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Jesús Serrera

A Capella

Guerra regional y paz municipal

El PRC debate internamente sobre el apoyo que presta al PP en muchos ayuntamientos y el acoso a sus líderes que recibe a cambio

 

Nadie sabe cuánto durarán en sus términos actuales, pero las extrañas y difíciles relaciones entre los dos principales partidos de Cantabria constituyen un asunto singular. El Gobierno regional y el PP han señalado al PRC y a sus líderes como sus adversarios principales en una durísima confrontación política y al tiempo les tiene como aliados en algunos de los municipios más importantes.
Las relaciones entre PP y PRC no han hecho más que empeorar desde que en 2003 terminaron sus ocho años de coalición gubernamental. El triunfo popular en las elecciones del 22 de mayo de 2011 supuso un “cambio de régimen”, pero no alteró mucho el paisaje de la confrontación política. Los regionalistas pasaron a la oposición, pero eso no les libró del ataque del Gobierno y del PP. Miguel Ángel Revilla, el líder del partido, y sobre todo su probable sucesor, Francisco Javier López Marcano, han sido los objetivos en casos como los de la cueva de El Soplao, la desaparición de los cuadros de propiedad pública o la gestión de Cantur.
En esta estrategia del PP, el PSOE aparece como un adversario menor, y ha sido mucho menos censurado por la “precaria herencia recibida”, y eso que había gestionado el 80% de los presupuestos durante los ocho años de Gobierno en coalición con el PRC.
Mientras se da esta batalla política regional, el PP gobierna en buen número de municipios mediante el pacto o el visto bueno del PRC. En efecto, en el proceso de constitución de las nuevas corporaciones locales la dirección del PRC resolvió no forzar la querencia de sus ediles a llevarse bien con el nuevo Gobierno regional en vez de “tirarse al monte”.
De esta forma el PP pasó a gobernar con el apoyo del PRC en nueve municipios (Castro Urdiales, Laredo, Ampuero, Santoña, Villaescusa, Cabezón de la Sal, Cartes, Bárcena de Pie de Concha y Molledo) en los que viven 80.000 personas, el 14% de la población cántabra. Otras tantas residen en cuatro ayuntamientos (Torrelavega, Los Corrales, Reocín y Marina de Cudeyo) que el PP rige sin mayoría y con la aquiescencia regionalista.
Esta difícil coyuntura política –guerra regional y paz municipal– genera un intenso debate interno en el PRC. Así lo reconoce su vicesecretario general y portavoz parlamentario, Rafael de la Sierra, que es también el interlocutor mejor visto por el PP: «Es verdad que este tema se comenta permanentemente en el partido, porque nos duele la persecución política y personal a la que están sometidos algunos de nuestro líderes a los que queremos y respetamos».
«Y además, el acoso se ha trasladado ya al ámbito municipal, donde nuestros representantes reciben los desplantes y la desconsideración de consejeros de Gobierno que hasta se niegan a recibirles», asegura De la Sierra.
“Sufrir en silencio”
El portavoz regionalista ya ha lanzado algún “aviso a navegantes” en el Parlamento sobre la fuerza de su partido en la región -30 alcaldes con mayoría absoluta o en coalición- y su capacidad de maniobra en otros muchos ayuntamientos, pero en general el PRC “sufre en silencio” los desaires del PP. Tanto es así que hasta le ha concedido apoyo parlamentario en la nueva Ley del Suelo, desde la idea básica de que la mayoría de sus ediles comparten la filosofía de expansión urbanística que alienta la norma.
La tentación de retirar el apoyo municipal al PP, incluso a través de mociones de censura, es fuerte, pero también subsiste el temor a la desbandada municipal. El PRC creció mucho desde el poder regional y podría mermar en similar medida ahora que está en la oposición. Por ahora, la única baja relevante ha sido la expulsión del alcalde de Selaya, casi un año después de pedir el voto para el PP en las elecciones generales del 20 de noviembre.
A ese respecto, De la Sierra prefiere incidir en la idea de que la paciencia demostrada en las relaciones con el PP, «es porque en el partido siempre ha primado por encima de todo contribuir a la estabilidad en los municipios. Pero las cosas pueden cambiar», advierte. A su juicio, lo que suceda con los fondos de ayuda municipal será una prueba fehaciente de la actitud del Ejecutivo del PP con los ayuntamientos de Cantabria, en los que gobierna y en los que no.
La percepción y sensibilidad con respecto al trato con el PP varía entre los dirigentes regionalistas. Revilla, por ejemplo, tiende a interpretar las críticas en positivo. En sus encuentros con la militancia el líder asegura que la estrategia del PP en señal inequívoca del temor que le inspira el regionalismo.
López Marcano lo ve desde una doble perspectiva. Como responsable del partido en Torrelavega, cumple su misión de estar en «permanente estado de vigilia» sobre la gestión del PP. «Que hayamos facilitado la gobernabilidad no supone un cheque en blanco. Iban a dar en 100 días un giro de 180 grados y ya vemos lo que hacen: financiar proyectos que correspondería pagar al Gobierno regional».
Pero Marcano se reconoce también víctima principal de los ataques del PP, que tanto contrasta con el apoyo que el PRC presta en el ámbito municipal: «Si sólo dependiese de mí, sería otra cosa, pero acato y respeto las decisiones aprobadas por la ejecutiva de mi partido».
«El PP prometió a nuestros alcaldes que tendrían buen trato, pero el tiempo ha pasado y ya se ha visto lo que hay: nada», afirma el ex consejero, quien no descarta que la actual coyuntura en las relaciones PP/PRC puedan cambiar conforme avance la actual legislatura.
El PP se sabe fuerte
El PP de Ignacio Diego es consciente de su actual fortaleza e intuye debilidad en el PRC, de modo que puede forzar la tensión crítica en el ámbito regional sin gran temor a que los regionalistas les pasen factura en los ayuntamientos. En el horizonte está la idea de “fichar” a algunos de los mejores ediles regionalistas. Ahora no hay muchos recursos para “engrasar” esa operación, pero el clima será más favorable hacia el final de la legislatura.
Oficialmente, el PP niega cualquier estrategia en sus singulares relaciones con el PRC. «Nosotros nunca dimos ninguna instrucción sobre cómo debían ser los pactos municipales, que además son de todo tipo. Ha habido plena autonomía en cada ayuntamiento en función de los intereses de sus habitantes, de las opciones para garantizar la estabilidad y, naturalmente, de la sintonía entre las personas que representan a cada partido en cada municipio», señala Santiago Recio, vicesecretario general de Organización y Política Local del PP.
Ildefonso Calderón, sobre quien pende permanentemente la “espada de Damocles” de que PRC y PSOE le desalojen de la Alcaldía de Torrelavega, afirma que no tiene «ni pruebas ni constancia» de la ofensiva del PP sobre el regionalismo, ni de que esa supuesta confrontación pueda costarle el cargo en algún momento. «Cuando hay que hablar de temas de la ciudad, hablo con todos, incluido Javier López Marcano».
El PSOE, a la expectativa
En este escenario político, el PSOE es un actor a la expectativa. Tras las elecciones del 22-M, la dirección del partido, liderada por Dolores Gorostiaga, intentó sin éxito alcanzar con el PRC un «pacto de progreso» en los ayuntamientos que frenase el avance del PP.
Diecisiete meses después, el PSOE mira desde la barrera la peripecia de su antiguo socio. La nueva secretaria general, Eva Díaz Tezanos, aludió al tema recientemente ante el Comité Regional. «Os digo que seguidismos ninguno. Tenemos con el PRC divergencias en temas claves como las reformas tributarias o el PGOU de Santander».
Pero naturalmente, ese discurso diferenciador del PSOE no sería un obstáculo para, llegado el momento y conforme se acerquen las elecciones de 2015, establecer pactos municipales con el PRC dirigidos a deteriorar la solidez del PP.

 

 

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Crónica, opinión y análisis de la actualidad. Con todas las voces, sin acompañamiento instrumental

Sobre el autor

Bilbao. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad del País Vasco. En El Diario Montañés desde 1982. Subdirector. Sobre este blog: Crónica, opinión y análisis de la actualidad. Con todas las voces, pero sin acompañamiento instrumental. Se agradecen las sugerencias para mejorar el repertorio.

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