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Javier Menéndez Llamazares

Llamazares en su tinta

Juego de despachos

El pasado domingo, tras resolverse la liguilla de ascenso a primera, al comunicar mis condolencias a un buen amigo zaragozano y zaragocista, me sorprendió su entereza al admitir que el equipo maño no merecía el ascenso. Y es que en el fútbol, como en el deporte en general y hasta en casi todos los órdenes de la vida, lo de los méritos está muy bien, pero lo que cuenta realmente son los resultados. Es decir, que si el Racing este año se hubiera salvado, desde luego que no nos hubiéramos preocupado demasiado en si lo merecíamos o no. Y si, finalmente, nos salva un golpe de despacho, bastante nos va a importar lo justo o injusto que resulte.

En cualquier caso, lo que resulta más habitual es perder sin merecerlo, pero no tengo noticia –aunque excepciones hay para todo– de ningún caso en el que el ganador de un torneo se haya despedido confesando que lo había hecho sin ningún merecimiento y pidiendo que se concediera la victoria al rival. Y es que, por mucho que te sonría la fortuna, para ganar siempre es preciso, como poco, ponerse a tiro.

¿Mereció el Racing el descenso esta temporada? Cierto que este juego no es una ciencia exacta, y pese a que resulta mucho más sencillo analizar a posteriori que pronosticar lo que ocurrirá en el futuro, la realidad es que, aunque el equipo estuvo a punto de salvarse hasta la última jornada, nunca salimos del furgón de cola. Se cuajaron algunos buenos partidos, e incluso muchas derrotas resultaron aún más dolorosas por la sensación de que los nuestros podrían haber hecho más. Pero cuando se suceden los resultados nefastos no puede ser una simple cuestión de suerte. Es más, cualquier espectador capaz de observarlo sin el prisma del forofo nos habría advertido que el desastre se veía venir.

Son los peligros de construir un equipo alrededor de una estrella. Y es que, paradójicamente, lo que todo club necesita, en el fondo puede acabar con él. Y nosotros lo teníamos. Se llamaba Koné, y no sólo nos sirvió para ascender a segunda sin el menor sobresalto, sino para convencernos de que había futuro en este Racing, diseñado a la medida de un velocista intratable, que por fin había afinado la puntería. Tanta era la confianza generada, que hasta él mismo se contagió, y ensayaba en pleno partido regates imposibles y jugadas de dibujos animados. Tenía sus cosas, sí –ese carácter colérico, siempre dispuesto a entrar al trapo a la menor provocación–, pero era nuestro hombre. Y en el Racing también lo vieron claro: apostaron por él manteniendo un bloque que funcionaba con un objetivo tan simple como efectivo: robar el balón y dárselo a Koné. En ocasiones, el fútbol es así de fácil. Paco Fernández lo sabía, y sobre esa piedra edificó su iglesia. Claro que no hacía falta ser Nostradamus para predecir qué pasaría si, no lo quiera Dios, Koné se lesionaba. ¿Y qué pasó? Pues que Murphy nunca falla. Y cuando el ariete se rompió, en la caja no había más que telarañas. Y el gol, en cualquier categoría, es un artículo de lujo.

Esta temporada, en cambio, estrenamos ilusiones. Tenemos un nuevo Racing sin necesidad de habernos deshecho de nuestro querido viejo club. Pero las cosas hay que hacerlas de otra manera, y el primero en verlo claro ha sido Munitis, reclamando que sea un grupo de expertos quien confeccione, junto a él, la plantilla. Seguramente, esta temporada tampoco estemos para demasiadas alegrías financieras, pero hacer las cosas bien es tan barato como hacerlas mal. El plan, si no ganar, tiene que ser, al menos, merecerlo. Manos a la obra.

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Blog del escritor Javier Menéndez Llamazares en El Diario Montañés

Sobre el autor

Desde 2009 escribo en El Diario Montañés sobre literatura, música, cultura digital, el Racing y lo que me dejen... Además, he publicado novelas, libros de cuentos y artículos y un poemario, aparte de cientos de páginas en prensa y revistas. También me ocupé de Flic!, la Feria del Libro Independiente en Cantabria. www.jmll.es

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