{"id":652,"date":"2018-05-13T19:29:11","date_gmt":"2018-05-13T17:29:11","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.eldiariomontanes.es\/llamazaresensutinta\/?p=652"},"modified":"2018-08-20T19:31:13","modified_gmt":"2018-08-20T17:31:13","slug":"el-poder-de-la-imagen","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.eldiariomontanes.es\/llamazaresensutinta\/2018\/05\/13\/el-poder-de-la-imagen\/","title":{"rendered":"El poder de la imagen"},"content":{"rendered":"<p>Se me han roto mis pantalones favoritos. No se trata de uno de esos cortos chulos, de los que se llevan ahora en las rodillas, sino del puro desgaste que propician el tiempo y el uso intenso. Antes no ocurr\u00eda, claro, pero parecer ser que la obsolescencia planificada ha llegado ya hasta los m\u00e1s rec\u00f3nditos rincones de la industria. \u00a1Ay, si Ignatius Reilly levantase la cabeza\u2026!<\/p>\n<p>El caso es que, como cada vez que esto me sucede desde hace tres d\u00e9cadas, me he encaminado a la tienda a comprarme unos vaqueros. Los mismos. <!--more-->Es decir, el mismo modelo. Como si estuviera abonado a ese dise\u00f1o, o la empresa me pagase algo por lucirlos. Y exactamente igual me sucede con los zapatos, las cazadoras o las camisetas: como si de un uniforme se tratara, mi obsesi\u00f3n es reponer siempre las mismas prendas. Se trata de una costumbre que ha desesperado a todas mis parejas, que suelen interpretarlo como una tendencia irracional hacia lo conservador, por mucho que yo siga queriendo ver una est\u00e9tica que resultaba rompedora\u2026 hacia 1989. O tal vez no lo fuera tanto, pero cuando uno encuentra su estilo, es dif\u00edcil cambiarlo. Como con el corte de pelo, por ejemplo.<\/p>\n<p>En aquellos a\u00f1os tan tontos los llam\u00e1bamos \u00abel look\u00bb, o las pintas, seg\u00fan el contexto o las ganas que tuvi\u00e9ramos de ponernos estupendos. Pero ya por entonces la imagen era un asunto de capital importancia. Dec\u00eda de ti todo, o casi todo. Te adscrib\u00eda a una tribu urbano, hac\u00eda gala de tus gustos y te situaba social y culturalmente. Todo val\u00eda, menos el aburrimiento. Y desde luego, no nos parec\u00eda nada banal, por mucho discurso contra la superficialidad que luego sostuvi\u00e9ramos nosotros mismos.<\/p>\n<p>Hace unos d\u00edas, volv\u00ed a comprobar que \u00abel look\u00bb sigue resultando trascendental. Desde Reinosa \u2013v\u00eda Madrid, claro, que es donde est\u00e1n los grandes estudios\u2013 se est\u00e1 cocinando la gran sorpresa musical de los pr\u00f3ximos a\u00f1os. Pero el productor que est\u00e1 obrando el milagro me escribi\u00f3 para sugerirme que habr\u00eda que cuidar la imagen del grupo. Cuatro chavalotes que rebosan juventud, aunque con el regusto retro en las fotos promocionales tiren a \u2018viejunos\u2019. Veneno para la taquilla, que dec\u00edan en el Hollywood dorado. Cierto que sobre el \u00e9xito no hay nada escrito, o nada que acierte, al menos, y que la \u00fanica f\u00f3rmula v\u00e1lida es la que funciona, pero no deja de sorprender que, en un mundo basado en el sonido, como es el negocio de la m\u00fasica, al final importe tanto la imagen. A menos que seas Battiato, m\u00e1s vale que salgas bien en las fotos.<\/p>\n<p>\u2018No juzgues un libro por la portada\u2019, cantaba Bo Didley en los sesenta. Pero cu\u00e1ntos discos no comprar\u00edamos s\u00f3lo por su portada. Y eso pensaba ayer, cuando me llevaba de la tienda de Ana Sinatra el primer LP de los Ramones. Chupas de cuero, zapatillas de lona\u2026 y vaqueros rotos. Como esos mismos que yo siempre compro. El rock and roll tambi\u00e9n es imagen.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Se me han roto mis pantalones favoritos. No se trata de uno de esos cortos chulos, de los que se llevan ahora en las rodillas, sino del puro desgaste que propician el tiempo y el uso intenso. 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