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Guillermo Balbona

Fuera de campo

Pastel de miedo al horno

La visita
EE UU. 2015. 94 m. (16). Terror. Director: M. Night Shyamalan. Reparto: Kathryn Hahn, Olivia DeJonge, Ed Oxenbould, Deanna Dunagan.Cinesa y Peñacastillo

El horno, metáfora de la hoguera en torno a la cual se contaban las historias (sobre todo las de terror) sucesivas generaciones, es el símbolo de este cuento delicioso y perverso, inteligente y, sobre todo lúdico, con el que se reinventa M. Night Shyamalan. La ecuación horno-cabeza, en boca de una abuelita, como bien se ha dedicado a explotar la promoción del filme desde hace semanas, siempre funciona en el imaginario popular.

El cineasta de ‘El sexto sentido’ vuelve a los orígenes y a las territorios fundacionales no solo de su propio cine, sino de su querencia por el misterio y el thriller inquietante, y con la misma fe regresa a las estancias primitivas de lo que no sabemos. Sabe que el miedo es primario, inherente al ser, y que no necesita de aderezos artificiales (basta leerse las primeras quince líneas de cualquier historia de Poe). ‘La visita’, un cuento de adultos con niños y de adolescentes con mayores dentro, la hacemos todos: al pasado, a lo desconocido. Y para ello no se precisan planetas ni viajes a largas distancias, ni sofisticadas vueltas de tuerca. El cineasta de ‘El incidente’ se decanta por el paisaje familiar, el más cercano  e íntimo y, probablemente, el más inquietante. Shyamalan ironiza sobre el género, lanza guiños a ese ‘material encontrado’ –recurso que para bien y para mucho mal/paranormal, se ha instalado como una moda febril entre los adictos– y se ríe de casi todo: de sí mismo, de los tópicos, del concepto del fracaso, de los choques generacionales. Abre y cierra el foco, enciende y apaga la realidad de estos dos niños que visitan a sus abuelos por primera vez. Se ha hablado ya de Hansen y Gretel como referente narrativo de este relato entre la calidez y la frialdad, entre los lugares de sombra y las figuras estáticas y fantasmales de personas y no lugares, entre ‘Señales’ y ‘El bosque’, si miramos a su propio cine.

Lastrado por eso de habernos hecho ver muertos en el arranque de su filmografía, el director vuelve al corazón de las pesadillas y se permite incluso reflexionar sobre el propio lenguaje audiovisual dominante, omnipresente, pero casi nunca entendido ni bien utilizado: un zoom nunca es inocente, una cámara oculta tampoco; y una mirada documental siempre revela una ficción detrás.

En ‘La visita’, una Alicia con cámara, acompañada de su hermano (conejo) rapero, espléndido Ed Oxenbould, busca detrás de las puertas, quiere crecer no sin antes haberse despedido de la infancia y busca el elixir que rompa secretos y desvele hechizos. El cineasta deja muchas zonas oscuras, no completa el puzle y da prioridad al juego. Hay incluso, entre tanta preponderancia de la imagen y su uso, un canto a lo oral, a las historias transmitidas familiar o generacionalmente, y así una de la mejores escenas presenta a abuela y nieta, frente a frente, provocándose-contándose historias fantásticamente reales y realmente fantásticas. Con la repostería fina como vocabulario cotidiano, la cinta incluye pastelitos envenenados, bocados de luz inquietante y escatológicas alusiones primarias. El humor, entre lo negro y lo perverso, es la señal que guía ‘La visita’ al fondo del miedo a sentir miedo. No obstante, Shyamalan ya se encarga de subrayar que el verdadero terror de nuestros días es tener una cámara (móvil, dispositivo…) y no saber contar una historia. En ocasiones veo/vemos cine.

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Guillermo Balbona comenta la actualidad cinematográfica y los estrenos de la semana

Sobre el autor

Bilbao (1962). Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense. Ser periodista no es una profesión, sino una condición. Y siempre un oficio sobre lo cotidiano. Cambia el formato pero la perspectiva es la misma: contar historias.

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