{"id":637,"date":"2018-07-01T18:47:37","date_gmt":"2018-07-01T16:47:37","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.eldiariomontanes.es\/llamazaresensutinta\/?p=637"},"modified":"2018-08-20T18:48:44","modified_gmt":"2018-08-20T16:48:44","slug":"santander-madrid-santander","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.eldiariomontanes.es\/llamazaresensutinta\/2018\/07\/01\/santander-madrid-santander\/","title":{"rendered":"Santander &#8211; Madrid &#8211; Santander"},"content":{"rendered":"<p>No s\u00e9 si solo nos ocurre a los que crecimos en los setenta, con Almod\u00f3var recomendando que el camino del \u00e9xito pasaba por mitificar ciudades como Nueva York, Londres o\u2026 Madrid. El caso es que para muchos no hay otra meca que el \u2018foro\u2019, como les gusta autodenominarse pomposamente a los habitantes de esa ciudad donde todo el mundo es de fuera, a poco que rasques. Gatos, al final, son cuatro.<\/p>\n<p>En aquella \u00e9poca, todo pasaba en Madrid, y tampoco es que las cosas hayan cambiado demasiado; s\u00f3lo que lo que antes suced\u00eda en los diarios, los programas de radio nocturna y, sobre todo, en nuestra calenturienta imaginaci\u00f3n de muchachos de provincias, ahora sucede en las pantallas. Pantallas que siguen aliment\u00e1ndose de ese aire viciado y adictivo que casi ni puede respirarse en la vieja villa y corte, o como mucho en Barcelona, ese polo opuesto cuya atracci\u00f3n mutua magnetiza la actualidad nacional hasta cortocircuitarla.<\/p>\n<p>Por eso, el objetivo a medio o largo plazo de cualquiera que quiera prosperar es, qu\u00e9 remedio, mudarse a Madrid. M\u00fasicos, plumillas, artistas de todo pelaje\u2026 Pero tambi\u00e9n inform\u00e1ticos, encofradores, ingenieros, politiquillos, chicas monas y ni\u00f1os de pap\u00e1, aprendices de vividores y hasta manguis, que all\u00ed es donde de verdad se pueden dar buenos golpes.<\/p>\n<p>Madrid es un hervidero donde todo se cuece, donde se experimenta el futuro del resto de Espa\u00f1a. All\u00ed se inventan palabras, se moldean actitudes, se construye la opini\u00f3n p\u00fablica. Es un caos moderadamente ordenado, un atasco permanente, pero es tambi\u00e9n la gran ciudad m\u00e1s alegre del mundo, donde a nadie le importa que le claven hasta los tu\u00e9tanos, si la ca\u00f1a est\u00e1 bien tirada.<\/p>\n<p>Sin embargo, hay otro Madrid, que poco tiene que ver con el del imaginario colectivo, con los neones de la Gran V\u00eda, el glamour castizo de Chueca y el regusto afrancesado del barrio de Salamanca. El Madrid de seis millones de supervivientes que apuntalan con su trabajo una ciudad m\u00e1s poblada de lo razonable, m\u00e1s cara de lo sostenible, m\u00e1s pobre de lo que parece.<\/p>\n<p>Y es que estos d\u00edas me ha tocado hacer el trayecto inverso al que de los madrile\u00f1os, que huyen de su ciudad en cuanto el calendario se lo permite. Mientras ellos invaden Cantabria, como si no supieran que el verano all\u00ed es una convenci\u00f3n, yo tuve que adentrarme en el Madrid de verdad, el que sufren las personas corrientes, los que no salen por la tele ni tienen millones de followers. Basta con recorrer los barrios populares, los parques atestados o el transporte p\u00fablico para comprobar hasta qu\u00e9 punto estos ciudadanos est\u00e1n olvidados por parte de sus gobernantes, que s\u00f3lo tienen ojos para los distritos de relumbr\u00f3n.<\/p>\n<p>Claro que en el resto del pa\u00eds tenemos motivos de queja, pero a los habitantes de la periferia nos bastar\u00eda con comparar los centros de salud de Muriedas o Polanco con los de, por ejemplo, la madrile\u00f1a avenida de Portugal, para entender que, a lo mejor, los verdaderos privilegiados somos nosotros.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>No s\u00e9 si solo nos ocurre a los que crecimos en los setenta, con Almod\u00f3var recomendando que el camino del \u00e9xito pasaba por mitificar ciudades como Nueva York, Londres o\u2026 Madrid. 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