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Jesús Serrera

A Capella

Al enemigo pequeño, ni agua

 

Javier Nart presumió de su fortuito origen laredano cuando el martes paseó su verbo fácil por Cantabria como cabeza de cartel de Ciudadanos en las elecciones europeas. Francisco Álvarez Cascos, presidente de FORO, se había acercado desde Asturias el día anterior para comprobar si le queda algo de aquel gran predicamento que tenía en Cantabria cuando en sus tiempos de ministro de Fomento y alto cargo del PP frecuentaba nuestros ríos en busca del salmón. Alejo Vidal Cuadras estuvo ayer en el hotel Bahía junto al reducido núcleo cántabro de VOX que persigue una mayor implantación para las autonómicas de 2015. IU y UPyD, en expansión, también preparan actos, y en las próximas dos semanas no cesará la gran caravana de los pequeños partidos que vendrán a sembrar su cuota de votos en el reparto del 25 de mayo. De la derecha, de la izquierda y de los que niegan con fervor su adscripción a uno y otro segmento del abanico político. Una ofensiva contra el bipartidismo cuyo resultado está por ver, como la elevada abstención que se ha manejado estas semanas.  El último sondeo del CIS no pronostica con claridad ni una cosa ni la otra.
Frente a la ofensiva de las siglas menores, resulta hasta ‘enternecedora’ la unidad de acción de PP y PSOE para defender su estatus: la mutua consideración entre quienes habitualmente se atacan sin cuartel, una cierta amnesia circunstancial de los casos de corrupción, y especialmente, el argumento compartido de que la política europea se articula en torno a los dos grupos supranacionales, popular y socialdemócrata, con la consecuente nula operatividad de los partidos minoritarios.
O sea, ‘al  enemigo pequeño, ni agua’. Hasta dónde llegará esa doctrina que el Consejo de Estudiantes de la Universidad  ha tenido que superar fuertes turbulencias para que en un debate electoral que preparan sean aceptados IU y UPyD. Ciudadanos se quedó fuera. En el de la Ser solo participaron los candidatos María Luisa Peón (PP) y Ricardo Cortés (PSOE).
El PP, claro favorito en Cantabria, ha empezado con fuerza la campaña con la visita de Mariano Rajoy para firmar el convenio por el que el Estado destina 28 millones de euros a Valdecilla (la escenificación fue institucional, pero también cuenta) y la aprovechada jornada del cabeza de lista, Miguel Arias Cañete, en Torrelavega, Santoña y Santander. Todavía vendrá algún otro dirigente nacional, pero la estrategia de campaña es municipal: unos 150 actos previstos por toda la geografía regional.
El PSOE cántabro reserva para los días finales de la campaña a su primera candidata, Elena Valenciano, y a su líder, Alfredo Pérez Rubalcaba, natural de Solares y militante en activo de la Agrupación de Medio Cudeyo. También vendrán Patxi López, Juan Fernando López Aguilar, Soraya Rodríguez o Rafael Simancas. Mientras tanto, mucha calle y contacto con los colectivos sociales, unos 80 actos.
Los días de los mítines multitudinarios han pasado. PP y PSOE aluden a la obligada austeridad, pero es que tampoco les acechan las multitudes, y menos para unas elecciones europeas. Ven mas eficaz ‘pelear’ minutos en los telediarios, reforzar los mensajes en las redes sociales y algún que otro acto controlado de aforo reducido. Sucede un poco como con esas esas grandes estrellas en declive que van cambiando los escenarios de relumbrón por los apacibles auditorios para incondicionales.
Populares y socialistas aseguran que tienen menos miedo a los partidos minoritarios que a la abstención. Unos y otros se darían con un canto en los dientes si la participación en Cantabria rondase el 50%. En 2009, llegó al 52,4%, la más alta de España con 6,6 puntos más que la media, pero inferior al 53,05% de 2004.
El PRC, la segunda fuerza política en Cantabria –100.000 votos en las autonómicas, 12 diputados,  30 alcaldes– no concurre a estos comicios. Este hecho, singular en el conjunto de España, y el discurso crítico de Miguel Ángel Revilla con los dos grandes partidos no alentarán precisamente la afluencia a las urnas.
Tropiezos para empezar
La precampaña no ha comenzado con buen pie para los dos grandes partidos. En el PSOE, la dimisión de Juan Guimerans como líder en Santander, que la militancia, en general, ha juzgado extemporánea por innecesaria, aumenta el permanente ‘ruido interno’ en un momento inoportuno.
En el PP han tenido que capear el temporal de los incidentes protagonizados por Ignacio Diego, primero en su visita a los encerrados en Sniace, con una respuesta intempestiva a una provocación, y después con el airado arranque de carteles en Sierrallana. Dos arrebatos que han puesto en cuestión la estrategia medida y cautelosa del Gobierno del PP sobre Sniace y la pedagogía empleada para explicar sus planes para Valdecilla y la sanidad de Cantabria. El presidente es de sobra consciente de que la oposición a su Gobierno ha trascendido de los adversarios políticos hasta la calle y que las protestas –en la sanidad, en la educación, en la industria en crisis– , que arrecian en vísperas de las elecciones europeas, no remitirán hasta las autonómicas y municipales de 2015. Pero Diego no lo lleva bien.

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Crónica, opinión y análisis de la actualidad. Con todas las voces, sin acompañamiento instrumental

Sobre el autor

Bilbao. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad del País Vasco. En El Diario Montañés desde 1982. Subdirector. Sobre este blog: Crónica, opinión y análisis de la actualidad. Con todas las voces, pero sin acompañamiento instrumental. Se agradecen las sugerencias para mejorar el repertorio.

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