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Guillermo Balbona

Fuera de campo

Una pastelería en Tokyo

El árbol de la vida

Japón. 2015. 113 m. (TP) Drama. Directora: Naomi Kawase. Intérpretes: Kiki, Miyoko Asada, Etsuko Ichihara, Miki Mizuno, Masatoshi Nagase y Kyara Uchida. Salas: Groucho

Sosiego, pausa, reflexión. ¿Les suena? Una mirada hoy secuestrada e hipotecada que late, sin embargo, con naturalidad en el cine de Naomi Kawase como si se tratase de un hábitat permanente e inexpugnable.  Tras su reciente ‘Aguas tranquilas’ regresa con un cuento delicioso, una fábula exenta de aspavientos, dulce con trasfondo amargo, amarga con hondura de almíbar. Un pastel de mermelada de judías que retrata el amor por las cosas pequeñas que son grandes, que reivindica el misterio interno y el secreto macerado por el paso del tiempo. Tres personajes exponentes de otras tantas generaciones confluyen en torno a un modesto local de tortitas. Les une la marginalidad, la extrañeza de vivir, el vértigo ante la fugacidad.

El cine de Kawase, en el que siempre habita la naturaleza y cierta pose documental, envuelve con mimo el universo de estas criaturas entre lo delicado y la fragilidad. El árbol de la vida crece entre la enfermedad, el repudio, la sombra de la muerte y el diálogo sensorial. Hay mucho de haiku visual en este retrato a tres voces que a veces gritan en silencio, hablan con un minimalismo de complicidad existencial y reclaman su lugar en el mundo. Cocina, cerezos en flor, vapor, aromas, tolerancia,  soledad, sentimentalidad y contemplación.

La receta de la cineasta es diáfana. Tampoco asoman pretensiones de poema mayor ni pedantería esteticista. ‘Una pastelería en Tokio’ es una invitación a asomarse al cielo o al fondo de una cazuela, al canto de un pájaro o a la transformación de una crema sobre una plancha ardiente. Lo dice la anciana protagonista: «Escuchar las historias que cuentan las cosas». Con unas señas de identidad muy claras y vocación de estilo definido, la cineasta de ‘Correspondencia’ con Isaki Lacuesta, y directora de filmes como ‘Visitors’ y  ‘El bosque del luto’, que ha mantenido intacta su mirada,  apuesta por la paciencia y se cuela sutilmente por los entresijos emocionales de una suave marejada. Es fácil aludir a cierta espiritualidad y orientalismo y a la influyente omnipresencia del cine de Ozu pero Kawase, que adapta la novela ‘An’ de Durian Sukegawa, firma una delicada obra de cámara entre dorayakis y colegialas, enfermos terminales marginados e inadaptados afectivos a la intemperie, en la que subyace mucho dolor, fracaso y miedo, pero en la que el árbol vital sigue creciendo aunque sea invisible e inasible. Déjense mecer y volverán a sentir porque el cine es una de las mejores asignaturas para aprender la inagotable educación sentimental.

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Guillermo Balbona comenta la actualidad cinematográfica y los estrenos de la semana

Sobre el autor

Bilbao (1962). Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense. Ser periodista no es una profesión, sino una condición. Y siempre un oficio sobre lo cotidiano. Cambia el formato pero la perspectiva es la misma: contar historias.

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