{"id":101,"date":"2014-12-07T10:13:25","date_gmt":"2014-12-07T09:13:25","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.eldiariomontanes.es\/llamazaresensutinta\/?p=101"},"modified":"2014-12-07T10:13:25","modified_gmt":"2014-12-07T09:13:25","slug":"el-buen-pano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.eldiariomontanes.es\/llamazaresensutinta\/2014\/12\/07\/el-buen-pano\/","title":{"rendered":"El buen pa\u00f1o"},"content":{"rendered":"<p>Algo tienen los vaqueros de Wang que los hace especiales, un aut\u00e9ntico objeto de deseo; y no precisamente por su corte, por el tacto sensual del tejido o por nada que tenga que ver con la prenda, qu\u00e9 va. Lo cierto es que se lo deben todo a los anuncios con los que la firma ha pasado esta semana del reducto de los s\u00faper expertos al gran p\u00fablico lector o, m\u00e1s bien, devorador de im\u00e1genes.<\/p>\n<p>El truco de Wang, que como su propio nombre hace sospechar es de origen asi\u00e1tico pero ha crecido mamando los principios de su California natal \u2013\u2018in gold we trust\u2019\u2013, ha sido el m\u00e1s cl\u00e1sico que pueda imaginarse: recurrir al reclamo sexual, lo m\u00e1s expl\u00edcito posible. La verdad es que en sus anuncios los vaqueros no se ven mucho, pero se compensa con la desmesurada cantidad de cent\u00edmetros de piel que muestran sus modelos, y las m\u00e1s bien descaradas poses que ensayan, con juegos de manos incluidos que m\u00e1s que sugerir muestran a las claras que los pantalones seguramente sean lo mejor para el invierno, pues calientan mucho m\u00e1s all\u00e1 de lo imaginado.<\/p>\n<p>El caso es que nos cre\u00edamos ya inmunes al veneno publicitario, como un virus cualquiera que desarrolla resistencia a los medicamentos, y sin embargo no hacemos m\u00e1s que atragantarnos una y otra vez con los cada vez m\u00e1s burdos requiebros comerciales, que siguen funcionando de manera tan perfecta como lo hac\u00edan en el mundo antiguo, como nos demostraron los grafitis de Pompeya. Y es que aquello de que el buen pa\u00f1o se vende hasta en un arca no era exactamente como nos lo contaron; m\u00e1s bien lo que sucede es que, con la publicidad adecuada, nos compramos hasta el m\u00e1s infame de los trapos, y adem\u00e1s a cualquier precio.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>[Publicado en EL DIARIO MONTA\u00d1\u00c9S el 7 de diciembre de 2014]<\/p>\n<p>Cuando hace unos a\u00f1os arrancaba eso que llamaron crisis y que ahora parece ya el estado normal de nuestro mundo, el pan nuestro de cada d\u00eda, el descenso de publicidad en los medios de comunicaci\u00f3n result\u00f3 tan alarmante que incluso aparecieron anuncios en televisi\u00f3n defendiendo a los propios anuncios. La publicidad es necesaria, dec\u00edan. Que no digo yo que no sea necesaria, o incluso imprescindible, para aquellos que se ganan la vida con ella, desde los actores y modelos hasta el pobre maquetador, los maquilladores o los agentes comerciales. Incluso est\u00e1 bien conocer qu\u00e9 nuevo juguetito electr\u00f3nico podemos comprar este invierno o qu\u00e9 pel\u00edcula ir a ver al cine. Pero sucede que en este mundo en que todo est\u00e1 a la venta, hay de todo y en demasiada cantidad. Hay tantas marcas, tantos productos, tanta oferta, que no hay m\u00e1s remedio que recurrir a la publicidad \u2013la \u2018propaganda\u2019, que dec\u00edan los abuelos\u2013, y cuanto m\u00e1s impactante, mejor. \u00bfPero es que no vamos a aprender nunca?<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Algo tienen los vaqueros de Wang que los hace especiales, un aut\u00e9ntico objeto de deseo; y no precisamente por su corte, por el tacto sensual del tejido o por nada que tenga que ver con la prenda, qu\u00e9 va. 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