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Categoría: Médula para Mateo
Mateo, o cuando los dioses se hacen carne

Deportistas de élite. No son como nosotros, admitámoslo. Han nacido con unos dones especiales. La capacidad de correr más rápido, saltar más alto, golpear más fuerte un balón, una pelota, una bola. Resisten más sobre una bicicleta, piensan mucho más rápido un regate. Ven una jugada sin mirar, simplemente sintiendo, a través de la piel, de la médula oblonga o del sentido arácnido, qué es lo que deben hacer.
La configuración mental de un deportista de élite no solo requiere del talento, sino de la fortaleza de voluntad precisa para convertirse en algo distinto. Llegar a la cumbre exige de unas tremendas dosis de sacrificio, dejando de lado todo lo que hace felices y normales a los jóvenes de su edad, hasta anularse, hasta convertirse en otra cosa, hasta llegar a donde tienen una posibilidad entre mil de llegar. Por cada Messi que se convierte en Messi, novecientos noventa y nueve messis se quedan por el camino, aniquilados por la ingente cantidad de cosas que pueden salir mal.
Son una anormalidad, una excepción, un error de la naturaleza. Monstruos de feria. Como tales, millones de personas pagan por ver sus rarezas, convertidas en arte o en épica simplemente porque es lo que queremos y deseamos contemplar. Y la suma de dones extraordinarios, inmadurez, configuración mental diferenciadora, la suerte y las paletadas de dinero que dejamos caer delante de sus puertas produce seres extraños. Viajan en aviones privados, conducen deportivos más caros que las casas de cualquiera de nosotros, viven en enormes mansiones apartadas de la gente. Para que esta no les persiga, no les agobie, no intente arrebatar un pedazo de divinidad cuando se cruce con ellos.
Son dioses. Como tales, se separan de nuestros problemas y de nuestras necesidades. No hacen la compra, no planchan su ropa, no se preocupan de lo que cuesta la comida que se están llevando a la boca ni de cómo pagaran la siguiente. Viven en un mundo endogámico, en una botella de cristal de la que no salen. Se vuelven arrogantes, indiferentes, autistas.
No siempre.
La vida más pequeña vale más que el gol más espectacular, que el passing shot más preciso, que el alley oop más inverosímil. Cualquiera que entienda esta verdad entiende también que es una verdad que nuestro mundo no apoya, ni defiende. Por eso cuando los dioses se detienen el tiempo suficiente como para reconocer esa verdad, cuando frenan sus frenéticas vidas lo bastante como para devolver mínimamente a la sociedad parte de lo mucho que reciben por lo poco que hacen, no queda sino sonreír y agradecérselo de todo corazón.
Vivimos en un planeta injusto, el que hemos creado estas criaturas falibles y poco confiables que somos los humanos. Pero en estos pequeños gestos, de dioses y mortales, está la posibilidad de que deje de serlo. Quizás todo lo que haga falta sea que nosotros, los mortales, comprendamos que el mérito de que Mateo se haya salvado sea en parte nuestro, y la responsabilidad de que los que vengan tras él se salven nos pertenece por completo. Porque los dioses no van a hacerse carne siempre que nos haga falta.
Para informarte sobre cómo donar médula y dar vida a niños como Mateo, puedes hacerlo aquí. Gracias por anticipado.

(...)
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