{"id":200,"date":"2015-08-23T14:09:56","date_gmt":"2015-08-23T12:09:56","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.eldiariomontanes.es\/llamazaresensutinta\/?p=200"},"modified":"2015-08-23T14:09:56","modified_gmt":"2015-08-23T12:09:56","slug":"comentarios-envenenados","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.eldiariomontanes.es\/llamazaresensutinta\/2015\/08\/23\/comentarios-envenenados\/","title":{"rendered":"Comentarios envenenados"},"content":{"rendered":"<p>En plena era de la interactividad entre autores y lectores, cada vez son m\u00e1s los espacios digitales que han decidido limitar los comentarios a sus entradas, cuando no directamente suprimirlos. Apenas un lustro despu\u00e9s de que se pusiera de moda, desde los m\u00e1s profesionales medios de comunicaci\u00f3n hasta simples blogs han acabado por tirar la toalla, tras comprobar que la doble direcci\u00f3n, la ida y vuelta entre redactor y visitante no produce los resultados deseados, precisamente.<\/p>\n<p>Tal vez fuera la euforia del momento \u2013baste con recordar las ansias colectivas de expresi\u00f3n que desembocaron en el fen\u00f3meno 15-M\u2013, o simplemente que al fin estaba disponible la tecnolog\u00eda necesaria, pero lo cierto es que, cuando se impusieron los comentarios en cualquier publicaci\u00f3n de internet, se plantearon con la mayor de la libertades, como si restringir de alguna manera la capacidad de expresi\u00f3n de los internautas fuera un grav\u00edsimo atentado contra los derechos ciudadanos.<\/p>\n<p>Claro que no siempre la buena voluntad da los mejores resultados; as\u00ed, un sistema que pretende garantizar la libre expresi\u00f3n de los lectores, y que nadie se sienta perseguido por sus opiniones, casi desde el primer momento supuso un terreno abonado para los excesos de aquellos que, sin remilgos, se saben seguros en el anonimato.<\/p>\n<p>Que toda actividad o personaje p\u00fablico tiene detractores era hasta la revoluci\u00f3n digital una fundada sospecha, que en los \u00faltimos tiempos se ha convertido en toda una evidencia, de lo m\u00e1s molesta. De hecho, hasta los odiadores profesionales han dado pie a la figura del \u2018hater\u2019, ese cr\u00edtico tan demoledor como caprichoso que todo famoso que se precie necesita; antes, bastaba con un club de fans, ahora en cambio si no tienes dos o tres energ\u00famenos seg\u00e1ndote la hierba bajo los pies, m\u00e1s vale que te los inventes, como parece que ha hecho el m\u00fasico Francisco Nixon.<\/p>\n<p>Y es que lo de poner a parir al pr\u00f3jimo siempre ha sido deporte nacional, pero antes lo practic\u00e1bamos, por as\u00ed decirlo, \u2018indoor\u2019, en los bares, y ahora ya lo hacemos en el cielo abierto de internet. Sobre todo, a trav\u00e9s de foros y, c\u00f3mo no, de comentarios en los medios. Que, s\u00ed, que tampoco pasa nada porque cada cual suelte un poco del veneno que lleva dentro, y que quien salta a la palestra debe de tener asumido que puede llevarse m\u00e1s de un palo, pero lo que no parece de recibo es que toda esa bilis se vierta desde el m\u00e1s impune anonimato. Y es que, en pleno siglo XXI, sigue vigente el \u2018calumnia, que algo queda\u2019, y cada d\u00eda, hablemos de pol\u00edtica, del Racing o hasta de literatura, todav\u00eda seguimos dando p\u00e1bulo a gente que no se atreve a respaldar sus \u2018opiniones\u2019 con su nombre y apellidos. Y es que tecnol\u00f3gicamente seremos los primeros de la clase, pero en respeto suspendemos sin remedio.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En plena era de la interactividad entre autores y lectores, cada vez son m\u00e1s los espacios digitales que han decidido limitar los comentarios a sus entradas, cuando no directamente suprimirlos. 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