{"id":276,"date":"2016-04-24T21:58:59","date_gmt":"2016-04-24T19:58:59","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.eldiariomontanes.es\/llamazaresensutinta\/?p=276"},"modified":"2016-04-24T21:58:59","modified_gmt":"2016-04-24T19:58:59","slug":"la-nueva-picaresca","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.eldiariomontanes.es\/llamazaresensutinta\/2016\/04\/24\/la-nueva-picaresca\/","title":{"rendered":"La nueva picaresca"},"content":{"rendered":"<p>Cerca de mi casa, a la puerta de un supermercado, hace un par de a\u00f1os que \u2018trabaja\u2019 un joven. Es un muchacho alto, fornido, que rondar\u00e1 los treinta. No parece tener ninguna discapacidad f\u00edsica ni intelectual que le haya conducido a la indigencia. Eso s\u00ed, su <em>oficio<\/em> parece tom\u00e1rselo muy en serio. Porque seguramente no ha estudiado marketing, pero siempre recibe con una sonrisa y un sonoro \u2018hola\u2019 a todos los clientes de la tienda. La visibilidad, claro, es importante. Hacer que te vean, que reparen en ti. Nunca tiene un mal gesto; incluso conversa con algunos clientes habituales. No importa que no le des nada, sabes que est\u00e1 ah\u00ed cuando el cambio te tintinea en el bolsillo al salir, cuando recuperas la moneda del carro.<\/p>\n<p>Hace unos d\u00edas, en cambio, no me salud\u00f3 al entrar. Con la mano en la cabeza, parec\u00eda estar hablando solo. Hab\u00eda que fijarse bien para darse cuenta de que ten\u00eda escondido el tel\u00e9fono bajo el gorro. Un gorro de lana gruesa, ideal para el invierno, en plena semana de viento sur. Hasta su postura parec\u00eda cuidadosamente estudiada, como si quisiera disimular que estaba hablando. \u00bfSer\u00e1 alg\u00fan tipo de pecado que los indigentes hablen por tel\u00e9fono? Hasta que, en un descuido del muchacho, el motivo qued\u00f3 a la vista: llevaba un m\u00f3vil de esos por los que m\u00e1s de uno suspira.<\/p>\n<p>La imagen p\u00fablica, claro, es fundamental. Y cada detalle del muchacho est\u00e1 tremendamente estudiado, desde su vestimenta humilde hasta la manera en que agradece cada d\u00e1diva. Pero por mucho que el conjunto sea perfecto, seguramente nadie iba a soltarle un duro a alguien a que gasta un cacharro que cuesta cuatro o cinco veces m\u00e1s que el que uno mismo lleva.<\/p>\n<p>Esto me record\u00f3 un viejo rumor de mi ciudad natal, que aseguraba que la mujer que ped\u00eda a la puerta de San Isidoro ten\u00eda en realidad un piso en el centro y dos millones en la cuenta corriente; ya saben, aquello de un amigo de un amigo que trabaja en la caja de ahorros\u2026 Leyendas urbanas, claro,\u00a0 pero despu\u00e9s de ver brillar las cromados dorados del mendigo del s\u00faper de Muriedas, uno siente temblar el suelo bajo sus pies.<\/p>\n<p>Es tremendamente desalentador comprobar que, precisamente ahora que tantas personas est\u00e1n tan necesitadas, reviva la m\u00e1s rancia picaresca, para rascar el bolsillo de aquellos que todav\u00eda necesitan sentirse generosos para poder confiar en un futuro mejor. Al final, claro, es un negocio. Si nos fij\u00e1ramos un poco m\u00e1s, ser\u00eda f\u00e1cil conocer el c\u00f3digo callejero de estos \u2018trabajadores\u2019 de la caridad. Pero mejor no saber nada de esta profesionalizaci\u00f3n de la mendicidad que, m\u00e1s que una mafia de baja intensidad, es una afrenta para todos aquellos que realmente necesitan ayuda. Para eso, entre otras muchas cosas, existe el estado, ese mismo que ahora s\u00f3lo se preocupa de calcular mayor\u00edas y rechazar pactos.<\/p>\n<p>No creo que vuelva a darle una moneda a ese muchacho, no vaya a ser que tambi\u00e9n sea suyo el porsche que, sospechosamente, siempre est\u00e1 aparcado a la vuelta de la esquina.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cerca de mi casa, a la puerta de un supermercado, hace un par de a\u00f1os que \u2018trabaja\u2019 un joven. 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