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Jesús Serrera

A Capella

Ataque y defensa

Por Jesús Serrera

La mejor defensa es un buen ataque”, rezan los viejos manuales futbolísticos que Ignacio Diego tiene bien presentes desde sus tiempos de zaguero contundente. El preámbulo de su discurso en el segundo Debate sobre el Estado de la Región al que acude como presidente -195 minutos de duración, escrito en 20.000 palabras (más las “propinas”)- y cada capítulo dedicado a valorar la gestión de su Gobierno estuvo marcado al principio y/o al final por un tono agresivo con la oposición. Ese estilo es propio de su temperamento, aunque es muy posible que a estas alturas también haya interiorizado que le resulta eficaz en su acción política.

La carga dialéctica sobre la “herencia recibida” del anterior Gobierno PRC/PSOE fue por momentos tan intensa como la del debate del año anterior; tanto es así que, en buena medida, el mensaje esperanzador sobre la luz al final del túnel de la crisis que Diego pretendía transmitir en esta ocasión quedó relegado a un segundo plano.

El presidente no aportó otras novedades en su discurso que la “traca final” del anuncio de una sustancial rebaja de impuestos en otoño. El resto fue, básicamente, la vindicación reiterada de una mezcla de realismo, austeridad en el gasto y negociación con el Gobierno amigo de Madrid. La fórmula permite ahora algunos buenos indicios: la conclusión del nuevo Valdecilla con recursos propios que La Moncloa deberá devolver o compensar a su debido tiempo, el éxito en la cesión del Banco de España para ser convertido en Museo de Prehistoria (Diego lo mencionó hasta en cuatro ocasiones), las infraestructuras del Estado en el ferrocarril y la autovía A-8 o los planes sectoriales en apoyo del empresariado. Esta vez, Diego otorgó su aval decidido al proyecto de la universidad privada y admitió que conseguir la sostenibilidad en la educación, la sanidad, la atención a la dependencia y en el conjunto de la Administración ha exigido recortes y sacrificios en la plantilla de empleados públicos.

Diego esbozó con unos pocos trazos un paisaje de reactivación económica y creación de empleo en 2014, y hasta introdujo al debate -nuevamente, la mejor defensa es el ataque- la crisis industrial y el despido masivo que plantea Sniace, pero como un problema del pasado que él trata de arreglar, no como el icono de una realidad actual demoledora que Miguel Ángel Revilla y Eva Díaz Tezanos describen en una región con 58.000 parados y un futuro incierto.

Son dos visiones irreconciliables. Ignacio Diego cree que para su buen Gobierno le bastan sus 20 diputados y ocho consejeros frente al modelo «demagogo, despilfarrador y éticamente reprobable» de la anterior etapa, mientras la oposición PRC/PSOE ve en el presidente a un «iluminado a la deriva que lleva a Cantabria al desastre».

La grave crisis que Cantabria padece merecería un esfuerzo por alcanzar cierto grado de respeto y de consenso, pero este debate, ya de camino hacia las elecciones de 2015, no invita al optimismo.

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Crónica, opinión y análisis de la actualidad. Con todas las voces, sin acompañamiento instrumental

Sobre el autor

Bilbao. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad del País Vasco. En El Diario Montañés desde 1982. Subdirector. Sobre este blog: Crónica, opinión y análisis de la actualidad. Con todas las voces, pero sin acompañamiento instrumental. Se agradecen las sugerencias para mejorar el repertorio.

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