoyo mayoritario del llamado Consejo Ciudadano del partido.
Un choque de trenes entre “los de Santander” y “los de Castro”, en la vaga adscripción geográfica que en la jerga podemita se asigna a los grupos vinculados al secretario general, Blanco, y a los ahora disidentes. En el desencuentro no operan aspectos ideológicos o programáticos, sino de funcionamiento orgánico. Algo tan prosaico como el reparto de los cargos subalternos y del dinero público que los sufragan.
El margen para la reconducción del conflicto parece muy estrecho en el corto plazo, vista la disparidad y la contundencia de las posturas. Los críticos exigen a Blanco que renuncie al liderazgo y este replica que él se va si se van todos para así comenzar de cero. Como expectativa verosímil para intentar cerrar la crisis, la intervención de la cúpula nacional de Podemos, siempre conectada hasta ahora con el núcleo oficialista, principalmente a través de Íñigo Errejón.
En teoría, la batalla interna no va afectar a la actividad parlamentaria. Al menos así lo aseguran los tres diputados de Podemos que primero apoyaron con su abstención la investidura de Miguel Ángel Revilla y después la aprobación de los Presupuestos 2016. Pero seguramente como medida precautoria, los dos grupos han comenzado a trabajar en el Parlamento en despachos diferentes.
Revilla se mostró hace unos días preocupado por la crisis interna de Podemos y su eventual repercusión en la estabilidad parlamentaria. Bien, la de Revilla fue una declaración políticamente correcta y respetuosa con un valioso aliado exterior que casi siempre ha sido amable con el Gobierno. Pero esa preocupación es relativa. Al fin y al cabo, si los parlamentarios de Podemos no votan juntos, el Ejecutivo PRC/PSOE siempre tendrá el voto que le falta a sus 17 diputados para lograr la mayoría en la Cámara de 35 escaños. Los regionalistas se proponen seguir cultivando una buena relación con Podemos: con Blanco, en las listas del PRC en Rionansa en dos legislaturas, y también con sus opositores.
El PSOE observa con curiosidad la peripecia de Podemos. Por una vez no son los socialistas quienes se enredan en una de esas dañinas guerras internas que ellos conocen tan bien, sino que la refriega ahora afecta precisamente al partido que le disputa la hegemonía en la izquierda política.
El PSOE también maneja una bienintencionada proclama en favor de la paz y la estabilidad parlamentaria, pero no puede disimular del todo un cierto regocijo: el grupo de Podemos que ha armado el partido en Cantabria desde sus inicios, el que lidera José Ramón Blanco, se ve amenazado por el otro núcleo integrado por algunos notables de procedencia socialista, como el diputado Alberto Bolado y la exconsejera de Sanidad Charo Quintana. Que haya problemas, dicen en Bonifaz, tampoco es ninguna sorpresa.

JESÚS SERRERA

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Crónica, opinión y análisis de la actualidad. Con todas las voces, sin acompañamiento instrumental

Sobre el autor

Bilbao. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad del País Vasco. En El Diario Montañés desde 1982. Subdirector. Sobre este blog: Crónica, opinión y análisis de la actualidad. Con todas las voces, pero sin acompañamiento instrumental. Se agradecen las sugerencias para mejorar el repertorio.


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