{"id":120,"date":"2014-11-30T00:00:00","date_gmt":"2014-11-29T23:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.eldiariomontanes.es\/llamazaresensutinta\/?p=120"},"modified":"2014-11-30T00:00:00","modified_gmt":"2014-11-29T23:00:00","slug":"el-candy","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.eldiariomontanes.es\/llamazaresensutinta\/2014\/11\/30\/el-candy\/","title":{"rendered":"El Candy"},"content":{"rendered":"<p>Parece ser que a Celia Villalobos le gusta el Candy, o al menos, la pillaron ech\u00e1ndose una partidita en plena sesi\u00f3n del congreso. El pitote que se ha montado, claro, es m\u00e1s que l\u00f3gico: \u00bfc\u00f3mo se le ocurre, en lugar de escuchar la pr\u00e9dica de su jefe de filas, Mariano, encender la tableta y ponerse a juntar golosinas? \u00bfEs que no hab\u00eda otra cosa mejor que hacer? Sobre todo, existiendo el Farm, que es mucho m\u00e1s mol\u00f3n y tiene adem\u00e1s las herramientas y esas pantallas de animalitos que luego te van dando recompensas. \u00a1Celia, por favor, actual\u00edzate!<\/p>\n<p>Y es que el Candy tiene ya su tiempo y va quedando demod\u00e9, como sucedi\u00f3 en su d\u00eda con el spectrum y el msx. Lo que parece que no va a acabar nunca es el vicio de los videojuegos, que nos persigue desde hace ya tres d\u00e9cadas. La cosa empez\u00f3 con aquellos cajones inmensos de las salas de recreativos, las m\u00e1quinas de Namco que acabaron con los billares y los petacos como el video con las estrellas de la radio. Fueron los a\u00f1os del Prince of Persia y el Kung Fu Master, y dem\u00e1s juegos de baja resoluci\u00f3n pero alt\u00edsimo nivel de adicci\u00f3n.<\/p>\n<p>Personalmente, mi perdici\u00f3n siempre fueron los marcianitos; en concreto, el Galaga aquel del \u2018Ensamble cohetes\u2019. Claro que las monedas de cinco duros no eran infinitas, as\u00ed que nos cuando llegaron los primeros ordenadores personales pas\u00e1bamos horas esperando a que el cassette dejara de pitar y se cargase al fin el juego de Buck Rogers, aburridos ya del Pong, que se conectaba a la tele y te dejaba jugar a un tenis minimalista. Con el 386 llegar\u00eda una aut\u00e9ntica bomba, el Tetris, que aunque viniera del otro lado del tel\u00f3n de acero debi\u00f3 de resultar todo un negocio, algo as\u00ed como el cubo de Erno Rubik, pero con joystick. Era tan adictivo, que incluso en sue\u00f1os uno segu\u00eda tratando de formar l\u00edneas. O los dos mejores inventos de Microsoft, los \u00fanicos que nunca acaban sacando las pantallas azules de la muerte: el buscaminas y el solitario. A saber cu\u00e1ntos millones de horas hemos invertidos los humanos del cambio de siglo en dar cancha a estas dos obras maestras de la ingenier\u00eda.<\/p>\n<p>Otros, claro, prefer\u00edan los dispositivos personales, esos cacharros japoneses que sirvieron de ni\u00f1eras para nuestros hermanos peque\u00f1os. La evoluci\u00f3n natural, obviamente, era que saltaran a esas pantallas que ahora todos llevamos siempre encima, y que lo mismo sirven para palmar una pasta en las apuestas que para echar carreras ilegales \u2013virtuales, claro\u2013 en San Andreas.<\/p>\n<p>Nos han sisado, s\u00ed, los viejos placeres de la conversaci\u00f3n, pero a cambio, \u00bfqui\u00e9n es capaz de aguantar un debate sobre el estado de la naci\u00f3n sin echarle una miradita al Candy? Eso s\u00ed, Celia: cuando puedas, \u00bfme mandas una vida, por favor?<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Parece ser que a Celia Villalobos le gusta el Candy, o al menos, la pillaron ech\u00e1ndose una partidita en plena sesi\u00f3n del congreso. 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