{"id":665,"date":"2018-04-08T09:00:22","date_gmt":"2018-04-08T07:00:22","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.eldiariomontanes.es\/llamazaresensutinta\/?p=665"},"modified":"2018-08-21T09:03:17","modified_gmt":"2018-08-21T07:03:17","slug":"cabreo-permanente","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.eldiariomontanes.es\/llamazaresensutinta\/2018\/04\/08\/cabreo-permanente\/","title":{"rendered":"Cabreo permanente"},"content":{"rendered":"<p>La radio de los coches tal vez parezca un entretenimiento inocente, ideal para matar el tiempo en los atascos y los desplazamientos largos, pero en realidad puede convertirse un aparato infernal. Un artefacto con terribles efectos secundarios.<\/p>\n<p>Y es que en ese aparato suenan voces. Por lo general, cabreadas. Muy cabreadas. Voces que se quejan de lo mal que va todo. De que la econom\u00eda se hunde. De que la cosa p\u00fablica es un cacao. De que Espa\u00f1a se rompe. De que tu equipo vence pero no convence, o ni eso. Cualquier t\u00f3pico vale, con tal de sacar el l\u00e1tigo y empezar a repartir estopa. Pero lo peor es que es contagioso: t\u00fa te dedicas a escuchar un ratillo los programas matinales y ya te pones de mala leche hasta la hora de comer, por lo menos.<\/p>\n<p>Habitualmente, uno est\u00e1 a salvo, refugiado en sus programas memorizados o en el milagro del bluetooth, pero hay ciertos botones que pueden resultar muy peligrosos. O, incluso, emisoras que a ratos programan m\u00fasica ochentera y otros p\u00edan sobre pol\u00edtica. Y si entras desprevenido, si te ha fallado la bater\u00eda y se ha desintonizado, o si tu padre ha estado toqueteando la pantalla, lo mismo te sale un locutor echando fuego por la boca, as\u00ed, sin avisar ni nada.<\/p>\n<p>Est\u00e1 claro que la cr\u00edtica vende, sobre todo porque motivos para el enfado nunca faltan. Y si el periodista adem\u00e1s del colmillo retorcido tiene ingenio y le echa recochineo al asunto, no es de extra\u00f1ar que sus seguidores sean legi\u00f3n.<\/p>\n<p>Hay reconocer que alg\u00fan <em>periodespertador <\/em>tiene\u00a0 chispa, y ojo cl\u00ednico para atinar con los males de este mundo. Inteligente y culto, su discurso est\u00e1 tan bien armado que se le perdona la poca voz y la dicci\u00f3n de arrastre, de las erres, fundamentalmente. Con su arsenal de insultos de baja intensidad es capaz de despellejar al m\u00e1s pintado, bordeando con elegancia los lindes de la denuncia; o quisiera ser nunca objetivo de una lengua tan afilada.<\/p>\n<p>El problema es el mal humor que arrastra una gran proporci\u00f3n de la poblaci\u00f3n que luego, con raz\u00f3n o sin ella, se pasa el d\u00eda buscando bronca en las distancias cortas. Vamos, que cada vez que algo huele mal en Ferraz o en Moncloa ya tiene uno a su padre dispuesto a cantarle las verdades del barquero, como si los dem\u00e1s tuvi\u00e9ramos alguna culpa.<\/p>\n<p>Como si vivi\u00e9ramos para siempre en 1993, con aquella crispaci\u00f3n pactada por los gerifaltes medi\u00e1ticos, se dir\u00eda que algunos programas de radio buscan provocar un estado de cabreo permanente en sus oyentes. O igual es que era verdad aquella broma de Cheminci, un compa\u00f1ero de la universidad: que los buenos espa\u00f1oles deben ser morenos, bajitos y con mala leche.<\/p>\n<p>La verdad, nos iba mucho mejor en tiempos de la burbuja inmobiliaria. Por lo menos, en lugar de con la pol\u00edtica, el personal se distra\u00eda mirando obras.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La radio de los coches tal vez parezca un entretenimiento inocente, ideal para matar el tiempo en los atascos y los desplazamientos largos, pero en realidad puede convertirse un aparato infernal. Un artefacto con terribles efectos secundarios. Y es que en ese aparato suenan voces. Por lo general, cabreadas. Muy cabreadas. 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