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Jesús Serrera

A Capella

El PP se encomienda a la Providencia

En una de esas, el Gobierno salta por los aires, porque el pacto a tres es más difícil, no va a aguantar toda la legislatura…Y en una de esas, Revilla, que en realidad no quiere ser presidente, se vuelve a Madrid a la tele y a vender libros que es lo que le gusta, y ahí estamos nosotros como alternativa… O en una de esas, PP y PSOE llegan a un acuerdo nacional para frenar la amenaza comunista de Podemos que ya ha llegado a las grandes ciudades y aquí los dos sumamos los 18 de la mayoría… La imaginación al servicio de la supervivencia. Porque todas esas cábalas y algunas otras, más o menos factibles o remotas, son las que manejan los dirigentes del PP de Cantabria para sustentar la estrategia de mantener a Ignacio Diego en el liderazgo del partido, que es también la mejor manera de protegerse todos ellos. Nadie en el partido se llama a engaño a ese respecto. Ya no se sabe muy bien hasta cuando Diego manejará las riendas, si hasta las elecciones generales, hasta el congreso de 2016 o hasta los comicios autonómicos de 2019, porque los pronunciamientos han sido variables y ambiguos, acaso porque le ha faltado tomarse un tiempo para la reflexión.
Ese es el desconcertante clima en el PP tras el 24-M. El paisaje después de la batalla deja poco margen a la interpretación: el varapalo frente a Revilla, que se quedó a un escaño del empate, el desalojo del Gobierno regional y a punto de que el PRC, por vez primera, tenga más alcaldías que el PP. Pero una cosa es que todo el mundo en el partido sea consciente del desastre y otra que se abra un debate a cara descubierta, como se vio en la Junta Directiva posterior a las elecciones, un ejercicio disciplinario concienzudamente preparado desde la cúpula, en el que el mensaje de continuidad de Diego fue aprobado, al menos técnicamente, por aclamación.
Solo se han oído dos voces críticas con la situación y con el funcionamiento del partido. Una, la de José Antonio Cagigas, el presidente del Parlamento, ya de salida de la política, que provocó muchas ironías o directamente la indignación de sus conmilitones, porque ni aportó su alarmante visión antes, cuando era un alto cargo en el partido, ni acudió después a la Junta Directiva para defenderla. Más respeto ha merecido el alcalde de Camargo, Diego Movellán, que había reclamado responsabilidades por la debacle, y sí compareció al encuentro de los órganos directivos del PP, aunque la intervención que muchos esperaban no se produjo. Martirios, los justos.
La desazón es generalizada en el PP por el batacazo electoral y por la confusa reacción, pero nadie se mueve de forma visible, de momento, a la espera de lo que suceda en las elecciones generales del otoño. Esa es la clave. Si las urnas reproducen la debacle del 24-M, la actual estructura orgánica del PP, de Mariano Rajoy hacia abajo, saltará por los aires en toda España.
El hito siguiente en Cantabria será el congreso regional, ya en 2016. En el de mayo de 2012, Ignacio Diego, ya presidente del Gobierno regional, fue respaldado con el 98,7% de los votos. Ahora no se sabe si repetirá Diego o si ya tendrá sucesor para esas fechas. Más improbable sería que hubiera dos candidatos, porque esas tentaciones se corrigen en el PP de Cantabria muy pronto, desde el nivel de las Nuevas Generaciones.
Como los mensajes son cambiantes y el tiempo político incierto, en el PP miran a su líder y esperan a ver cuál será su intensidad política en la nueva legislatura que el PP iniciará en la oposición. Entre el afecto personal y el reconocimiento generalizados por su trayectoria al frente del partido desde 2004 y en el Gobierno desde 2011, emerge la duda esencial de si Diego seguirá siendo un candidato fiable si continúa al frente del partido y mantiene hasta el final la idea de concurrir, por cuarta vez consecutiva, a las elecciones autonómicas de 2019.
Frente a tanta incertidumbre, en el PP se consuelan con la idea de que, a diferencia de otros partidos, tienen banquillo de sobra para hacer frente al futuro si Diego se decide en algún momento a dar un paso hacia el costado. María José Sáenz de Buruaga es el primer nombre, pero la secretaria autonómica está más preocupada por devolver la vitalidad al partido que por plantearse dilemas sucesorios antes de que llegue el momento.
También está Íñigo de la Serna, claro, pero al alcalde de Santander no le ven de momento muy interesado en los avatares del partido en Cantabria –y aciertan de pleno– sino que le asignan otro recorrido previo, como una de las caras y biografías políticas que escenifiquen la renovación del PP en el ámbito nacional. En realidad, De la Serna ya está haciendo esa labor en esta coyuntura crítica para Rajoy y para el futuro del partido. Desde luego, nadie cree que su creciente presencia en la televisión, como voz autorizada del PP, sea una mera casualidad. Y ya de cara al 2019 en Cantabria, lo que apunta el propio Diego: «Dios dirá». No se pueden poner límites a la Providencia.

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Crónica, opinión y análisis de la actualidad. Con todas las voces, sin acompañamiento instrumental

Sobre el autor

Bilbao. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad del País Vasco. En El Diario Montañés desde 1982. Subdirector. Sobre este blog: Crónica, opinión y análisis de la actualidad. Con todas las voces, pero sin acompañamiento instrumental. Se agradecen las sugerencias para mejorar el repertorio.

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