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Jesús Serrera

A Capella

PP: moral baja en vísperas electorales

 

 

La gente sabrá valorar que la gestión del PP está abriendo una nueva etapa con más oportunidades… Hay que defender con orgullo los resultados del PP para enderezar el rumbo de Cantabria y España… No hay alternativa al actual Gobierno regional… Valdecilla, la autovía, el tren a Madrid, los teleféricos, el Centro Botín y el Reina Sofía… El PP está dando la cara ante los desafíos de la corrupción… Mariano Rajoy ha impulsado normas de transparencia, buen gobierno y regeneración democrática … y ha obrado con prudencia y serenidad en las provocaciones de los independentistas en Cataluña…’.
Estas proclamas exentas de autocrítica, propias de un mitin, vienen a ser la mitad de la intervención de Ignacio Diego ante la Junta Directiva del PP de Cantabria, la semana pasada, el ‘toque de generala’ para la movilización electoral. La otra parte no publicitada, orientada al consumo interno, fue la prolija explicación del presidente sobre un episodio menor, pero al que la oposición pretende sacar jugo: la factura de 500 euros que pagó la empresa Aquagest por el fin de semana que pasó Diego –y también el consejero Francisco Rodríguez– en un balneario asturiano en 2010, cuando el PP estaba en la oposición. Tibios aplausos en la poco concurrida Junta Directiva, o sea, un paisaje que refleja el alicaído estado de ánimo de las huestes populares en las peores semanas que han enfrentado desde el triunfal 2011 por la catarata de escándalos de corrupción. A seis meses de las elecciones autonómicas y municipales cunde el pesimismo con un pronóstico para el 24 de mayo ‘entre mal y peor’ y la esperanza de que al PRC y al PSOE no les vaya mejor en las urnas. Y Podemos, ya veremos.
En la preocupación de los populares cántabros priman los asuntos nacionales, el desafío soberanista en Cataluña y sobre todo la corrupción. Y peor aún, la inacción de la cúpula del partido en materias tan sensibles para los ciudadanos. Esa especialidad de Rajoy de encontrar siempre alguna razón para no hacer nada esta vez hace daño al PP. En la exasperación por esa inercia se fundamenta el contundente artículo que publicó recientemente en este periódico  el portavoz parlamentario del PP Eduardo van den Eynde, en demanda de drásticas medidas contra los responsables, por acción u omisión, de los casos de corrupción en el partido. La reflexión mereció aplausos en el PP y levantó también alguna ampolla, y hasta algún conato de reprobación, pero Ignacio Diego respaldó a su hombre de confianza en la Cámara.
Entre la resaca del último escándalo y el temor a que explote el siguiente, el PP de Cantabria afronta un momento decisivo con otros frentes de desgaste: el paro al alza, las crisis de Nestor Martin, Saint Gobain o Sniace o las movilizaciones en los servicios públicos, con la cita electoral cercana. Una cosa es resignarse a perder la mayoría absoluta en mayo y otra rezagarse frente al tándem PRC/PSOE, tal vez con Podemos como inquietante árbitro postelectoral.
Así que Ignacio Diego se ha lanzado a hacer kilómetros para ‘vender’ su gestión y Francisco Rodríguez ha ‘roto’ por fin a visitar obras tras la larga sequía del hormigón. El Gobierno confía en que en los próximos meses prosperen el nuevo Valdecilla, las infraestructuras financiadas por el Estado, como la autovía y el ferrocarril, los proyectos turísticos y culturales, eche a andar Tubacex  y llegue alguna otra empresa foránea, cale el mensaje de la rebaja de impuestos y asome al final del invierno un nuevo ciclo de creación de empleo.
O sea, una campaña para transmitir de aquí a mayo una idea central: en la legislatura más difícil de la historia autonómica, el PP ha saneado la Administración maltratada por la coalición PRC/PSOE, para lo cual fue obligado el ajuste, ha desarrollado proyectos importantes y mejorado muchos de los indicadores económicos, pero necesita el voto de los ciudadanos para estar cuatro años más en el Gobierno y completar la recuperación. Y si no, la alternativa es volver al desgobierno despilfarrador de la etapa anterior o la ingobernabilidad que puede traer Podemos. Esta es la oferta del PP.
Y en este momento clave para el fortalecimiento de la imagen y el discurso del Gobierno y de su presidente, y con el último debate presupuestario de la legislatura a solo un mes vista, Diego ha perdido a su jefe de gabinete, Arsenio de la Vega, con experiencia política y mando en plaza en los principales asuntos de gestión.
Todos en el PP comprenden una decisión obligada por la urgencia de atender sus asuntos personales. De la Vega sigue en frecuente contacto con Ignacio Diego y esta semana se ha reunido en una comida de despedida informal con altos cargos del Gobierno y parlamentarios del PP. Lo que entienden peor en el partido, en un momento difícil y decisivo, es la sustitución de un hombre con tanto peso en el Gobierno por alguien que viene de fuera, y hasta de otro partido, Héctor Magro, hasta hace unos días jefe de prensa del Foro Asturias de Álvarez Cascos, dedicado estos días a familiarizarse con la política de Cantabria. Para contener el desconcierto, quienes conocen bien a Ignacio Diego tienden a relativizar la trascendencia del cambio: en realidad, el presidente se deja asesorar lo justo.

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Crónica, opinión y análisis de la actualidad. Con todas las voces, sin acompañamiento instrumental

Sobre el autor

Bilbao. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad del País Vasco. En El Diario Montañés desde 1982. Subdirector. Sobre este blog: Crónica, opinión y análisis de la actualidad. Con todas las voces, pero sin acompañamiento instrumental. Se agradecen las sugerencias para mejorar el repertorio.

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