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Categoría: Real Madrid
La brasa del Balón de Oro

Resulta que al parecer hay unos cuantos señores que se meten en una web, teclean unos nombres y deciden quién es el mejor jugador del mundo. Antes lo daba una revista, como los paraguas y los monederos esos que regala el Vogue. Ahora se han juntado los señores de la FIFA, esa organización ejemplo de dignidad, honestidad y decencia, junto con los de la revista, y resulta que lo dan los dos. Todo muy oficial y muy bonito, porque votan muchos periodistas y hay una gala y tal.

Resulta que al parecer hay unos cuantos señores que se meten en una web, teclean unos nombres y deciden quién es el mejor jugador del mundo. Antes lo daba una revista, como los paraguas y los monederos esos que regala el Vogue. Ahora se han juntado los señores de la FIFA, esa organización ejemplo de dignidad, honestidad y decencia, junto con los de la revista, y resulta que lo dan los dos. Todo muy oficial y muy bonito, porque votan muchos periodistas y hay una gala y tal.

Resulta también que hay un señor que lo ha ganado cuatro veces seguidas, que ahora está lesionado, y hay otro señor que lo ha ganado una y ha quedado segundo cuatro. Y ese señor acaba de meter tres golazos en un encuentro internacional y casualmente la FIFA amplía la votación unos días más, no se sabe muy bien por qué.

En esta columna suelo preguntarme realmente qué es deporte y qué no lo es. Qué es fútbol y qué es dinero, qué es espectáculo y que es simplemente postureo ridículo. A Cristiano le van a dar el Balón de Oro, primero porque se lo merece con creces, ya que es un premio individual, y los argumentos sobre si ha ganado o no ha ganado nada son puro aire y pataleta roselliana.

Pero ¿qué pasa si no se lo dan? ¿Se caerán las letras del nombre del estadio? ¿Pagarán menos los del banco portugués ese que anuncia CR7? ¿Qué demonios pasa si se lo dan a Messi, que también ha hecho un año formidable, o a Ribery, que aunque sea más feo que un calcetín sudado ganó casi él solito la Champions?

Nada, por supuesto. Cristiano pondrá cara de culo, si es que va, que la FIFA no se merece que vaya, pasaremos un par de días comentándolo y buscaremos la siguiente burbuja que cabalgar.

La realidad es que Cristiano Ronaldo lleva 66 goles en lo que va de año, va a gol por partido con el Real Madrid desde que viste la camiseta blanca. Que si no gana más títulos es porque Florentino decidió hace unos años que la telegenia era más interesante que el sosiego, puso a Del Bosque en la calle y comenzó una espiral absurda de la que no saldrá el equipo hasta que él salga por la puerta y alguien comience a andar el camino que tan acertadamente señaló el Barsa hace muchos años.

(Para los florentinistas, tranquilos que eso no ocurrirá, antes se le cambia el nombre al estadio que renuncia Floren a liderar el madridista de talonario. Oh, esperen, eso ya va a suceder).

La conclusión es que de nuevo periodistas y aficionados vuelven a las trincheras para determinar quién es el mejor del mundo, volvemos a dar la paliza y seguramente será cuestión de estado y motivo de reunión de Artur Mas con Rajoy (como poco) si el maravilloso y hueco galardón no acabe en manos de ese símbolo del catalanismo nacido en Rosario, Argentina, y termine en manos de ese símbolo del madridismo nacido en Madeira, Portugal.

Y nos olvidaremos todos de que esa votación no es más que una opinión de unos cuantos, que no resta ni un gol al palmarés de Cristiano, ni un solo quiebro de infarto al historial de Messi, ni echa nada en el bolsillo de ninguno de nosotros.

(...)
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Resulta también que hay un señor que lo ha ganado cuatro veces seguidas, que ahora está lesionado, y hay otro señor que lo ha ganado una y ha quedado segundo cuatro. Y ese señor acaba de meter tres golazos en un encuentro internacional y casualmente la FIFA amplía la votación unos días más, no se sabe muy bien por qué.

En esta columna suelo preguntarme realmente qué es deporte y qué no lo es. Qué es fútbol y qué es dinero, qué es espectáculo y que es simplemente postureo ridículo. A Cristiano le van a dar el Balón de Oro, primero porque se lo merece con creces, ya que es un premio individual, y los argumentos sobre si ha ganado o no ha ganado nada son puro aire y pataleta roselliana.

Pero ¿qué pasa si no se lo dan? ¿Se caerán las letras del nombre del estadio? ¿Pagarán menos los del banco portugués ese que anuncia CR7? ¿Qué demonios pasa si se lo dan a Messi, que también ha hecho un año formidable, o a Ribery, que aunque sea más feo que un calcetín sudado ganó casi él solito la Champions?

Nada, por supuesto. Cristiano pondrá cara de culo, si es que va, que la FIFA no se merece que vaya, pasaremos un par de días comentándolo y buscaremos la siguiente burbuja que cabalgar.

La realidad es que Cristiano Ronaldo lleva 66 goles en lo que va de año, va a gol por partido con el Real Madrid desde que viste la camiseta blanca. Que si no gana más títulos es porque Florentino decidió hace unos años que la telegenia era más interesante que el sosiego, puso a Del Bosque en la calle y comenzó una espiral absurda de la que no saldrá el equipo hasta que él salga por la puerta y alguien comience a andar el camino que tan acertadamente señaló el Barsa hace muchos años.

(Para los florentinistas, tranquilos que eso no ocurrirá, antes se le cambia el nombre al estadio que renuncia Floren a liderar el madridista de talonario. Oh, esperen, eso ya va a suceder).

La conclusión es que de nuevo periodistas y aficionados vuelven a las trincheras para determinar quién es el mejor del mundo, volvemos a dar la paliza y seguramente será cuestión de estado y motivo de reunión de Artur Mas con Rajoy (como poco) si el maravilloso y hueco galardón no acabe en manos de ese símbolo del catalanismo nacido en Rosario, Argentina, y termine en manos de ese símbolo del madridismo nacido en Madeira, Portugal.

Y nos olvidaremos todos de que esa votación no es más que una opinión de unos cuantos, que no resta ni un gol al palmarés de Cristiano, ni un solo quiebro de infarto al historial de Messi, ni echa nada en el bolsillo de ninguno de nosotros.


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Casillas y la puerta

Atención, estudiantes, apunten el enunciado del siguiente problema:

“En un multimillonario club de fútbol tenemos a un futbolista de la categoría vaca sagrada que no juega y tenemos una puerta. Calcule usted el tiempo que el futbolista tardará en usarla considerando que:

a) Media afición quiere que se vaya y la otra que se quede

b) Los argumentos del futbolista son “Ahora me entreno bien, no como antes”.

c) Al club eso de hacer caja le vendría bien.

d) El presidente no le puede ver delante.”

La respuesta a la anterior ecuación matemática parece sencilla, pero nada más lejos de la realidad. El fútbol y el ambiente que rodea a los clubs de primer nivel, las relaciones internas y las presiones externas, son una pesadilla kafkiana que haría enloquecer a Escher. Arriba, abajo, izquierda y derecha están totalmente confundidos, y ni siquiera el éxito garantiza la continuidad. Que se lo digan a Del Bosque.

Así que ahí tenemos a Casillas, que sobre el papel es el mejor portero del mundo, el levantador de copas del mundo. Y por otro lado tenemos a Diego López, un chaval con menos galones que parece que para bien. Y por otro lado tenemos un ego y una puerta. Y por otro lado tenemos una afición y un presidente y unas condiciones económicas y unos resultados que pueden venir o no, y unas lesiones, y unos agentes, y unas declaraciones… y ni la más remota idea de lo que puede suceder en el futuro.

Si a mi me preguntasen qué opino, creo que Iker Casillas terminará la temporada como portero titular del Real Madrid, muy probablemente jugando la final de la Champions contra el Bayern de Guardiola. Que el Barsa será una apisonadora en Liga que sufrirá una pájara en Europa y que Rajoy irá vestido de faralaes a un Debate sobre el Estado de la Nación. Claro que esto no dejan de ser preferencias personales basadas en la intuición, en las copas que me tomé anoche y en lo que me ha salido de las narices mientras escribía el artículo. ¿Porqué? Porque esto es en definitiva una columna de opinión, un espacio donde se analizan situaciones complejísimas con una venda en los ojos y una mano atada a la espalda.

Hay en el club de Concha Espina un Fantasma Pernicioso que traga millones y no escupe copas, y en próximos artículos intentaremos analizar el por qué de ese comportamiento que se antoja ya insostenible. Pero mientras tanto, soñemos con Champions y trajes de faralaes mientras el mejor portero del mundo (sobre el papel) se pone ciego a pipas Facundo (sobre la grada).

Atención, estudiantes, apunten el enunciado del siguiente problema:

“En un multimillonario club de fútbol tenemos a un futbolista de la categoría vaca sagrada que no juega y tenemos una puerta. Calcule usted el tiempo que el futbolista tardará en usarla considerando que:

a) Media afición quiere que se vaya y la otra que se quede

b) Los argumentos del futbolista son “Ahora me entreno bien, no como antes”.

c) Al club eso de hacer caja le vendría bien.

d) El presidente no le puede ver delante.”

La respuesta a la anterior ecuación matemática parece sencilla, pero nada más lejos de la realidad. El fútbol y el ambiente que rodea a los clubs de primer nivel, las relaciones internas y las presiones externas, son una pesadilla kafkiana que haría enloquecer a Escher. Arriba, abajo, izquierda y derecha están totalmente confundidos, y ni siquiera el éxito garantiza la continuidad. Que se lo digan a Del Bosque.

Así que ahí tenemos a Casillas, que sobre el papel es el mejor portero del mundo, el levantador de copas del mundo. Y por otro lado tenemos a Diego López, un chaval con menos galones que parece que para bien. Y por otro lado tenemos un ego y una puerta. Y por otro lado tenemos una afición y un presidente y unas condiciones económicas y unos resultados que pueden venir o no, y unas lesiones, y unos agentes, y unas declaraciones… y ni la más remota idea de lo que puede suceder en el futuro.

Si a mi me preguntasen qué opino, creo que Iker Casillas terminará la temporada como portero titular del Real Madrid, muy probablemente jugando la final de la Champions contra el Bayern de Guardiola. Que el Barsa será una apisonadora en Liga que sufrirá una pájara en Europa y que Rajoy irá vestido de faralaes a un Debate sobre el Estado de la Nación. Claro que esto no dejan de ser preferencias personales basadas en la intuición, en las copas que me tomé anoche y en lo que me ha salido de las narices mientras escribía el artículo. ¿Porqué? Porque esto es en definitiva una columna de opinión, un espacio donde se analizan situaciones complejísimas con una venda en los ojos y una mano atada a la espalda.

Hay en el club de Concha Espina un Fantasma Pernicioso que traga millones y no escupe copas, y en próximos artículos intentaremos analizar el por qué de ese comportamiento que se antoja ya insostenible. Pero mientras tanto, soñemos con Champions y trajes de faralaes mientras el mejor portero del mundo (sobre el papel) se pone ciego a pipas Facundo (sobre la grada).


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Vaca sagrada

La vaca sagrada (Bos primigenius sacratus) es un mamífero homínido balompédico que tiene su hábitat en los campos, vestuarios y zonas nobles de los equipos grandes de fútbol. Son reconocibles desde cierta distancia, diferenciables de otros homínidos balompédicos por una nómina elevada (no siempre la más alta) y un aura intangible que les protege de todo mal.

La vaca sagrada (Bos primigenius sacratus) es un mamífero homínido balompédico que tiene su hábitat en los campos, vestuarios y zonas nobles de los equipos grandes de fútbol. Son reconocibles desde cierta distancia, diferenciables de otros homínidos balompédicos por una nómina elevada (no siempre la más alta) y un aura intangible que les protege de todo mal.

La vaca sagrada nunca nace vaca sagrada, salvo raras excepciones como el Raulibus Gonzalus, capaz de realizar grandes proezas desde el día de su debut. Normalmente deviene en vaca sagrada desde un estado primario de homínido balompédico corriente, más dotado que el resto, pero aún sin formar del todo.

Cuando el homínido balompédico común ejecuta grandes proezas puede no llegar a convertirse en vaca sagrada. Para eso es preciso que la futura vaca realice una serie de rituales mágicos transformadores, desde besar el escudo de la camiseta con profusión en cada partido hasta encararse con homínidos balompédicos de manadas rivales dentro y fuera del campo. Sin embargo estos rituales, que han de ser repetidos a lo largo de los años, tampoco garantizan la transformación en vaca sagrada. La etología nos enseña casos como el Ikeribus Casillus, un tipo particular de vaca sagrada que ha realizado actos de hermanamiento con machos alfa de manadas rivales, saliendo reforzado de los encuentros.

Donde realmente logra pasar la vaca sagrada de pupa a crisálida es en las zonas de abrevadero de animales del entorno del homínido balompédico, conocidos comúnmente como periodistas deportivos. La vaca sagrada acude a las zonas de pasto y abrevadero en los reservados de restaurantes de lujo, normalmente de nombre vasco, y allí hace ofrendas de alimento y copas. De semejante interacción suelen resultar cambios en el ecosistema, conocidos comúnmente como “mamadas a tres tiempos” o “portadas a cinco columnas“, variando la terminología según el color del lector del diario.

La combinación exacta y casi alquímica de condiciones ambientales, tiempo de maduración, éxitos deportivos y portadas de periódico termina de completar la transformación del homínido balompédico en vaca sagrada. Suele producirse este en un periodo no inferior a cuatro años, salvo contadas excepciones.

Una vez transformado en vaca sagrada, el ejemplar disfrutará de una serie de prebendas otorgadas por su condición. Los periodistas clamarán por su titularidad, los aficionados la exigirán, sus errores se disculparán o se camuflarán de pretendido XXXXismo (sustitúyanse las Xs por el nombre del clan de pertenencia de la vaca), siendo esto cierto o no.

En ningún caso se cuestionará el estado de forma de la vaca sagrada, y cualquier homínido balompédico que aspire a ocupar su puesto será tratado con el triple de dureza que se le aplicaba antes a esta a la hora de juzgar sus méritos y deméritos. Y si por lo que fuese, esa figura de adorno pero obligatoria en cada clan denominada “entrenador”, osase cuestionar su vacasagridad, caerá sobre ella todo el peso de las portadas.

Hasta aquí nuestro documental de National Geographic de hoy. ¡Gracias por estar ahí!

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Un camino sin retorno

120 millones de euros. Eso es lo que tendrá que pagarle el Real Madrid al Tottenham, un montante desorbitado y a todas luces innecesario, por una de las pocas estrellas sueltas que quedaban por el mundo.

Cabe preguntarse qué sentido tiene ahora el fichaje de Bale a ese precio por el Real Madrid. Es un jugador enorme, un crack, y tiene 23 años tan sólo. Sobre eso no caben muchas dudas, pero tampoco cabían sobre Kaká cuando se le fichó por un palé de billetes de 500 euros, y ha sido el calentador de banquillos más caro de la historia del equipo blanco. Su glorioso trasero ha elevado la temperatura de los asientos Recaro a razón de 10 millones de euros al año, elevando el coste de su fichaje por encima de los 100.

Al llegar a este tercer párrafo, habrá lectores que piensen que el Real Madrid es soberano y puede hacer con su dinero lo que le dé la realísima gana. Sin entrar en por qué el banco le presta al Real Madrid 120 millones de euros y para el CSIC no hay un duro, eso no es exactamente cierto. Sigo defendiendo, y lo haré hasta que me muera o me echen de Grada360, que el Real Madrid y el Barcelona tienen una responsabilidad con el fútbol español que han ignorado repetidamente en la defensa egoísta de sus propios intereses. Primero, ignorando (sobre todo el Madrid) las necesidades a largo plazo de la selección española, que en buena medida recaen sobre sus hombros. Y segundo, con el mal uso que le dan al dinero que genera el fútbol español y del que ellos se llevan la parte del león.

Todo el dinero que se está marchando de la Liga hacia la Premier, la Bundesliga o el Calcio, son oportunidades que le damos a los rivales para que nos debiliten. Lo primero que ha hecho el Tottenham con el dinero de Bale ha sido comprarse a Soldado, pegando un buen tajo a la delantera del Valencia. Y esa es una constante que se repite por todos los equipos que no entran en la parte superior de la tabla. Excepto Madrid y Barcelona, ningún club se ha reforzado de manera significativa. Salvo, como me comenta Rodrigo Errasti, el Athletic de Bilbao, y ello sólo porque tiene unas particularidades que le facilitan la vida a veces -otras muchas se la complican-.

¿Cuánto podrá mantenerse este sinsentido? Tanto como el dinero de la Liga y las televisiones siga igual de mal repartido, que será sin duda mucho tiempo. En realidad el fútbol español ha emprendido un camino sin retorno para los equipos pequeños, que durante la próxima década están condenados a ver a Real Madrid y Barcelona repartirse las Ligas y los puestos de arriba de Champions, mientras ellos rascan alguna Copa que otra y ven como sus mejores jugadores acaban comiendo fish and chips en Londres, pizza en Roma o codillo en Munich.

Y en realidad, tampoco nadie quiere que esto cambie, ¿no?

120 millones de euros. Eso es lo que tendrá que pagarle el Real Madrid al Tottenham, un montante desorbitado y a todas luces innecesario, por una de las pocas estrellas sueltas que quedaban por el mundo.

Cabe preguntarse qué sentido tiene ahora el fichaje de Bale a ese precio por el Real Madrid. Es un jugador enorme, un crack, y tiene 23 años tan sólo. Sobre eso no caben muchas dudas, pero tampoco cabían sobre Kaká cuando se le fichó por un palé de billetes de 500 euros, y ha sido el calentador de banquillos más caro de la historia del equipo blanco. Su glorioso trasero ha elevado la temperatura de los asientos Recaro a razón de 10 millones de euros al año, elevando el coste de su fichaje por encima de los 100.

Al llegar a este tercer párrafo, habrá lectores que piensen que el Real Madrid es soberano y puede hacer con su dinero lo que le dé la realísima gana. Sin entrar en por qué el banco le presta al Real Madrid 120 millones de euros y para el CSIC no hay un duro, eso no es exactamente cierto. Sigo defendiendo, y lo haré hasta que me muera o me echen de Grada360, que el Real Madrid y el Barcelona tienen una responsabilidad con el fútbol español que han ignorado repetidamente en la defensa egoísta de sus propios intereses. Primero, ignorando (sobre todo el Madrid) las necesidades a largo plazo de la selección española, que en buena medida recaen sobre sus hombros. Y segundo, con el mal uso que le dan al dinero que genera el fútbol español y del que ellos se llevan la parte del león.

Todo el dinero que se está marchando de la Liga hacia la Premier, la Bundesliga o el Calcio, son oportunidades que le damos a los rivales para que nos debiliten. Lo primero que ha hecho el Tottenham con el dinero de Bale ha sido comprarse a Soldado, pegando un buen tajo a la delantera del Valencia. Y esa es una constante que se repite por todos los equipos que no entran en la parte superior de la tabla. Excepto Madrid y Barcelona, ningún club se ha reforzado de manera significativa. Salvo, como me comenta Rodrigo Errasti, el Bilbao, y ello sólo porque tiene unas particularidades que le facilitan la vida a veces -otras muchas se la complican-.

¿Cuánto podrá mantenerse este sinsentido? Tanto como el dinero de la Liga y las televisiones siga igual de mal repartido, que será sin duda mucho tiempo. En realidad el fútbol español ha emprendido un camino sin retorno para los equipos pequeños, que durante la próxima década están condenados a ver a Real Madrid y Barcelona repartirse las Ligas y los puestos de arriba de Champions, mientras ellos rascan alguna Copa que otra y ven como sus mejores jugadores acaban comiendo fish and chips en Londres, pizza en Roma o codillo en Munich.

Y en realidad, tampoco nadie quiere que esto cambie, ¿no?

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Comienza la era Ancelotti

Comienza una nueva era para el Real Madrid, una que lleva el nombre del 2 veces campeón de la Champions Carlo Ancelotti. El italiano lleva el peso de su nacionalidad por delante, algo que ha hecho que muchos viésemos con cierta prevención su fichaje por el club blanco. Están demasiado presentes en el recuerdo las soporíferas ligas de Fabio Capello o los partidos a la numantina de Mou -que cuando le daba la ventolera parecía más italiano que el Lambrusco y el queso parmesano-.

Hoy comienza una nueva era para el Real Madrid, una que lleva el nombre del 2 veces campeón de la Champions Carlo Ancelotti. El italiano lleva el peso de su nacionalidad por delante, algo que ha hecho que muchos viésemos con cierta prevención su fichaje por el club blanco. Están demasiado presentes en el recuerdo las soporíferas ligas de Fabio Capello o los partidos a la numantina de Mou -que cuando le daba la ventolera parecía más italiano que el Lambrusco y el queso parmesano-.

Ahora bien, cuando reflexionamos un poco, con gráficas en la mano, sobre la trayectoria del ex entrenador del PSG, vemos que sus técnicas apuntan hacia un modelo menos conservador que el de sus compatriotas. No es que de pronto vaya a atacar con seis delanteros, pero tampoco es Ancelotti entrenador de autobús y patapúm pa’rriba.

A Carlo se le ha fichado porque es un entrenador cómodo, que garantiza una cierta confianza en los resultados. Será complicado que veamos con él una paliza abrumadora como las últimas que tuvieron que aguantar los aficionados ante el Borussia de Dortmund. Es aficionado al sistema de tres medioscentros, trivote o como llamemos a esa acumulación en la medular que suele producir partidos lentos, juego menos vertical y supuesta “seguridad”. Sin embargo, ha sido lo suficientemente listo como para adaptar su estilo de juego cuando la ocasión lo requería, ya fuese porque le convencía la calidad de sus jugadores, ya fuese porque -como dicen las malas lenguas- tiene más miedo a un mal titular que a un gol en contra.

Aún es pronto para vaticinios, pero si tuviese que apostar por el sistema que empleará Ancelotti diría que será un 4-3-3, con Khedira cerrando la medular, Xavi o Illarramendi e Isco. Por delante, Ozil, Cristiano y Benzemá. Un juego que le permitirá contras rápidas, pero no abusando de ellas como hacía el Madrid de Mou. Su estilo irá hacia la creación y el toque, restando velocidad pero aumentando los recursos.

¿Es esto lo que necesita el Real Madrid ahora mismo? No exactamente. La renovación del club debería pasar por asumir que pueden pasarse tres o cuatro años en blanco y empezar a seguir el camino de la cantera. Eso daría un vuelco tremendo a la imagen del equipo y serviría para construir. Pero es algo que Ancelotti no hará en ningún caso. Poco amigo de arriesgar, es de esos cuya alineación es siempre la obvia. Al contrario de Mouriño, que llegaba a comprarse todos los periódicos del día para poner después la única combinación que no había aparecido en ninguno, el italiano es muy mainstream. Aunque considerando todas las opciones disponibles, Ancelotti no será malo para el club. Está por ver si conseguirá los resultados, en este momento de incertidumbre, pero desde luego a nivel de imagen al menos no supondrá el demérito constante del entrenador anterior. Y eso, al menos, es un avance.

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Illarramendi y la españolización

Algo está cambiando en el Real Madrid. Es posible que Florentino Pérez se haya dado cuenta -por fin- de que la selección campeona del mundo es la española. Es posible que no tenga dinero para Bale, es posible que crea que de esta forma se acercará más a la afición, es posible que se haya dado cuenta de que el club necesita un urgente cambio de imagen para resultar menos antipático.

Cualquiera de las razones expuestas podría ser válida, incluso podrían serlo todas. Podría ser que simplemente haya coincidido así, porque Florentino no ha sido el presidente de Primera División con más luces en su segundo advenimiento. El caso es que Morata, Carvajal, Nacho, Isco, Jesé e Illaramendi son los nombres de la temporada. Por primera vez en muchos años, el Real Madrid tendría 12 españoles de los 25 jugadores de la primera plantilla.

Algo está cambiando en el Real Madrid. Es posible que Florentino Pérez se haya dado cuenta -por fin- de que la selección campeona del mundo es la española. Es posible que no tenga dinero para Bale, es posible que crea que de esta forma se acercará más a la afición, es posible que se haya dado cuenta de que el club necesita un urgente cambio de imagen para resultar menos antipático.

Cualquiera de las razones expuestas podría ser válida, incluso podrían serlo todas. Podría ser que simplemente haya coincidido así, porque Florentino no ha sido el presidente de Primera División con más luces en su segundo advenimiento. El caso es que Morata, Carvajal, Nacho, Isco, Jesé e Illaramendi son los nombres de la temporada. Por primera vez en muchos años, el Real Madrid tendría 12 españoles de los 25 jugadores de la primera plantilla.

Esta novedad tiene que traducirse luego, lógicamente, en minutos de juego. Illarramendi y Xabi Alonso compiten por un mismo espacio, Isco sí puede desplazar a un extranjero, pero el resto de la alineación seguirá un esquema muy parecido al de otras temporadas. No es muy amigo Ancelotti de hacer cambios grandes.

En cualquier caso, la base de la selección española que ha de conquistar el mundial de Rusia 2018 pasa por todos estos jugadores. Serán ellos los que aspiren a levantar la copa del mundo en el Luzhniki Stadium. Así que ahora recae sobre el Real Madrid en su conjunto gran parte de la responsabilidad de mantener -frente a la hegemonía del Barça- a la espina dorsal de la Roja

Al final todo es una cuestión de minutos. Todos confiamos en que Zizou sea el nuevo entrenador del Madrid tras la marcha de Ancelotti -y es mucho adelantar, ya que para eso faltan como mínimo un par de temporadas-, confiando en que inicie una era de apuesta por la cantera y por el juego bonito. Mientras tanto, cae sobre el italiano la tarea de manejar al jugador que puede convertirse en el eje de la selección y del Real Madrid. Es indiscutible la inmensa labor que ha realizado Xabi Alonso a los mandos de ambos conjuntos, haciendo una tarea menos vistosa que la de Xavi pero igualmente productiva.

Illarramendi aparece cortado por el mismo patrón, un hombre capaz de manejar las pausas con la misma naturalidad que las transiciones, decidir cuándo correr y cuando parar. Pura potencia de procesamiento que le ha costado a Florentino casi 40 millones de euros. Ahora toca aprovecharlos, por el bien de todos.

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