{"id":86,"date":"2012-11-20T20:43:28","date_gmt":"2012-11-20T20:43:28","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.eldiariomontanes.es\/laengana\/?p=86"},"modified":"2012-11-20T20:43:28","modified_gmt":"2012-11-20T20:43:28","slug":"de-valle-a-valle-a-traves-de-la-engana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.eldiariomontanes.es\/laengana\/2012\/11\/20\/de-valle-a-valle-a-traves-de-la-engana\/","title":{"rendered":"De valle a valle a trav\u00e9s de La Enga\u00f1a"},"content":{"rendered":"<div id=\"attachment_89\" style=\"width: 670px\" class=\"wp-caption alignleft\"><a href=\"\/laengana\/wp-content\/uploads\/sites\/15\/2012\/11\/DSC_3913.jpg\"><img aria-describedby=\"caption-attachment-89\" loading=\"lazy\" class=\"size-full wp-image-89 \" title=\"DSC_3913\" src=\"\/laengana\/wp-content\/uploads\/sites\/15\/2012\/11\/DSC_3913.jpg\" alt=\"\" width=\"660\" height=\"477\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.eldiariomontanes.es\/wp-content\/uploads\/sites\/15\/2012\/11\/DSC_3913.jpg 660w, https:\/\/static-blogs.eldiariomontanes.es\/wp-content\/uploads\/sites\/15\/2012\/11\/DSC_3913-300x217.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 660px) 100vw, 660px\" \/><\/a>\u00a0<\/dt>\n<\/dl>\n<\/div>\n<p><em>Ruinas de la hospeder\u00eda en la que se alojaban los obreros de La Enga\u00f1a, en la parte de Yera. T. COBO<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>HAZ CLIC\u00a0<a href=\"http:\/\/cabeceras.eldiariomontanes.es\/imagenes-municipios\/cantabria\/5487\/de-valle-a-valle-a-traves-de-la-engana.html\" rel=\"external nofollow\">AQU\u00cd<\/a>\u00a0PARA VER LA GALER\u00cdA DE IM\u00c1GENES<\/strong><\/p>\n<p><strong>Caminamos desde Pedrosa de Valdeporres hasta Vega de Pas antes de que se caiga el abandonado t\u00fanel ferroviario<\/strong><\/p>\n<p><strong>El trayecto m\u00e1s corto entre Burgos y Cantabria, de 16,6 kil\u00f3metros, ofrece en este noviembre un fabuloso paisaje oto\u00f1al<\/strong><\/p>\n<p>Somos dieciocho personas y un perro, y vamos a cruzar el t\u00fanel de La Enga\u00f1a desde el lado burgal\u00e9s. S\u00f3lo eso. Pero al salir por la boca norte, en Yera, nos encontramos un paisaje oto\u00f1al tan pasmoso y una temperatura tan agradable que la traves\u00eda se convierte en una ruta a pie desde Valdeporres a Vega de Pas. Casi 17 kil\u00f3metros. Lo peor de la experiencia es comprobar que los derrumbes del t\u00fanel van a m\u00e1s y lo mejor, el paisaje pasiego, con el perpetuo verdor de sus pastos y el colorido de sus bosques, que en esta \u00e9poca parecen pintados con trazos de fuego.<\/p>\n<p>M\u00e1s chulos que un ocho, salimos desde el Bar Volante de Pedrosa montados en el microb\u00fas de Fausti. Son las once y veinte de la ma\u00f1ana. El cuentakil\u00f3metros marca 5,5 cuando se detiene a escasos metros de la boca sur del t\u00fanel de La Enga\u00f1a. Como hemos llegado a bordo del Iveco, traemos ya puestas las botas de agua, imprescindibles en los primeros 500 metros del t\u00fanel, que est\u00e1 aquejado de inundaci\u00f3n cr\u00f3nica. Vara en mano y con linternas de cabeza, entramos en la oscura galer\u00eda de 6.976 metros de longitud, horadada entre 1941 y 1959.<\/p>\n<p>En este primer tramo anegado es aconsejable caminar por los pasillitos elevados que flanquean ambos lados del t\u00fanel, pero con mucha precauci\u00f3n, porque hay intervalos sin losetas. Pese al tanteo con los palos, la ayuda de los focos y la experiencia previa de una parte de la expedici\u00f3n, al menos tres excursionistas meten la pierna a fondo en uno de los muchos agujeros que perforan la estrecha plataforma por la que avanzamos. Las botas de goma protegen del agua, pero son poco recomendables para andar por bordillos. Tambi\u00e9n Rasi, la perra, acaba zambullida, pero enseguida vuelve a pisar en firme.<\/p>\n<p><strong>Otro derrumbe<\/strong><\/p>\n<p>Desde la \u00faltima traves\u00eda por el t\u00fanel, el pasado mes de enero, apreciamos alg\u00fan cambio. Hay m\u00e1s barro en el suelo y m\u00e1s humedad en el ambiente, pero, sobre todo, se ha agrandado de forma considerable un desprendimiento en el punto kilom\u00e9trico 2.850 que s\u00f3lo afectaba a la mitad derecha. El desconchado de la b\u00f3veda abarca ahora toda su anchura y, en el suelo, los cascotes tambi\u00e9n se extienden de parte a parte, aunque se pueden sortear con facilidad por las orillas. Tambi\u00e9n en el gran desplome del punto kilom\u00e9trico 2.500 la situaci\u00f3n ha empeorado. Hay m\u00e1s tierra y piedras sueltas en el mont\u00edculo que tapona la galer\u00eda.<\/p>\n<p>Ese enorme hundimiento es el punto de mayor dificultad de la ruta. Con ayuda de la vara o de las propias manos, se puede salvar sin mayores problemas. No deja de impresionar la gran oquedad en la roca veteada que observamos sobre nuestras cabezas. Una vez coronada la colina de escombros, estamos por encima de la b\u00f3veda y tenemos a nuestros pies el techo del t\u00fanel. Una corriente de aire sopla all\u00e1 arriba, por lo que descendemos para continuar la marcha.<\/p>\n<p>Al otro lado de la muralla de cemento, piedra y arena, vemos la salida del t\u00fanel como un peque\u00f1o sol poniente que brilla a 4,5 kil\u00f3metros de distancia. Despu\u00e9s de los 300 primeros metros, la galer\u00eda que perfora la Cordillera Cant\u00e1brica es totalmente recta, y la boca norte se ver\u00eda desde el principio, si no fuera por el desprendimiento que ciega el conducto. La monoton\u00eda del trayecto s\u00f3lo la rompen ya los apartaderos que se abren en ambas paredes, como hornacinas, cada 50 metros; los n\u00fameros que marcan el kilometraje cada cien metros, en el flanco izquierdo; las cavidades que, a modo de almacen y a intervalos de poco m\u00e1s de un kil\u00f3metro, se construyeron a ese lado, y los arcos met\u00e1licos que se colocaron a principios de los a\u00f1os setenta para reforzar la b\u00f3veda en el punto kilom\u00e9trico 4.200.<\/p>\n<div class=\"mceTemp\">\n<dl id=\"attachment_110\" class=\"wp-caption alignleft\" style=\"width: 447px;\">\n<dt class=\"wp-caption-dt\"><a href=\"\/laengana\/wp-content\/uploads\/sites\/15\/2012\/11\/DSC_38811.jpg\"><img aria-describedby=\"caption-attachment-89\" loading=\"lazy\" class=\"size-full wp-image-110\" title=\"DSC_3881\" src=\"\/laengana\/wp-content\/uploads\/sites\/15\/2012\/11\/DSC_38811.jpg\" alt=\"\" width=\"437\" height=\"660\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.eldiariomontanes.es\/wp-content\/uploads\/sites\/15\/2012\/11\/DSC_38811.jpg 437w, https:\/\/static-blogs.eldiariomontanes.es\/wp-content\/uploads\/sites\/15\/2012\/11\/DSC_38811-199x300.jpg 199w\" sizes=\"(max-width: 437px) 100vw, 437px\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-89\" class=\"wp-caption-text\">A la salida del t\u00fanel, el paisaje parece una acuarela en la que se ha jugado con las gamas del verde, del amarillo, del naranja. T. COBO<\/p><\/div>\n<p><strong>Entre acuarelas<\/strong><\/p>\n<p>A la salida del t\u00fanel, nos envuelve un paisaje que parece una acuarela en la que se ha jugado con todas las intensidades del amarillo, el naranja, el marr\u00f3n y el verde. El autob\u00fas de Fausti aguarda en la estaci\u00f3n fantasma de Yera, otro impactante vestigio, como el t\u00fanel, del abortado proyecto del ferrocarril Santander-Mediterr\u00e1neo, que nunca lleg\u00f3 a funcionar en el tramo que recorremos. Nos quedan tres kil\u00f3metros de marcha hasta los andenes y debemos atravesar otros cuatro t\u00faneles, pero de escasa longitud: el m\u00e1s largo mide 285 metros y el m\u00e1s corto, 43. Cruzamos primero El Majoral, despu\u00e9s El Empe\u00f1adiro y, a continuaci\u00f3n, El Morro y El Morrito, casi pegados el uno al otro.<\/p>\n<p>Entre t\u00fanel y t\u00fanel las vistas son privilegiadas. Limpias y lisas como alfombras, las verdes praderas en las que se posan las caba\u00f1as pasiegas aparecen rodeadas de un arbolado multicolor punteado de verdes, pajizos, amarillos, naranjas, ocres. Los bordes del camino est\u00e1n tapizados de hojas anaranjadas y cobrizas.<\/p>\n<p>Por fin llegamos a la estaci\u00f3n de Yera, cercada tambi\u00e9n por el estallido de color oto\u00f1al. Los m\u00e1s j\u00f3venes exploran el edificio que estaba destinado a los pasajeros, hoy habitado por la decandencia. Aqu\u00ed el grupo de divide en dos: los que deciden subir al Iveco para seguir sobre ruedas hasta Vega de Pas y los que eligemos continuar a pie. Desde la estaci\u00f3n, quedan 6,6 kil\u00f3metros hasta el pueblo. El d\u00eda es templado, no llueve y el paisaje deslumbra.<\/p>\n<p>Descendemos por el camino que lleva a los antiguos chal\u00e9s de los jefes de obra del t\u00fanel de La Enga\u00f1a, y antes de llegar a estas viviendas abandonadas, a la altura de las primeras caba\u00f1as pasiegas, tomamos un atajo que nos permite eludir el ascenso por la carretera CA-631 que lleva a la Vega. El desv\u00edo, a la izquierda, est\u00e1 indicado por una se\u00f1al de la ruta de peque\u00f1o recorrido PR-S75 que, en ese trecho, aprovecha un antiguo sendero de suelo pedregoso y de trazado empinado, aunque ahora lo acometemos en sentido descendente.<\/p>\n<p>La vereda conduce hasta una pista m\u00e1s ancha que enfilamos tras abandonar el PR-S75. Bordeamos la monta\u00f1a sobre la que se asienta la estaci\u00f3n de Yera, y desde abajo obtenemos una espectacular panor\u00e1mica del muro de contenci\u00f3n aligerado con 32 arcos que sustenta la construcci\u00f3n ferroviaria, semioculta ahora entre el follaje de encendidas tonalidades.<\/p>\n<div id=\"attachment_111\" style=\"width: 670px\" class=\"wp-caption alignleft\"><a href=\"\/laengana\/wp-content\/uploads\/sites\/15\/2012\/11\/DSC_39952.jpg\"><img aria-describedby=\"caption-attachment-111\" loading=\"lazy\" class=\"size-full wp-image-111\" title=\"DSC_3995\" src=\"\/laengana\/wp-content\/uploads\/sites\/15\/2012\/11\/DSC_39952.jpg\" alt=\"\" width=\"660\" height=\"477\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.eldiariomontanes.es\/wp-content\/uploads\/sites\/15\/2012\/11\/DSC_39952.jpg 660w, https:\/\/static-blogs.eldiariomontanes.es\/wp-content\/uploads\/sites\/15\/2012\/11\/DSC_39952-300x217.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 660px) 100vw, 660px\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-111\" class=\"wp-caption-text\">La estaci\u00f3n de Yera y el muro de 32 arcos que la sustenta, vistos desde la falda de la monta\u00f1a. T. COBO<\/p><\/div>\n<p><strong>Bosques y pastizales<\/strong><\/p>\n<p>Atravesamos parajes de cuento, en los que abundan los pastizales salpicados de caba\u00f1as pasiegas con sus tejados de pizarra. Sobre inclinadas laderas se tienden como s\u00e1banas las parcelas perfectamente delimitadas por muretes de piedra en las que pacen peque\u00f1os reba\u00f1os de ovejas y de vacas. Esos prados aparecen enmarcados por interminables lenguas de bosques que arden de colores. Robles, hayas, alisos, sauces, fresnos combinan todas las gamas del amarillo, del verde, del naranja, del marr\u00f3n, con algunas llamaradas rojizas. Y los \u00e1rboles que han perdido ya sus hojas a\u00f1aden un efecto violeta que embellece y difumina el conjunto.<\/p>\n<p>Alcanzamos una bifurcaci\u00f3n en la pista por la que transitamos y tomamos el ramal derecho, que sube hasta la carretera. El microb\u00fas de Fausti est\u00e1 aparcado a un lado, por si alguien m\u00e1s se rinde a estas alturas. No es as\u00ed. Los \u00faltimos cuatro kil\u00f3metros hasta la Vega los haremos sobre el asfalto, pero a pie. A la izquierda de la CA-631 se extiende el valle, digno de contemplarse. Peque\u00f1os puentes de piedra levantados sobre el r\u00edo Pas dan acceso a las caba\u00f1as. Estos rincones pasiegos parecen el decorado de un bel\u00e9n viviente.<\/p>\n<p>Llegamos a la plaza de Vega de Pas m\u00e1s all\u00e1 de las tres y media de la tarde. Saciamos el hambre en el restaurante Frutos. Somos 22 a la mesa y, en el maletero del Iveco, Rasi espera las sobras del lechazo y de los chuletones. Se ha ganado el fest\u00edn. Subimos todos al microb\u00fas de regreso a Pedrosa de Valdeporres. Sin el atajo del t\u00fanel, ser\u00e1n 43 kil\u00f3metros de recorrido por la ruta de San Pedro del Romeral, y habr\u00edan sido 51 de haber seguido el itinerario de Estacas de Trueba y Espinosa. El camino m\u00e1s corto entre Cantabria y Burgos, el que hemos recorrido a pie, el que atraviesa el coraz\u00f3n de la Cordillera, se muere poco a poco. La Enga\u00f1a se viene abajo sin que nadie lo remedie, a oscuras y en silencio, porque el estruendo de los desprendimientos se ahoga en el interior de la monta\u00f1a.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div id=\"attachment_112\" style=\"width: 670px\" class=\"wp-caption alignleft\"><a href=\"\/laengana\/wp-content\/uploads\/sites\/15\/2012\/11\/DSC_40341.jpg\"><img aria-describedby=\"caption-attachment-112\" loading=\"lazy\" class=\"size-full wp-image-112\" title=\"DSC_4034\" src=\"\/laengana\/wp-content\/uploads\/sites\/15\/2012\/11\/DSC_40341.jpg\" alt=\"\" width=\"660\" height=\"437\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.eldiariomontanes.es\/wp-content\/uploads\/sites\/15\/2012\/11\/DSC_40341.jpg 660w, https:\/\/static-blogs.eldiariomontanes.es\/wp-content\/uploads\/sites\/15\/2012\/11\/DSC_40341-300x199.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 660px) 100vw, 660px\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-112\" class=\"wp-caption-text\">Pastizales pasiegos rodeados de bosques oto\u00f1ales multicolor, en Yera. T. COBO<\/p><\/div>\n<div class=\"mceTemp\"><\/div>\n<p><strong>FICHA<\/strong><\/p>\n<p><strong>Ruta<\/strong>: Valdeporres-Valle del Pas, por el t\u00fanel de La Enga\u00f1a (desde la boca sur hasta Vega de Pas).<\/p>\n<p><strong>Kil\u00f3metros<\/strong>: 16,6. Son 7 de boca a boca del t\u00fanel; 3 desde la salida a la luz hasta la estaci\u00f3n de Yera; 2,6 desde la estaci\u00f3n hasta la carretera CA-631 por el desv\u00edo del PR-S75; y 4 kil\u00f3metros m\u00e1s por la CA-631 hasta Vega de Pas. (Los 5,5 kil\u00f3metros desde Pedrosa de Valdeporres hasta la boca sur del t\u00fanel se hicieron en microb\u00fas).<\/p>\n<p><strong>Fecha<\/strong>: 17 de noviembre de 2012.<\/p>\n<p><strong>Senderistas<\/strong>: 18 personas de entre 13 y 65 a\u00f1os de edad: Adolfo, Ana, Andr\u00e9s, Ant\u00f3n, Carlos, Carlos (2), Eva, Fausti, Flori, Geles, Ignacio, Javi, Jesu, Jose, Juanma, Lali, Miriam y Teresa. Tambi\u00e9n viene una perra: Rasi. En Yera se incorporan 4 excursionistas m\u00e1s: Bego, Javi (2), Jose (2) y Lidia.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Entre acuarelas A la salida del t\u00fanel, nos envuelve un paisaje que parece una acuarela en la que se ha jugado con todas las intensidades del amarillo, el naranja, el marr\u00f3n y el verde. El autob\u00fas de Fausti aguarda en la estaci\u00f3n fantasma de Yera, otro impactante vestigio, como el t\u00fanel, del abortado proyecto del [&hellip;]<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on get_the_excerpt --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on get_the_excerpt --><\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[4],"tags":[8,39,44,48,101,127,142,147,154],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.eldiariomontanes.es\/laengana\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/86"}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.eldiariomontanes.es\/laengana\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.eldiariomontanes.es\/laengana\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.eldiariomontanes.es\/laengana\/wp-json\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.eldiariomontanes.es\/laengana\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=86"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/blogs.eldiariomontanes.es\/laengana\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/86\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.eldiariomontanes.es\/laengana\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=86"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.eldiariomontanes.es\/laengana\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=86"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.eldiariomontanes.es\/laengana\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=86"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}