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Javier Menéndez Llamazares

Llamazares en su tinta

El verdugo de Munitis

 

Decía Lev Yashin, la mítica ‘araña negra’ de la selección soviética en los años de los televisores en blanco y negro, que un portero, con tanto tiempo para pensar, o se vuelve filósofo o enloquece. Y, a veces, incluso ambas cosas. Y algo parecido le debe de estar ocurriendo a nuestra particular araña negra, Dani Sotres, que en los últimos días está conociendo los sinsabores del guardameta, que van mucho más allá de su famosa soledad.

Hablar ahora del trato injusto a los porteros podría antojarse ventajista, pero lo cierto es que tiene toda la pinta de que Sotres va a pagar todos los platos rotos del racinguismo y la tremenda decepción que el equipo ha provocado en la afición. Cierto que no es el único que ha fallado y falla cada jornada –los errores individuales son una constante desde que empezó la temporada, y en todas las líneas, empezando por los atacantes que no atinan con la portería, siguiendo por una medular que pierde balones continuamente y sin olvidar una zaga que hace aguas con demasiada facilidad–, pero si su rendimiento en las jornadas anteriores venía siendo poco satisfactorio, con una parte de la afición señalando la escasa confianza que parecía inspirar a sus compañeros, las tres pifias monumentales ante la Cultural y el Burgos le mandan directamente a la picota, y no sin merecimiento.

Seguramente, la mayor pesadilla de un portero, esa que les provoca sudor frío y ganas de que todo sea un mal sueño, es encajar un gol como los que últimamente ha sufrido Sotres. Que sean por exceso de confianza o falta de concentración importa poco: las ‘cantadas’ se pagan, y muy caras. Porque no se trata sólo de que a  la pérdida de puntos o partidos se les pueda poner nombre y apellidos, qué va. El problema no es lo inmediato, el fallo o la punzada al orgullo; lo verdaderamente grave es el nerviosismo que genera y el consiguiente desconcierto para el equipo, que ve cómo todo su esfuerzo se escapa por el desagüe, con una sensación de completa impotencia. Y más, tratándose de un equipo que, tras un inicio más que titubeante, empezaba por fin a recomponerse. En León, el fallo clamoroso de Sotres y el posterior error en la falta por su palo noquearon al colectivo de tal manera que ni siquiera llegaron a entrar en juego en ningún momento. El domingo, su error de colegial, además de propiciar en los presentes uno de los peores recuerdo de su vida racinguista –una ‘tragada’ antológica que contar a los nietos, a la altura del gol de Arconada–, dio al traste con una recuperación anímica que el resto de compañeros se habían ganado sobre el césped, al menos en la primera parte.

Claro que no todas las culpas son de Sotres; ni siquiera de Munitis por alinearle, aunque será él quien acabe pagando los errores del guardameta; también hubo un enorme culpa colectiva. Y es que no conseguir cerrar un partido que tuvieron absolutamente controlado y en el que se mostraron tan superiores al rival es un pecado imperdonable. Sólo la camiseta no gana partidos, por mucho que a los nuestros les cueste creerlo.

Porque podemos quedarnos con los brotes verdes, con el excelente partido de Caneda y la solidez que dio a la zaga, o con la notable aportación de Granero. Incluso aplaudir el retorno de Óscar a la alineación. Ojalá que, entre el buen hacer del psicólogo Bonilla, y la sorpresiva reaparición de Tchité puedan cambiar las cosas, porque ya no sólo es que haya que olvidarse de ganar la liga; es que ya hasta pensar en el futuro del Racing provoca terror.

 

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Blog del escritor Javier Menéndez Llamazares en El Diario Montañés

Sobre el autor

Desde 2009 escribo en El Diario Montañés sobre literatura, música, cultura digital, el Racing y lo que me dejen... Además, he publicado novelas, libros de cuentos y artículos y un poemario, aparte de cientos de páginas en prensa y revistas. También me ocupé de Flic!, la Feria del Libro Independiente en Cantabria. www.jmll.es

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