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Jesús Serrera

A Capella

Telepolítica

Un amigo y colega periodista, muy bregado en la producción de los ‘reality’ que inundaron las televisiones privadas desde los primeros noventa, me decía entonces que la gente estaba dispuesta a cualquier cosa por salir en la tele. A desnudar sus secretos inconfesables, a poner a parir a la familia, a hacer el ridículo de mil maneras. Con o sin dinero de por medio. Todo por salir del anonimato, por ese cuarto de hora de popularidad que -Andy Warhol dixit- está al alcance de casi todo el mundo. Con Mercedes Milá, Javier Sardá, Pepe Navarro o Jorge Javier han transitado la pasarela televisiva una multitud de ‘frikis’ de usar y tirar, aunque unos cuantos encontraron acomodo y oficio en la ‘caja tonta’ durante años.

Que salir en la tele, ser famosillo sin mérito, es un proyecto de vida para demasiados jóvenes que alardean de su ignorancia enciclopédica frente a las cámaras, ya lo habíamos visto. La novedad es cómo los políticos se han venido arriba para sacarle jugo a la pequeña pantalla. Lo que priva últimamente es la pasión por el baile, como la del candidato catalán Miquel Iceta o la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría. Como el fenómeno es universal, también Hillary Clinton se ha puesto a bailar en su carrera hacia la Casa Blanca.

La televisión siempre fue un factor clave en la política, pero ahora es ya la prioridad esencial. Si Pablo Iglesias y Albert Rivera se han abierto hueco en el panorama político es por el favor de las televisiones, por sus capacidades mediáticas y, seguramente, porque sus adversarios, los dos grandes partidos nacionales, no advirtieron a tiempo el peligro para combatirlo con las mismas armas.

En Cantabria quizá no sea una casualidad que los dos políticos mejor valorados y más favorecidos por las urnas sean los de mayor presencia televisiva, Miguel Ángel Revilla, el pionero, y más recientemente, Íñigo de la Serna. Revilla era casi un cadáver político a finales del ‘annus horribilis’  de 2011, cuando sucesivamente perdió el Gobierno regional y fracasó en las elecciones generales, pero la televisión, para la que está muy dotado, vino a salvarle. Ya nadie discute, ni los partidarios ni los rivales, que la inversión mediática de Revilla en las cadenas nacionales le era más rentable que la convencional discusión política en Cantabria.

Es el tiempo de la telepolítica. En las cúpulas de los partidos, antes que la gestión, antes que la controversia parlamentaria y antes que las listas, lo que se decide es quién va a ir a ganar los votos a la tele. Dispuesto a debatir, a bailar y a lo que haga falta. Es lo que hay.

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Crónica, opinión y análisis de la actualidad. Con todas las voces, sin acompañamiento instrumental

Sobre el autor

Bilbao. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad del País Vasco. En El Diario Montañés desde 1982. Subdirector. Sobre este blog: Crónica, opinión y análisis de la actualidad. Con todas las voces, pero sin acompañamiento instrumental. Se agradecen las sugerencias para mejorar el repertorio.

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