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	<title>Procrastinar | Llamazares en su tinta - Blogs eldiariomontanes.es</title>
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	<description>Blog del escritor Javier Menéndez Llamazares en El Diario Montañés</description>
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		<title>Procrastinar | Llamazares en su tinta - Blogs eldiariomontanes.es</title>
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		<pubDate>Sun, 03 May 2015 12:56:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Javier Menéndez Llamazares</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Opinión DM]]></category>

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		<description><![CDATA[Por muy desconocido que nos resulte el verbo –y más bien feo, que todo hay que decirlo–, lo de ‘procrastinar’ es una manía de lo más extendida; algo de lo que, en mayor o menor medida, todos nos acabamos arrepintiendo, pero en lo que caemos casi sin remisión. Se trata, claro, de un latinajo, un [&#8230;]]]></description>
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<html><head><meta http-equiv="content-type" content="text/html; charset=utf-8"></head><body><p>Por muy desconocido que nos resulte el verbo –y más bien feo, que todo hay que decirlo–, lo de ‘procrastinar’ es una manía de lo más extendida; algo de lo que, en mayor o menor medida, todos nos acabamos arrepintiendo, pero en lo que caemos casi sin remisión.</p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-adver-blogs-entries"></div><p>Se trata, claro, de un latinajo, un cultismo de esos que tanto adornan, pero en el fondo el asunto de la procrastinación es más bien un deporte nacional, consistente en dejar para mañana lo que podrías hacer hoy. Algo que, sin esforzarnos demasiado, podemos observar constantemente; en el alumno que ya estudiará en junio, en el padre que ya bañará a los niños cuando termine el partido o incluso en el articulista que deja su columna para última hora, esperando que la inspiración le encuentre distraído.</p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-advertising-mobile-ready"></div><p>Aunque también hay dilaciones colectivas, que son más bien una manera de comprobar cómo esta costumbre está mucho más arraigada de lo que pudiera parecer, ahora que somos tan competitivos, tan europeos y tan neoliberales todos. Y no hace falta ir a los Campos de Sport para comprobar cómo el noventa por ciento del público llega apurando el reloj –incluso, los que antes tienen que pasar por taquilla, y se pierden los primeros minutos refunfuñando en la cola–; qué va. La prueba más palpable la hemos tenido esta semana en las oficinas bancarias, atestadas desde primera hora por todos los clientes que intentábamos evitar que nos hicieran el corralito de Rajoy por un quítame allá escáner.</p>
<p>Para quien no lo supiera, el viernes debía de parecer que en los bancos y cajas regalaban dinero, porque las colas salían hasta la calle, y como hay una oficina en cada esquina, algunas llegaban a juntarse y hasta confundirse, formando un enjambre de ciudadanos cabreados.</p>
<p>Y es que los últimos rezagados éramos, en realidad, el grueso del pelotón. Un avispero de tardones, que por no perder diez minutos en las semanas anteriores terminaríamos por malgastar una mañana, y arreados además por terribles amenazas –ojo, que los bancos no se ponen chulos: ellos si dicen que te bloquean la cuenta, lo hacen sin pestañear–. Todo fuera por evitar que los tristes trabajadores españoles blanqueásemos dinero, como si fuéramos políticos o financieros… El caso es que, el ‘tarde, mal y nunca’ volvió a ser santo y seña de un altísimo porcentaje de la población.</p>
<p>Pero no es que seamos mala gente, ni nada de eso –ni vagos redomados, que decían las madres de antes–, qué va. Según los expertos, es un trastorno psicológico. Lo de que sea muy grave o no todavía no lo sé, porque aún no he leído esas páginas, igual mañana… O pasado. O, como dice Marián, «me lo apunto en tareas pendientes».</p>
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