{"id":182,"date":"2014-05-05T17:24:28","date_gmt":"2014-05-05T16:24:28","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.eldiariomontanes.es\/elpaseante\/?p=182"},"modified":"2014-05-05T17:24:28","modified_gmt":"2014-05-05T16:24:28","slug":"dar-forma-a-la-luz","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.eldiariomontanes.es\/elpaseante\/2014\/05\/05\/dar-forma-a-la-luz\/","title":{"rendered":"Dar forma a la luz"},"content":{"rendered":"<p>Este art\u00edculo tiene trampa. Peque\u00f1a, como las de los ni\u00f1os chicos que juegan al Parch\u00eds con pap\u00e1. Pero trampa. Se public\u00f3 hace poco en el peri\u00f3dico. Sobre papel, ese material sobre el que algunos nos movemos con m\u00e1s certezas que sobre el mundo. O sea, que no es nuevo. Pero me apetec\u00eda traerlo a un lugar llamado \u2018El paseante\u2019. Aunque nada tenga que ver con lo que por aqu\u00ed ense\u00f1o \u00faltimamente. \u00bfPor qu\u00e9? Porque las farolas han alumbrado muchos paseos.<\/p>\n<p><strong>Dar forma a la luz<\/strong><\/p>\n<p>Cuando el hombre consigui\u00f3 la luz hizo el mundo m\u00e1s suyo. Las ciudades son ejemplos de una luz modelada. La Piaf naci\u00f3 bajo el calor de una farola de la parisina calle de Belleville. Eso es nacer mito. Y nacer, no consta. Pero en Santander se ha bebido y se ha besado junto a las luces tenues. Hay una geograf\u00eda f\u00edsica, hist\u00f3rica, llena de memoria y hasta po\u00e9tica de farolas santanderinas. Viajeras, art\u00edsticas, \u00fatiles o simb\u00f3licas. Qui\u00e9n no almacena un recuerdo junto a una farola no tiene nada de nada. Rien de rien, que cantaba Edith.<\/p>\n<p>Al adolescente le daba v\u00e9rtigo seguir a su chica hasta esa farola al fondo del espig\u00f3n. Ni las hormonas pod\u00edan con el v\u00e9rtigo de la Bah\u00eda a los dos lados. Esa, la del Palacete del Embarcadero, en el muelle, es farola de beso en los labios. Pareja que huye del bullicio del viernes con la luz encendida y foto de recuerdo con la postal al fondo cuando est\u00e1 apagada. Carne de amor y de turismo. Es una de ellas. De las famosas. A la de Las Cuatro Estaciones le gusta darse paseos por la ciudad. Es viajera. Ahora, en La Alameda, antes (dos veces) frente al Ayuntamiento y tambi\u00e9n junto al Mercado de La Esperanza. Desde 1913 dando tumbos por un Santander lucero. Una \u2018STV\u2019 cincelada por Jos\u00e9 Quintana. Con curiosidad y todo. \u00bfSabe usted qui\u00e9nes son en realidad las cuatro estaciones? Pues las cuatro son una sola (o todo parece indicar eso). La modelo que pos\u00f3 para Quintana \u2013seg\u00fan se ha escrito\u2013 era una tal Basilisa Garc\u00eda Herrera, aunque todos la conoc\u00edan como Luisa. Era de Polanco y reguapa. Parece ser que el escultor le pag\u00f3 a la chica veinticinco pesetas por sesi\u00f3n. Y eso en Santander se paga con apodo, \u2018La veinticinco\u2019. Para nota la historia, s\u00f3lo al alcance de los muy faroleros.<\/p>\n<p>La dedicada a P\u00edo Muriedas, la de Jos\u00e9 Hierro, la de Numancia, la de Perines, las de los querubines, los adornados faroles de la iglesia de Santa Luc\u00eda, las del Paseo de Pereda\u2026 L\u00e1mparas con nombre propio que se ganaron la medalla de ser reconocidas m\u00e1s all\u00e1 de alumbrar. Du\u00acrante a\u00f1os, lentamente. Porque la luz de estos gigantes parece viajar m\u00e1s despacio que esa tan veloz de la f\u00edsica y los ceros. Como si ralentizara el paso de las horas y retuviera el tiempo. Retener un rato, como a los j\u00f3venes y a los que a\u00fan quieren seguir si\u00e9ndolo en Ca\u00f1ad\u00edo. Una m\u00e1s, que es pronto, no te marches todav\u00eda. Esas farolas de la plaza s\u00ed que lo han visto todo\u2026 Si ellas hablaran, luz y taqu\u00edgrafos. La copa de m\u00e1s, las miradas de quien echa de menos\u2026 Y tambi\u00e9n las risas necesarias y los gritos a destiempo. La farola de Ca\u00f1ad\u00edo es generacional. Los mismos ni\u00f1os que jugaron al bal\u00f3n a su alrededor apoyaron en ella una cerveza a medio beber m\u00e1s adelante. Y, despu\u00e9s, ya ancianos, sentados en su base, recordaron lo uno y lo otro.<\/p>\n<p>Las famosas y las desconocidas. Porque hay muchas que nadie echar\u00eda de menos, salvo los p\u00e1jaros. Luces en serie de cadena de montaje que no pasaron de ese concepto gris de mobiliario urbano. Fotocopias lum\u00ednicas que hacen de la utilidad su virtud. Tan triste como vivir s\u00f3lo por ser \u00fatil. Sin nada que contar y sin m\u00e1s recuerdo que el del papel pegado ofreciendo en la base servicios de fontaner\u00eda o cuidado de ancianos. Las que est\u00e1n en todas las ciudades del mundo pero no son de ninguna.<\/p>\n<p>Historia urbana de luces y sombras. Ahora, por esta crisis hasta de palabras, en las farolas del centro ya no se encienden todos los focos. Dos o tres, que ya se ve con eso. Hay que ahorrar y ser inteligente. Y eso est\u00e1 bien. Pero que nadie nos apague las luces. Ni los besos.<\/p>\n<p>Nota: Art\u00edculo publicado en la edici\u00f3n en papel de El Diario Monta\u00f1\u00e9s junto a unas maravillosas fotos de mi compa\u00f1ero Celedonio Mart\u00ednez. En la secci\u00f3n \u2018Mapas visuales\u2019 del 20 de abril de 2014. A los que lo leyeron, les pido perd\u00f3n por la trampa. El mundo est\u00e1 lleno de ellas y esta, francamente, no me parece tan grave\u2026<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Este art\u00edculo tiene trampa. Peque\u00f1a, como las de los ni\u00f1os chicos que juegan al Parch\u00eds con pap\u00e1. Pero trampa. Se public\u00f3 hace poco en el peri\u00f3dico. Sobre papel, ese material sobre el que algunos nos movemos con m\u00e1s certezas que sobre el mundo. O sea, que no es nuevo. 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