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Categoría: Fenómeno OVNI
El avistamiento de Pontejos

Pontejos (Cantabria). Día de Reyes de 1969. 20.45 horas. Meren Merino trabaja en su pequeño caseto, un casi improvisado bar y casa de comidas justo a la derecha de la entrada a la isla de Pedrosa. Como los dos establecimientos anexos, vive del personal y pacientes que acuden a consulta al sanatorio homónimo, que funcionando aún a pleno rendimiento reúne en aquella época a más de 600 personas.

Ajetreada en su trabajo en la cocina, no repara en el haz de luz anaranjada que entra por una de las ventanas de la fachada trasera, que mira a un descampado frente a la fachada principal del sanatorio y casi al borde del mar. Una campa vacía de construcciones y sin ninguna actividad.

Aproximadamente un cuarto de hora después su hija, Felicidad Fernández entra en la cocina entre alarmada y atraída por el resplandor. Más atenta que su madre al fenómeno, observa que la luz se ha convertido en un rectángulo luminoso en cuyo interior se distingue una silueta. El extraño paralelogramo permanece estático, flotando a unos tres metros sobre el nivel del suelo y aproximadamente a 30 de distancia. Sin embargo, Meren permanece aún más atenta a los fogones que al llamativo suceso, de modo que Felicidad opta por llamar a Paquita, una amiga que se encontraba en ese momento en la casa de comidas, para compartir su asombro y, en cierto modo, su temor.

Las palabras de Paquita, que aparece con su hijo, alertan al fin a la dueña del establecimiento, que ya alertada por su hija y su amiga decide prestar atención a la rareza. Es entonces cuando las tres mujeres observan cómo la figura humaniode se mueve mecánicamente de lado a lado del paralelogramo hasta que de pronto se le une una segunda presencia aparecida por la derecha. Después se incorporan de la nada otras tres hasta sumar cinco figuras humanoides. Todas ellas muy altas y espigadas, con los brazos pegados a su rígido cuerpo, pelo castaño y corto y vestidas con un ceñido mono negro.

Cada vez más sorprendidas y alarmadas, deciden abrir la ventana y sus voces alertan a Antonio, camarero del local, que se incorpora al grupo y decide salir para saltar el muro que separa el caseto de la campa para salir en busca de los extraños seres o su aeronave. Pero justo cuando va a trepar la tapia, como alertadas por su presencia, las cinco figuras se funden en una en el centro del rectángulo luminoso, que se comprime hasta desaparecer con un pequeño destello luminoso, como la imagen de un televisor antiguo al apagarse.

En ese momento se hace visible otro objeto, este circular, de mayor tamaño y de un color entre plateado y grisáceo en el que no habían reparado hasta entonces. Tanto como para poder albergar en su interior el extraño habitáculo luminoso. De pronto la silueta se eleva y tras emitir un nuevo resplandor se pone en marcha a gran velocidad en dirección sur dejando tras de sí una estela luminosa. Así terminaba el avistamiento ovni de Pontejos, casi paradigmático en su época.

A lo largo de los años ningún testigo cambió un solo ápice su versión, y casi medio siglo después Felicidad insiste en la veracidad de sus palabras y en su descripción de un fenómeno para el que nunca supo encontrar explicación, sin aceptar tampoco las que se han intentado ofrecer para descartar el fenómeno ovni.

El avistamiento, que en su momento, y pese a producirse en pleno franquismo, tuvo una gran repercusión e incuso reflejo mediático, no dejó sin embargo ningún rastro ni huella de la presencia de cualquier aeronave, seres o maquinaria en la zona. Tampoco existen más testigos más allá de los cinco del caseto, una cifra más que respetable, pero que pierde valor a oincidir en el mismo lugar y conocerse entre sí, sin que se encontrara ningún testimonio más en el pueblo.

Vicente-Juan Ballester Olmos habla en su ‘Enciclopedia de los encuentros cercanos con ovnis‘ de un pescador que habría visto una silueta procedente de la misma zona sobrevolar su barca, pero no ofrece ni la identidad ni ningún dato más sobre el supuesto sexto testigo, cuyo vago e indirecto testimonio no se ha podido cotejar con unas referencias tan vagas que hacen incluso dudar de su existencia.

Para explicar el fenómeno se ha apelado a una confusión lunar, a la sugestión colectiva y a un posible banco de niebla que reflejara las propias figuras de los testigos, sin que ninguna de ellas se haya aceptado ni rechazado. El caso es que aquel capítulo, vox populi en un pequeño pueblo como Pontejos que sin embargo constituye todo un hotspot de las leyendas urbanas, los avistamientos y la parapsicología, abrió una época de innumerables presuntos contactos ovni en España.

Incluso las descripciones ofrecidas por los testigos recuerdan a un libro publicado un año antes por John G. Fuller, ‘El viaje interrumpido‘, una de las primeras obras publicadas que habla claramente de abducciones, concretamente la de un matrimonio estadounidense. La diferencia, que todo Pontejos ha oído hablar de aquel capítulo e incluso conoce a Felicidad y su caseto (llamado así por su pequeño tamaño, no por su fragilidad), que ya deshabitado se levanta aún a la derecha del acceso a la isla de Pedrosa, como custodiando y en cierto modo escondiendo la campa en la que un pueblo cuajado de leyendas urbanas e historias de fantasmas tuvo su propio encuentro en la tercera fase.

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Sobre el autor Aser Falagán
Aser Falagán (Santander, 1978). Tengo un papel que dice que soy periodista. Me lo dieron en la UPV-EHU. Redactor de El Diario Montañés y editor del magazine cultural Dartes. En 2013 publiqué ‘Cien anécdotas del Racing’. Aquí les presento la Cara B del periodismo, dedicada a leyendas urbanas, mitos contemporáneos e historias de la Cantabria más oculta. Aquello que pudo ocurrir. Que incluso mereció ocurrir. Pero que nunca ocurrió.