{"id":288,"date":"2016-03-13T22:53:16","date_gmt":"2016-03-13T21:53:16","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.eldiariomontanes.es\/llamazaresensutinta\/?p=288"},"modified":"2016-03-13T22:53:16","modified_gmt":"2016-03-13T21:53:16","slug":"los-noventa-de-carlos-bribian","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.eldiariomontanes.es\/llamazaresensutinta\/2016\/03\/13\/los-noventa-de-carlos-bribian\/","title":{"rendered":"Los noventa de Carlos Bribi\u00e1n"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"\/llamazaresensutinta\/wp-content\/uploads\/sites\/23\/2016\/05\/Bribian.jpg\"><img loading=\"lazy\" title=\"Bribian\" src=\"\/llamazaresensutinta\/wp-content\/uploads\/sites\/23\/2016\/05\/Bribian.jpg\" alt=\"\" width=\"850\" height=\"478\" \/><\/a><\/p>\n<p>Soplando velas, nada menos que noventa, se ha pasado esta noche Carlos Bribi\u00e1n, el vecino m\u00e1s singular que nunca haya tenido; y es que en los a\u00f1os noventa, justo cuando yo me instalaba en mi apartamento de estudiante, en los primeros n\u00fameros de la Aachener Strasse, en la ciudad alemana de Colonia, el prestigioso cronista se jubilaba y abandonaba su casa, al final de la misma calle, tan s\u00f3lo unos mil trescientos n\u00fameros m\u00e1s all\u00e1.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 no le conocen? Si le presentara como un periodista retirado, les estar\u00eda enga\u00f1ando, porque lo cierto es que los periodistas, los de verdad, no se retiran nunca. Y es que, en las dos d\u00e9cadas que Bribi\u00e1n lleva viviendo en Ontoria \u2013cerca de Cabez\u00f3n de la Sal\u2013, no se ha alejado de la actualidad ni lo m\u00e1s m\u00ednimo.<\/p>\n<p>Tras una carrera de futbolista profesional y entrenador, dedic\u00f3 a la informaci\u00f3n m\u00e1s de tres d\u00e9cadas, en las que trabaj\u00f3 para el ABC o el diario Pueblo, mayormente desde la corresponsal\u00eda en ese pa\u00eds que ya no existe, la Rep\u00fablica Federal Alemana. Public\u00f3 cuatro novelas, cubri\u00f3 varios juegos ol\u00edmpicos, escribi\u00f3 en peri\u00f3dicos de medio mundo y hasta tiene un caj\u00f3n de la mesita lleno de condecoraciones y medallas.<\/p>\n<p>Lector voraz e infatigable, observar a Carlos Bribi\u00e1n ocuparse de la prensa es todo un magisterio, porque el viejo periodista no \u2018lee\u2019 los peri\u00f3dicos: los desmenuza, los analiza, los critica y luego devora lo que encuentra de provechoso y deplora todo lo censurable. Y hasta los corrige, imagino que por deformaci\u00f3n profesional, porque para quien cada errata es como una ofensa personal, resulta inevitable sacar el l\u00e1piz rojo y liarse a enmendarlas.<\/p>\n<p>Y luego lo anota todo, como marcan las reglas de la vieja escuela, en unas libretas que a saber cu\u00e1ntos secretos del oficio guardan. M\u00e1s tarde, en el momento oportuno, cuando coincide con el redactor, no se cortar\u00e1 un pelo en sacarse de la manga un recorte y cantarle las cuarenta a quien haya deslizado un disparate gramatical o una tonter\u00eda solemne. O en felicitarle con la mayor efusividad, porque una de las mayores y m\u00e1s escasas virtudes es la de saber reconocer el talento ajeno.<\/p>\n<p>Claro que a Bribi\u00e1n hay que conocerlo, y para eso no hay mejor camino que a trav\u00e9s de la palabra. Hay que leer sus novelas, y no estar\u00eda de m\u00e1s que alguien rescatara sus cr\u00f3nicas alemanas, o las magn\u00edficas semblanzas de grandes deportistas que public\u00f3 los sesenta y hoy son piezas de colecci\u00f3n en las subastas de internet. Pero tambi\u00e9n conversar con \u00e9l, o simplemente escucharle, es un aut\u00e9ntico deleite; por escrito o de viva voz, con su estilo a un tiempo elegante y juguet\u00f3n es capaz de meterse a cualquier audiencia en el bolsillo. Y adem\u00e1s, \u00bfno sab\u00eda m\u00e1s el diablo por viejo que por periodista?<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Soplando velas, nada menos que noventa, se ha pasado esta noche Carlos Bribi\u00e1n, el vecino m\u00e1s singular que nunca haya tenido; y es que en los a\u00f1os noventa, justo cuando yo me instalaba en mi apartamento de estudiante, en los primeros n\u00fameros de la Aachener Strasse, en la ciudad alemana de Colonia, el prestigioso cronista [&hellip;]<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on get_the_excerpt --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on get_the_excerpt --><\/p>\n","protected":false},"author":14,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[6],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.eldiariomontanes.es\/llamazaresensutinta\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/288"}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.eldiariomontanes.es\/llamazaresensutinta\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.eldiariomontanes.es\/llamazaresensutinta\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.eldiariomontanes.es\/llamazaresensutinta\/wp-json\/wp\/v2\/users\/14"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.eldiariomontanes.es\/llamazaresensutinta\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=288"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/blogs.eldiariomontanes.es\/llamazaresensutinta\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/288\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.eldiariomontanes.es\/llamazaresensutinta\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=288"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.eldiariomontanes.es\/llamazaresensutinta\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=288"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.eldiariomontanes.es\/llamazaresensutinta\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=288"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}