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Guillermo Balbona

Fuera de campo

Imitaciones sin gracia

Norman del norte

2016 86 min. Estados Unidos Director: Trevor Wall. Guión:Jack Donaldson, Derek Elliott. Música: Stephen McKeon. Animación Aventuras.| Salas: Cinesa y Peñacastillo

Como fábula del cambio climático tiene su particular atractivo. Como cromo replicante de éxitos mayores el producto sale malparado. ‘Norman del norte’ se aferra a la estela del éxito para presentar la aventura de un oso polar solitario, acompañado de tres pequeños lemmings. El periplo nace de la mezcla de referencias entre ‘La Era de hielo’, ‘Madagascar’ y ‘Minions’.

El concepto de animación resulta insustancial y todo es superficial, aunque apele a la simpatía. El mensaje es el masaje del oso, así que la denuncia de la destrucción del medio ambiente y la concienciación ante amenazas a la naturaleza vertebran el fondo de este cuento de gags muy vistos.

Lo que destila el filme es una especie de inocencia, de pureza exenta de sorpresa, con lo que la decepción es casi permanente, pese a esas pequeñas criaturas destinadas a robar escenas, o a pesar de ese achuchón que demanda el personaje central. Todo es inofensivo pero también insípido, correcto, pero carente de luz propia. No basta con asumir guiños de otras producciones. Su argumento discurre en la cuerda floja y ciertas incoherencias rompen el ritmo y desgastan la complicidad del juego entre lo animal y lo humano. Sin aristas ni detalles que aporten solidez y entereza, el filme discurre anodino. Siendo mal pensados, si de lo que se trataba es de hallar otra fuente de recursos, el maná de una franquicia ártica bajo la nevada de ‘Ice Age’, aún suena peor. Una mirada infantil sin demasiado vuelo audiovisual, lo cual es difícil de imaginar a estas alturas, se dejaría llevar, pero nada podrá evitar que la mayoría concluya que ha asistido a un bucle de animación estandarizada y trillada en mil documentos.

Entre resonancias de ‘El Rey León’ y ‘La oveja Shaun’ las escenas se construyen como una sucesión de tópicos endebles sin resquicio para superar cierto ritmo monótono. El viaje del oso polar podría apoyar su giro seductor en las escenas de acción aunque también aquí el filme se asemeja a un parque temático y a una mera y aburrida acumulación de situaciones exentas de chispa. Al dibujo le falta un grado de golpe visual y de ambición para dotar de asombro y poder perfilar ese añadido de género al argumento.

El lado lúdico es demasiado plano para conformar un universo que apunte cotas de marca. El chiste en este caso es tan lógico y obligado como oportuno: la película a más de uno le va a dejar helado.

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Guillermo Balbona comenta la actualidad cinematográfica y los estrenos de la semana

Sobre el autor

Bilbao (1962). Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense. Ser periodista no es una profesión, sino una condición. Y siempre un oficio sobre lo cotidiano. Cambia el formato pero la perspectiva es la misma: contar historias.


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