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	<title>Por sus gustos las conocí | El Economato - Blogs eldiariomontanes.es</title>
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		<title>Por sus gustos las conocí | El Economato - Blogs eldiariomontanes.es</title>
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		<pubDate>Wed, 09 Jul 2014 15:57:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Diego Ruiz</dc:creator>
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<html><head><meta http-equiv="content-type" content="text/html; charset=utf-8"></head><body><div dir="ltr" data-angle="0" data-font-name="g_font_7_0" data-canvas-width="55.70386379241943">Aviso: Esta es una historia real a la que, por discreción, he cambiado el nombre de sus protagonistas. Comencé a malmeter la cuchara en las cazuelas siendo todavía un aprendiz de adolescente. Esa precocidad me permitió ya adulto dar de comer a algunas mujeres, la mayoría propias –novias y amigas con derecho a exploración– y algunas extrañas –conocidas de la noche, despechadas por un amigo cabroncete y amantes rápidas de hasta otro día majete que si te he visto no me acuardo–. Quizás parezcan demasiadas, pero puedo prometerles que al final tampoco fueron tantas, qué más quisiera uno. De ellas aprendí mucho y casi me dio tiempo a elaborar un extenso manual de gustos culinarios de acuerdo a su manera de ser.</div>
<div dir="ltr" data-angle="0" data-font-name="g_font_7_0" data-canvas-width="156.36097584657668">A Luci, una de las primeras, mis amigos la llamaban ‘Bufi’ por sus habituales bufidos y enfados. Tenía unas piernas maravillosas, cara de ángel y una mala leche impresionante. Pues a ella, paradójicamente, le gustaban los pasteles,</div>
<div dir="ltr" data-angle="0" data-font-name="g_font_7_0" data-canvas-width="163.6680797973633">las tartas, las rosquillas y el chocolate. No soportaba el picante y para beber, nada de alcohol. Puri, quizás una de las más delgadas y seguro que la más callada, tenía sin embargo pasión por la cerveza. Bebía las cañas como si fueran las</div>
<div dir="ltr" data-angle="0" data-font-name="g_font_7_0" data-canvas-width="169.41685664949418">últimas gotas de la cantimplora en mitad del desierto. Comía poco, pero siempre cosas fuertes, quizás para tener una buena disculpa y tragar botellines y más botellines. Yo, a la segunda cerveza tengo que ir al retrete, pero ella aguanta-</div>
<div dir="ltr" data-angle="0" data-font-name="g_font_7_0" data-canvas-width="38.30561360750199">ba una barbaridad. Los callos eran lo suyo.</div>
<div dir="ltr" data-angle="0" data-font-name="g_font_7_0" data-canvas-width="165.2321614274025">A Maite la conocí en Jerez ha ciendo la mili. Ella, medio gitana, y como todas las jerezanas ‘ahijada’ de Ruiz Mateos, tampoco tenía mucha chicha, pero comía a todas las horas. Me conquistó por su sonrisa y sus escotes. Recuerdo que en tres meses tuve que llamar a mis padres casi a diario para que me mandasen dinero al cuartel. Engullía tantos bocadillos como cervezas la buena de Puri. Un capítulo especial merece Marta. A ella, un poco metidita en carnes, parlanchina y</div>
<div dir="ltr" data-angle="0" data-font-name="g_font_7_0" data-canvas-width="162.38597020511625">aficionada al fútbol y las motos, nada mejor que invitarla a yerbajos y pasta. Sus ojos, todavía encandilan. Real</div>
</body></html>
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<p><small>&copy; Diego Ruiz for <a href="https://blogs.eldiariomontanes.es/economato">El Economato</a>, get_post_time('Y'). |
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