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Javier Menéndez Llamazares

Llamazares en su tinta

Pitadas

Hace unos veinte años, los políticos alemanes andaban de lo más atareados con uno de esos asuntos banales que, como es costumbre, acaban adquiriendo una importancia tan capital como inexplicable. La cuestión, en concreto, consistía en qué poner en los sellos postales, tras la reunificación. Porque el país, oficialmente, se llamaba República Federal Alemana, pero en aquella época de la naciente corrección política no parecía de muy buen gusto recordar ni por asomo la antigua división entre la República Federal y la República Democrática. Hasta que, en medio del intenso debate, surgió la cordura y alguien cayó en la cuenta que igual sería mejor echar un vistazo al mundo real, ése en el que vivían los ciudadanos del país. «¿Qué canta la gente en los estadios cuando juega la selección? Desde, luego, no cantan ‘República Federal Alemana’, ¿no?», se preguntó el más avispado. Así que, sea o no una leyenda urbana, en los sellos alemanes ya sólo pone ‘Deutschland’, porque eso es lo que se grita en los campos de fútbol.

En España, en cambio, se gritan tantas cosas en los estadios que difícilmente cabrían en un sello. Y la mayoría de ellas casi mejor sería no transcribirlas; unas porque rebosan bilis, y otras porque son naderías carentes del menor interés, fuera del acaloramiento del momento.

Sin embargo, cada vez se producen más expresiones en los estadios que acaban abriendo debates sociales. Aunque no está muy claro si es que tienen tanto eco porque cada vez son más frecuentes, o si –la gallina y el huevo– se han puesto de moda debido a la amplificación mediática que reciben, por aquello de la necesidad de rellenar tanto espacio de información ‘deportiva’, y a la extraña y compulsiva obsesión que padecemos por replicar todo aquello que vemos en la tele.

En cualquier caso, la realidad es que últimamente da la impresión de que los españoles donde más –y no se sabe si mejor– nos expresamos es en las gradas de los campos de fútbol. Y, sobre todo, mediante música de viento, que es lo más socorrido.

Las pitadas al himno, por ejemplo, son ya un clásico de las finales de Copa del Rey, pero la novedad ha sido lo ocurrido el pasado jueves en León, donde la afición de la selección española ha repudiado a Piqué como si hubiera sido el mismísimo Oleguer Presas. Sin descartar que, adictos como somos al bipartidismo hasta en el fútbol, buena parte de la bronca quizá sea de cuño madridista, mucha de la ojeriza que ha despertado el catalán tiene su origen en las simpatías independentistas que Piqué airea sin tapujos.

Claro que, en lugar de escandalizarnos tanto por quién silba a quién, ya va siendo hora de preguntarnos qué es lo que está diciendo la gente, aunque tenga que hacerlo a gritos y en un estadio. Porque, si no, al final lo que sucederá es que acabaremos perdiendo todos.

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Blog del escritor Javier Menéndez Llamazares en El Diario Montañés

Sobre el autor

Desde 2009 escribo en El Diario Montañés sobre literatura, música, cultura digital, el Racing y lo que me dejen... Además, he publicado novelas, libros de cuentos y artículos y un poemario, aparte de cientos de páginas en prensa y revistas. También me ocupé de Flic!, la Feria del Libro Independiente en Cantabria. www.jmll.es

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