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	<title>Aquellos chicos del barrio | El Paseante - Blogs eldiariomontanes.es</title>
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	<description>Artículos de opinión sobre la vida cotidiana</description>
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		<title>Aquellos chicos del barrio | El Paseante - Blogs eldiariomontanes.es</title>
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		<pubDate>Mon, 31 Mar 2008 17:58:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Álvaro Machín</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Ya no se juega en la calle. Es triste. Igual que ya no conocemos a los vecinos del edificio y miramos con extrañeza a cualquier desconocido que nos sonríe y nos regala un ‘buenos días’. Es el precio de una modernidad que llega, aunque le cueste, a ciudades pequeñas y tradicionales como Santander. El precio [&#8230;]]]></description>
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<html><head><meta http-equiv="content-type" content="text/html; charset=utf-8">
</head><body><p class="MsoNormal"><span lang="ES-TRAD">Ya no se juega en la calle. Es triste. Igual que ya no conocemos a los vecinos del edificio y miramos con extrañeza a cualquier desconocido que nos sonríe y nos regala un ‘buenos días’. Es el precio de una modernidad que llega, aunque le cueste, a ciudades pequeñas y tradicionales como Santander. El precio de la ‘urba’ de Valdenoja, el ‘ya no como en casa’, la inseguridad, el tráfico, el chalet con parcela… </span></p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-adver-blogs-entries"></div><p class="MsoNormal"><span lang="ES-TRAD">Yo soy un chico de barrio. Uno de ésos que bajaba a jugar partidos interminables de fútbol. Uno de ésos que se volvía a casa con un agujero en el pantalón porque le había tocado ponerse de guardameta en la puerta de un garaje. Aún saboreo al recordar el pan con chocolate que mi madre me tiraba por la ventana después de vocear mi nombre. Algún ‘goluco’ metí sin soltar el bocadillo cuando jugaba por las calles del Grupo Pedro Velarde. Echábamos partidos (o carreras, o guerras y hasta nos dabamos alguna piña) con los de <personname productid="la Plaza" w:st="on">la  Plaza</personname> del Dos de Mayo o <personname productid="la Peña" w:st="on">la Peña</personname> del Cuervo. Y eso pasaba con cientos de chavales en Tetuán, General Dávila, Monte… Y hasta por el centro de la ciudad, que yo sólo conocía porque mi madre me bajaba a comprar zapatos.</span></p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-advertising-mobile-ready"></div><p class="MsoNormal"><span lang="ES-TRAD">Hoy miro por la ventana –sigo en el mismo barrio– y no veo niños jugando. Hay chicos de fútbol en el pabellón nuevo, de inglés en clase particular, de natación en la piscina… Niños que se juntan para un cumple en un parque de esos con bolas. Críos que se quedan a dormir en casa de los padres de su amigo del cole… Pero ya no tienen su ‘panda’ del barrio. Como me acuerdo de Santi, Jose, Felipe, Ángel o Alejandro. O de Sotiris, mi amigo griego que venía todos los veranos. Fueron mis primeros amigos. Amigos de verdad.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-TRAD">Y creo que eso me ayudó a ser medianamente espabilado (aunque me la pegue, como cualquiera). Porque la calle no me enseñó a controlar los botones de <personname productid="la Nintendo" w:st="on">la Nintendo</personname>, pero me regaló lecciones para manejar la vida.</span></p>
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