{"id":20,"date":"2011-10-09T22:09:38","date_gmt":"2011-10-09T22:09:38","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.eldiariomontanes.es\/laengana\/?p=20"},"modified":"2011-10-09T22:09:38","modified_gmt":"2011-10-09T22:09:38","slug":"el-tunel-mato-a-muchos-companeros-y-los-politicos-dejan-morir-nuestro-trabajo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.eldiariomontanes.es\/laengana\/2011\/10\/09\/el-tunel-mato-a-muchos-companeros-y-los-politicos-dejan-morir-nuestro-trabajo\/","title":{"rendered":"\u00abEl t\u00fanel mat\u00f3 a muchos compa\u00f1eros y los pol\u00edticos dejan morir nuestro trabajo\u00bb"},"content":{"rendered":"<p><strong>T\u00fanel de La Enga\u00f1a. El eco de las voces enterradas (y III)<\/strong><\/p>\n<div id=\"attachment_65\" style=\"width: 670px\" class=\"wp-caption alignleft\"><a href=\"\/laengana\/wp-content\/uploads\/sites\/15\/2012\/11\/DSCF0658.jpg\"><img aria-describedby=\"caption-attachment-65\" loading=\"lazy\" class=\"size-full wp-image-65\" title=\"DSCF0658\" src=\"\/laengana\/wp-content\/uploads\/sites\/15\/2012\/11\/DSCF0658.jpg\" alt=\"\" width=\"660\" height=\"438\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.eldiariomontanes.es\/wp-content\/uploads\/sites\/15\/2012\/11\/DSCF0658.jpg 660w, https:\/\/static-blogs.eldiariomontanes.es\/wp-content\/uploads\/sites\/15\/2012\/11\/DSCF0658-300x199.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 660px) 100vw, 660px\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-65\" class=\"wp-caption-text\">Manuel Mateos, que contrajo la silicosis en el t\u00fanel, sentado en el horno de La Enga\u00f1a donde se cocinaban las paellas de los domingos. T. COBO<\/p><\/div>\n<p><strong>Manuel Mateos sobrevivi\u00f3 a dos graves accidentes dentro del t\u00fanel y vio fallecer aplastado a su capataz<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Dionisio, \u2018Ferrol\u2019, Herrer\u00edas, Torcuato, Ignacio, Jos\u00e9, Tom\u00e1s, Amador. Son ocho de los hombres que fallecieron por derrumbes en el t\u00fanel de La Enga\u00f1a. \u00abMuertos por accidente s\u00ed hubo, claro. Pero fue la silicosis la que se los llev\u00f3 a todos por delante. Y heridos, raro era el que se libraba\u00bb. Manolo Mateos Gim\u00e9nez trabaj\u00f3 durante siete a\u00f1os en la perforaci\u00f3n del conducto ferroviario y pas\u00f3 por trances que ni \u00e9l puede olvidar ni la historia debe enterrar. Manolo L\u00f3pez Azcona, que fue mec\u00e1nico en el abortado tramo del Santander-Mediterr\u00e1neo, no encuentra palabras mientras camina entre las ruinas del poblado de la boca sur: \u00abNo puedo expresar la pena que siento al ver todo esto parado y abandonado\u00bb.<\/p>\n<p>Los dos Manolos tienen 76 a\u00f1os. Empezaron de chavales en las obras y eso les permite ser el eco fidedigno de las voces que resonaron dentro de la monta\u00f1a mientras se excavaba la galer\u00eda de 6.976 metros que atraviesa la Cordillera Cant\u00e1brica, entre la Merindad de Valdeporres y el Valle del Pas. \u00abCuando entr\u00e9 a trabajar en el t\u00fanel, en 1951, no se usaba mascarilla y se barrenaba en seco. Del polvo que se acumulaba, no ve\u00edas al de al lado\u00bb, ilustra Manolo Mateos. La situaci\u00f3n mejor\u00f3 cuando la empresa Portol\u00e9s y C\u00eda incorpor\u00f3 los martillos neum\u00e1ticos con rociadores de agua.<\/p>\n<div id=\"attachment_67\" style=\"width: 670px\" class=\"wp-caption alignleft\"><a href=\"\/laengana\/wp-content\/uploads\/sites\/15\/2012\/11\/MANOLO-L\u00d3PEZ-1.jpg\"><img aria-describedby=\"caption-attachment-67\" loading=\"lazy\" class=\"size-full wp-image-67\" title=\"MANOLO L\u00d3PEZ 1\" src=\"\/laengana\/wp-content\/uploads\/sites\/15\/2012\/11\/MANOLO-L\u00d3PEZ-1.jpg\" alt=\"\" width=\"660\" height=\"477\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.eldiariomontanes.es\/wp-content\/uploads\/sites\/15\/2012\/11\/MANOLO-L\u00d3PEZ-1.jpg 660w, https:\/\/static-blogs.eldiariomontanes.es\/wp-content\/uploads\/sites\/15\/2012\/11\/MANOLO-L\u00d3PEZ-1-300x217.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 660px) 100vw, 660px\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-67\" class=\"wp-caption-text\">Manuel L\u00f3pez, que trabaj\u00f3 en los talleres de La Enga\u00f1a, apoyado en el porche del edifico de la antigua estaci\u00f3n, que funcion\u00f3 como hospital del poblado. T. COBO<\/p><\/div>\n<p>De aquellos polvos inhalados vinieron los lodos de la silicosis. Manolo Mateos la padece, \u00abpero la aguanto bien. Yo creo que es porque beb\u00eda leche y m\u00e1s leche\u00bb. Su hermano s\u00ed muri\u00f3 aquejado de la irreversible enfermedad del minero. Como tantos andaluces, extreme\u00f1os, murcianos, conquenses, gallegos, asturianos, ma\u00f1os, la familia lleg\u00f3 a La Enga\u00f1a desde Granada a principios de los 50. El padre se coloc\u00f3 de cocinero en la hospeder\u00eda para operarios y encargados de obra. Manolo, con 14 a\u00f1os, comenz\u00f3 como ayudante de cocina, pero, con 16, lo contrataron como palista para la cuadrilla de avance que horadaba el t\u00fanel. Falsificaron los papeles para que constara que ten\u00eda 18.<\/p>\n<p><strong>La voladura mortal<\/strong><\/p>\n<p>El equipo de avance se encargaba de romper la monta\u00f1a. Abr\u00eda un orificio de tres por tres metros que, despu\u00e9s, el equipo de ensanche agrandaba hasta los ocho metros de ancho y seis y medio de alto que mide el conducto. Las dos brigadas utilizaban la pega el\u00e9ctrica: taladraban un agujero o barreno que se rellenaba con un cartucho de dinamita y se hac\u00eda estallar con un interruptor. Tres golpes de luz avisaban de que hab\u00eda que desalojar antes de la voladura.<\/p>\n<p>Cuando los dos Manolos tuvieron que hacer un alto en su vida laboral para cumplir con el servicio militar, en 1957, ocurri\u00f3 uno de los accidentes m\u00e1s graves en la historia del t\u00fanel. \u00abEn la explosi\u00f3n murieron cuatro trabajadores\u00bb, subraya L\u00f3pez Azcona. \u00abLos del ensanche no avisaron a los del avance de que iban a detonar la pega. El suegro de mi hermano y un amigo se mataron\u00bb, relata Mateos Gim\u00e9nez. Torcuato e Ignacio. Esos eran sus nombres.<\/p>\n<p>A su regreso, Mateos fue incorporado al ensanche. \u00abEntr\u00e9 al t\u00fanel con el capataz. \u2018Ponte y barrena ah\u00ed un poco\u2019, me pidi\u00f3, pero yo vi lo que hab\u00eda arriba y le contest\u00e9: \u2018Yo no barreno ah\u00ed, ponte t\u00fa si quieres\u2019. Me mir\u00f3 y me dijo: \u2018\u00bfTanto miedo traes de la mili?\u00bb. Fueron sus \u00faltimas palabras. \u00abCogi\u00f3 \u00e9l la barrena y, en cuanto la meti\u00f3, se le cay\u00f3 encima una roca enorme. Tuvimos que hacer palanca con un ra\u00edl para sacarlo. Se lo llevaron hecho papilla sobre una chapa. Estuve mucho tiempo sin poder comer huevos porque me recordaban aquello. Qued\u00f3 reventado\u00bb. Dionisio. As\u00ed se llamaba.<\/p>\n<p><strong>\u00abLa mejor universidad\u00bb<\/strong><\/p>\n<p>Al margen de los episodios funestos, Mateos y L\u00f3pez a\u00f1oran aquellos a\u00f1os porque estaban contentos con sus oficios. \u00abLa Enga\u00f1a ha sido para m\u00ed la mejor universidad y me abri\u00f3 todos los caminos\u00bb, admite Manolo L\u00f3pez. A aquellos operarios se los rifaban despu\u00e9s para trabajar en Bilbao, o incluso en B\u00e9lgica, como le ocurri\u00f3 a su tocayo. En la antigua escuela de La Enga\u00f1a, donde los dem\u00e1s vemos maleza rodeada de viejos muros encalados, \u00e9l ve pupitres, compa\u00f1eros y al maestro de Matem\u00e1ticas. \u00abLa empresa daba permiso para acudir a clase dos horas al d\u00eda\u00bb.<\/p>\n<p>De ni\u00f1o, L\u00f3pez Azcona observaba con el ganado, desde lo alto de El Hoyuelo, todo aquel traj\u00edn de vagonetas, operarios, mulos y maquinaria en el valle. Anhelaba incorporarse a \u00abesa movida\u00bb. Empez\u00f3 con 15 a\u00f1os de aprendiz en el taller mec\u00e1nico y durante los ocho que estuvo en las obras se form\u00f3 en electricidad, ajuste, soldadura y calderer\u00eda. \u00abS\u00f3lo nos met\u00edamos al t\u00fanel cuando hab\u00eda aver\u00edas, para trasladar los compresores o para cambiar una bomba de agua que fallaba. A veces nos gustaba incluso entrar para ver c\u00f3mo iba la perforaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Dentro, en la galer\u00eda, se trabajaba a la luz de bombillas que colgaban de cables. Aunque en 1951 los turnos eran de ocho horas, pronto pasaron a ser de doce. \u00abEntr\u00e1bamos a las ocho de la tarde y sal\u00edamos a las ocho de la ma\u00f1ana siguiente. Cada quince d\u00edas, se cambiaba el relevo y era al rev\u00e9s. Pasamos de avanzar 50 cent\u00edmetros diarios en la perforaci\u00f3n a 3 metros diarios\u00bb, detalla Mateos. Las filtraciones de agua eran continuas y se acumulaba el barro. \u00abSal\u00edas calado a tope, te met\u00edan en un cami\u00f3n de hierro y as\u00ed te bajaban a Pedrosa, al descubierto, con un fr\u00edo terrible\u00bb.<\/p>\n<div id=\"attachment_68\" style=\"width: 670px\" class=\"wp-caption alignleft\"><a href=\"\/laengana\/wp-content\/uploads\/sites\/15\/2012\/11\/F14-Construcci\u00f3n.jpg\"><img aria-describedby=\"caption-attachment-68\" loading=\"lazy\" class=\"size-full wp-image-68\" title=\"DOCUDMO\" src=\"\/laengana\/wp-content\/uploads\/sites\/15\/2012\/11\/F14-Construcci\u00f3n.jpg\" alt=\"\" width=\"660\" height=\"491\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.eldiariomontanes.es\/wp-content\/uploads\/sites\/15\/2012\/11\/F14-Construcci\u00f3n.jpg 660w, https:\/\/static-blogs.eldiariomontanes.es\/wp-content\/uploads\/sites\/15\/2012\/11\/F14-Construcci\u00f3n-300x223.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 660px) 100vw, 660px\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-68\" class=\"wp-caption-text\">Equipo de avance durante la perforaci\u00f3n del t\u00fanel desde la boca sur. A la derecha, Manuel Mateos, que hoy (octubre de 2011) tiene 76 a\u00f1os, llegado desde Granada. \/ Samot<\/p><\/div>\n<p>A Manolo le gustaba manejar su pala, aunque era peligroso. Ten\u00eda los mandos a un lado y se conduc\u00eda de pie, sobre un estribo. Visualiza \u00abcomo si fuera ayer\u00bb el d\u00eda en que un desplome dej\u00f3 sepultada su Inco 21 bajo una monta\u00f1a de pedruscos. Por fortuna, \u00e9l estaba apeado, a s\u00f3lo unos metros. \u00abEn lugar de correr hacia fuera, corr\u00ed hacia dentro, y all\u00ed estuve mojado y en corriente hasta que desescombraron\u00bb. Ocurri\u00f3 en el mismo punto, mal reparado, en el que hubo sendos hundimientos en 1999 y 2005, entre los kil\u00f3metros dos y tres desde la boca sur.<\/p>\n<p><strong>El mulo salvador<\/strong><\/p>\n<p>Las condiciones de seguridad eran p\u00e9simas. Un domingo, al bajar del pescante de su pala, Manolo pis\u00f3 de plano una enorme punta que sobresal\u00eda de un tabl\u00f3n. El clavo le atraves\u00f3 el zapato y el pie de parte a parte. \u00abMe hinch\u00e9 entero. Ten\u00eda miedo de coger el t\u00e9tanos porque aquello siempre andaba lleno de cagadas de mulos\u00bb. La presencia de uno de estos animales que tiraban de las vagonetas de desescombro fue providencial para salvar la vida de Manuel en otro apuro.<\/p>\n<p>\u00abPor no molestarse en ir al polvor\u00edn, met\u00edan la dinamita dentro del t\u00fanel, en una caseta. Aquello prendi\u00f3 una noche. Menos mal que los detonadores estaban fuera. Se apagaron las luces. Nos ahog\u00e1bamos. No ve\u00edamos. Consegu\u00ed tumbarme junto a la boca de una tuber\u00eda de ventilaci\u00f3n para respirar. Entonces o\u00ed a \u2018El Chato\u2019: \u2018Ag\u00e1rrate a m\u00ed, que voy a coger la cola de un macho y ver\u00e1s c\u00f3mo nos saca\u2019. Funcion\u00f3, pero el mulo y \u2018El Chato\u2019 cayeron en un pozo lleno de agua de los que se usaban para apilar la que brotaba en el avance, que luego se sacaba con bombas\u00bb, rememora Mateos. \u00abSalimos como pudimos. Yo echaba sangre por los pulmones. Todo el relevo qued\u00f3 inutilizado\u00bb. Eran el capataz, seis barreneros, cuatro peones, un palista y un ayudante. No muri\u00f3 nadie.<\/p>\n<p><strong>Los lisos asesinos<\/strong><\/p>\n<p>La mayor\u00eda de los fallecidos en accidentes sucumb\u00edan aplastados por lisos (rocas planas que se desprend\u00edan). Una de las v\u00edctimas fue \u2018Ferrol\u2019. \u00abLe llam\u00e1bamos as\u00ed porque era de all\u00ed\u00bb, aclara L\u00f3pez Azcona. \u00abLe cay\u00f3 un liso que se despeg\u00f3 de la b\u00f3veda. Sali\u00f3 muy fastidiado. Lo vi cuando lo llevaban a la cl\u00ednica. Le pidi\u00f3 a la enfermera, Mari Carmen, que le diera un beso, y ella accedi\u00f3. Le pusieron morfina y enseguida muri\u00f3. Tambi\u00e9n a Herrer\u00edas, que era un buen encargado, lo pill\u00f3 un liso y lo mat\u00f3 en el acto\u00bb.<br \/>\nEn 1959, perdi\u00f3 la vida por la misma causa Amador Vilches, en la parte de Vega de Pas. Llegado desde Granada, ten\u00eda 30 a\u00f1os, estaba casado y era padre de cuatro hijos. Su entierro se recoge en un reportaje sobre las obras del t\u00fanel publicado el 9 de mayo de 1959 por la revista \u2018Blanco y Negro\u2019, y se le cita como la v\u00edctima mortal n\u00famero 16. Para entonces, la perforaci\u00f3n hab\u00eda concluido, pero no las obras, que finalizaron en 1961.<\/p>\n<p>El 17 de abril de 1955, ABC informaba en un breve de la secci\u00f3n de sucesos del fallecimiento de Jos\u00e9 Morante, de 19 a\u00f1os, al caer sobre \u00e9l parte de la b\u00f3veda del t\u00fanel, en Vega de Pas.<br \/>\nOtra sucinta nota narraba el 3 de octubre de 1957 el desplome de una mole de piedra que mat\u00f3 a Jos\u00e9 Tom\u00e1s Calixto, de 25 a\u00f1os, y dej\u00f3 herido de extrema gravedad a Miguel Conejo, de 30. No hay rastro de los posibles \u00f3bitos entre 1942 y 1950, antes del cambio de empresa adjudicataria, cuando la carga de la obra reca\u00eda sobre reos pol\u00edticos.<\/p>\n<p>\u00abLos 500 primeros metros del t\u00fanel los hicieron los presos en los a\u00f1os 40 y son los que mejor construidos est\u00e1n\u00bb, asevera L\u00f3pez Azcona. Y eso que los prisioneros del destacamento penal que se le asign\u00f3 a la primera empresa, Ferrocarriles y Construcciones ABC, apenas dispon\u00edan de otra cosa que no fuera pico y pala. Con la constructora Portol\u00e9s y C\u00eda, el ritmo se aceler\u00f3 en los a\u00f1os 50, \u00abpero se hicieron chapuzas. Se iba a correr, no a hacerlo bien. Se pon\u00eda m\u00e1s piedra machacada y arena que cemento\u00bb, afirma el por entonces mec\u00e1nico.<\/p>\n<p><strong>Buen recuerdo de los presos<\/strong><\/p>\n<p>La horadaci\u00f3n del t\u00fanel comenz\u00f3 por la boca sur, y el destacamento de 370 presos republicanos del lado burgal\u00e9s estaba en Rozas, a dos kil\u00f3metros de La Enga\u00f1a y a 500 metros de la taberna de Fanio, en San Mart\u00edn de Porres. A sus 98 a\u00f1os, la viuda de Epifanio, Isabel L\u00f3pez Ruiz, recuerda con cari\u00f1o a aquellos hombres. \u00abLes daban mucho trabajo y poco de comer. No eran malos, eran buena gente. Se escabull\u00edan del destacamento para venir a tomar unos vinos, cuando ten\u00edan perras. Si los guardias se daban cuenta, ven\u00edan a buscarlos, pero les ayud\u00e1bamos a escapar por el pajar\u00bb.<\/p>\n<p>Los reclusos no ten\u00edan intenci\u00f3n de fugarse: con los trabajos forzados redim\u00edan las penas. Sus jornales estaban intervenidos por la Jefatura de Prisiones, y se enviaba una m\u00edsera parte a las familias de los reos. S\u00f3lo pod\u00edan quedarse directamente con el dinero que sacaban de las horas extras y el que obten\u00edan con las labores que hac\u00edan en el campo.<\/p>\n<p>\u00abVen\u00edan a ofrecerse por las casas a cortar hierba o lo que tocara y, a medida que los fuimos conociendo, los aceptamos con confianza. Les dec\u00edamos que se quedaran a merendar o a cenar una tortilla o unas patatas cocidas con torrezno y luego volv\u00edan a ayudar con una energ\u00eda de mucho cuidado. Pasaban mucha hambre. Algunos eran instruidos. Nos dejaron de todo. Malo, poco\u00bb, cuenta Manolo L\u00f3pez Azcona, que por entonces era un ni\u00f1o.<\/p>\n<p>Uno de aquellos presos, c\u00e1ntabro, fue padrino del hijo de Isabel, la viuda de Fanio. Se benefici\u00f3 del indulto que otorg\u00f3 la dictadura en octubre de 1945. \u00abSalieron treinta de golpe, entre ellos mi padrino, Raimundo Arnaiz. Del ans\u00eda de libertad que ten\u00eda, ech\u00f3 a andar hasta Villaverde de Hito, a 40 kil\u00f3metros, donde viv\u00eda su familia\u00bb, narra Jos\u00e9 Manuel L\u00f3pez, el ahijado, de 63 a\u00f1os.<\/p>\n<p>Apenas quedan expresidiarios vivos. Ninguno en Valdeporres. En Vega de Pas, donde en 1943 el destacamento penal de la empresa ABC ten\u00eda 190 reclusos, en la finca del doctor Madrazo, a\u00fan resiste Jos\u00e9 Navarro, al que se le conmut\u00f3 la condena a muerte. Fue uno de los convictos que obtuvieron la libertad condicional, pero siguieron en las obras del t\u00fanel porque pesaba tambi\u00e9n sobre ellos la pena de destierro. Jos\u00e9 no pod\u00eda regresar a Murcia y se qued\u00f3 en la Vega. A sus 97 a\u00f1os, no desea volver a hablar del t\u00fanel. Los recuerdos ya s\u00f3lo le hacen da\u00f1o.<\/p>\n<p><strong>\u00abNo hay derecho\u00bb<\/strong><\/p>\n<div id=\"attachment_69\" style=\"width: 360px\" class=\"wp-caption alignleft\"><a href=\"\/laengana\/wp-content\/uploads\/sites\/15\/2012\/11\/FLORENCIO.jpg\"><img aria-describedby=\"caption-attachment-69\" loading=\"lazy\" class=\"size-full wp-image-69\" title=\"FLORENCIO\" src=\"\/laengana\/wp-content\/uploads\/sites\/15\/2012\/11\/FLORENCIO.jpg\" alt=\"\" width=\"350\" height=\"253\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.eldiariomontanes.es\/wp-content\/uploads\/sites\/15\/2012\/11\/FLORENCIO.jpg 350w, https:\/\/static-blogs.eldiariomontanes.es\/wp-content\/uploads\/sites\/15\/2012\/11\/FLORENCIO-300x217.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 350px) 100vw, 350px\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-69\" class=\"wp-caption-text\">Florencio L\u00f3pez, de 97 a\u00f1os (octubre de 2011). T. C.<\/p><\/div>\n<p>Con su misma edad, Florencio L\u00f3pez L\u00f3pez sufre al contemplar el t\u00fanel inundado y el pueblo en ruinas. \u00abVengo y me da dolor de cabeza. \u00a1Lo que te obliga a ver la vida!\u00bb. Se emociona al recordar la hospeder\u00eda. \u00abEra mucho mejor que muchos hoteles\u00bb. Florencio no trabaj\u00f3 en el t\u00fanel, sino en las complejas mediciones previas desde Santelices hasta Yera. Pas\u00f3 muchas horas en el monte cargado \u00abcon un cacharro de 25 kilos\u00bb. Con el top\u00f3grafo para arriba y para abajo, acompa\u00f1aba a los ingenieros.<\/p>\n<p>Todos los que dejaron parte de su vida en La Enga\u00f1a est\u00e1n convencidos de que el t\u00fanel es recuperable. \u00abEl escollo era hacer el agujero y eso est\u00e1. Se trata de abrir un paso entre Santander y la Meseta, no hace falta que sea una autov\u00eda\u00bb, enfatiza Manolo L\u00f3pez. \u00abBastar\u00eda con desescombrar y poner uno o dos anillos donde se ha hundido. Ya hay 40 cent\u00edmetros de agua en la boca de Valdeporres, que est\u00e1 m\u00e1s alta, as\u00ed que no quiero ni pensar c\u00f3mo estar\u00e1 dentro. Eso se saca en un d\u00eda de trabajo con una retroexcavadora\u00bb, se desespera Manolo Mateos.<\/p>\n<p>\u00abNo consigo expresar la impotencia que siento por no poder animar a los pol\u00edticos a que den a esto una salida\u00bb, se lamenta L\u00f3pez. \u00abNo hay derecho a que las malas administraciones hayan dejado arruinar tanto trabajo\u00bb, se duele Mateos, mientras recorre las derrotadas estancias de la hospeder\u00eda. \u00abQue hagan algo, aunque sea para veraneantes\u00bb. Las voces que abrieron la monta\u00f1a se apagan con el paso del tiempo. Cada vez son menos los que pueden contarlo en primera persona y su frustraci\u00f3n crece con el olvido de quienes pueden hacer algo m\u00e1s que escucharlos.<\/p>\n<p>(Pedrosa de Valdeporres, a 9 de octubre de 2011)<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>T\u00fanel de La Enga\u00f1a. El eco de las voces enterradas (y III) Manuel Mateos sobrevivi\u00f3 a dos graves accidentes dentro del t\u00fanel y vio fallecer aplastado a su capataz &nbsp; Dionisio, \u2018Ferrol\u2019, Herrer\u00edas, Torcuato, Ignacio, Jos\u00e9, Tom\u00e1s, Amador. Son ocho de los hombres que fallecieron por derrumbes en el t\u00fanel de La Enga\u00f1a. \u00abMuertos por [&hellip;]<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on get_the_excerpt --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on get_the_excerpt --><\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[2],"tags":[8,12,52,74,76,79,87,104,147,153],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.eldiariomontanes.es\/laengana\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/20"}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.eldiariomontanes.es\/laengana\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.eldiariomontanes.es\/laengana\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.eldiariomontanes.es\/laengana\/wp-json\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.eldiariomontanes.es\/laengana\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=20"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/blogs.eldiariomontanes.es\/laengana\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/20\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.eldiariomontanes.es\/laengana\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=20"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.eldiariomontanes.es\/laengana\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=20"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.eldiariomontanes.es\/laengana\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=20"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}