{"id":656,"date":"2018-04-29T19:36:49","date_gmt":"2018-04-29T17:36:49","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.eldiariomontanes.es\/llamazaresensutinta\/?p=656"},"modified":"2018-08-20T19:38:57","modified_gmt":"2018-08-20T17:38:57","slug":"la-tierrina-y-la-tierruca","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.eldiariomontanes.es\/llamazaresensutinta\/2018\/04\/29\/la-tierrina-y-la-tierruca\/","title":{"rendered":"La tierrina y la tierruca"},"content":{"rendered":"<p>Suele decirse que el nacionalismo es una enfermedad que se cura viajando, pero aquellos a los que nos ha tocado vivir fuera de nuestra tierra solemos padecer de ese mal melanc\u00f3lico al que los gallegos bautizaron con tanto \u00e9xito como \u2018morri\u00f1a\u2019. Una a\u00f1oranza del terru\u00f1o que no es ni buena ni mala, pero que normalmente se reaviva y multiplica en cuanto coinciden dos o tres paisanos e inevitablemente acaban dando rienda suelta a la nostalgia.<\/p>\n<p>Y es que algo tiene la patria chica que nos acompa\u00f1a por siempre; en aquellos tiempos de servicio militar, por ejemplo, los reclutas no se llamaban entre s\u00ed por el nombre sino por el sitio de procedencia, de modo que era imposible no identificarse con su lugar de origen. Y as\u00ed se formaron, probablemente, los apellidos espa\u00f1oles en la Edad Media: algunos por su oficio, otros por su oficio, pero la mayor\u00eda por el top\u00f3nimo de su pueblo.<\/p>\n<p>En mi caso, mi apellido Llamazares, con el que hace d\u00e9cadas que me identifican, procede de un peque\u00f1o pueblo de la monta\u00f1a leonesa en el que no habr\u00e1 m\u00e1s ocho horas de luz en invierno y treinta casas, ya casi todas vac\u00edas.<\/p>\n<p>Esta semana, dos docenas de leoneses afincados en Cantabria nos reunimos para conmemorar que hace nueve siglos en nuestra tierra se inaugur\u00f3 una forma de gobernar el mundo que desembocar\u00eda en el actual sistema parlamentario. Un hito que, pese a la lejan\u00eda en el tiempo, muchos sentimos como propio, al igual que lo hacemos con el viejo reino de Le\u00f3n, por mucho que no lo conoci\u00e9ramos y que incluso a la mayor\u00eda no nos gusten demasiado las monarqu\u00edas. Pero, como bien afirma \u2018La p\u00edcara Justina\u2019, no los hay m\u00e1s \u2018moridos\u2019 por su tierra que los leoneses \u2013excepci\u00f3n hecho, claro est\u00e1, de los c\u00e1ntabros, apegados como nadie a su tierruca\u2013, de modo que para movilizar a un leon\u00e9s s\u00f3lo tienes que apelar a Le\u00f3n y ya la pasi\u00f3n se desata por s\u00ed sola.<\/p>\n<p>Con la presencia impagable de Juan Pedro Aparicio, los leoneses de esta tierra \u2018tomamos\u2019 el parlamento de Cantabria, con la aquiescencia de su presidenta, Dolores Gorostiaga, que ejerci\u00f3 como maestra de ceremonias en un acto que rezum\u00f3 querencia a la tierra, pero por partida doble. A la de nacimiento y la de vivencia. Porque uno tambi\u00e9n es \u00abde donde pace\u00bb.<\/p>\n<p>Y es que lo verdaderamente sorprendente no result\u00f3 ser el apego a las ra\u00edces, sino que junto a la nostalgia leonesa se apreciaba tambi\u00e9n el cari\u00f1o hacia una tierra de acogida que, para todos, es ya tambi\u00e9n la nuestra. Y no porque, como los de Bilbao, los leoneses vivan donde les da la gana, sino porque, como apunt\u00f3 Aparicio, los \u2018espa\u00f1oles buenos\u2019 nos sentimos en casa en cualquier parte de Espa\u00f1a, porque nos acogen como tales y porque, en realidad, es tambi\u00e9n nuestra casa.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Suele decirse que el nacionalismo es una enfermedad que se cura viajando, pero aquellos a los que nos ha tocado vivir fuera de nuestra tierra solemos padecer de ese mal melanc\u00f3lico al que los gallegos bautizaron con tanto \u00e9xito como \u2018morri\u00f1a\u2019. 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