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Categoría: Barcelona
Puyol, un adiós sin mariconadas

Hay noticias que te encogen un poco el corazón. El adiós del Barça de Carles Puyol, no por esperado, es menos emotivo y emocionante. Para los que ya han llegado a mi edad, los 36, comenzamos a ver que todos los grandes deportistas que anuncian su despedida de la primera línea de batalla son más jóvenes que tú, lo cual ya incita al desaliento. Poco a poco he ido asumiendo que nunca seré futbolista profesional, algo que mi nula habilidad con el balón me anunciaba desde pequeño, pero a lo que mi corazón aspiraba secretamente mientras tuve edad para ello y aún después. El deporte se ahorró un manta que acabó cayendo en la literatura, pero de haberse cumplido mis sueños hubiese deseado con todas mis fuerzas llevar una carrera parecida a la de Puyol.

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Los periodistas solemos recurrir a la épica escalonada cuando narramos algo tan simple como un tío corriendo detrás de una pelota. Ello deviene en chorradas tan inmensas como llamar Pichichón a Cristiano o Gladiator a Messi, estupideces que la gente repite luego en los bares y en el metro. Nuestro afán por vender una historia nos lleva, titular tras titular, a narrar un cuento de buenos y malos, donde los malos son invariablemente los del equipo rival de aquel a quien apoyan el grueso de tus lectores. Gesta, proeza, leyenda… Todas esas mariconadas que devienen en una píldora de dudoso gusto pero fácil consumición, destinada a los que leen poco y piensan menos.

Hubo un momento en el que el enfrentamiento entre los buenos y los malos alimentado por cierto macarra de Setubal llegó a crispar a todo un país. Y entonces surgieron de ambos bandos señores con muebles en la cabeza y acero en las pelotas, que supieron que había que parar aquello y lo hicieron, dándole una lección al mundo del fútbol cuyos daños colaterales aún colean, pero que valió el reconocimiento de aquellos que piensan dos veces antes de hablar y tres antes de escribir, y también un premio.

Puyol no estaba en aquel premio y hubo un clamor por ello, pues todo el mundo sabía que había sido el principal artífice de la paz. Todos recordaremos durante muchos años su clase en el campo. Todos recordaremos durante muchos años este gol esencial.

Y probablemente olvidemos muy pronto su amabilidad, su sensatez y que habló, en voz baja y de forma discreta, gritando a los cuatro vientos que el fútbol es algo más sencillo que toda esta sarta de memeces pseudoheroicas. No son más que 22 y una pelota. A ras de hierba, al corte y sin mariconadas. Y después un abrazo y a la ducha.

Ole ahí, Carles. Gracias. Este madridista jamás te olvidará.


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La brasa del Balón de Oro

Resulta que al parecer hay unos cuantos señores que se meten en una web, teclean unos nombres y deciden quién es el mejor jugador del mundo. Antes lo daba una revista, como los paraguas y los monederos esos que regala el Vogue. Ahora se han juntado los señores de la FIFA, esa organización ejemplo de dignidad, honestidad y decencia, junto con los de la revista, y resulta que lo dan los dos. Todo muy oficial y muy bonito, porque votan muchos periodistas y hay una gala y tal.

Resulta que al parecer hay unos cuantos señores que se meten en una web, teclean unos nombres y deciden quién es el mejor jugador del mundo. Antes lo daba una revista, como los paraguas y los monederos esos que regala el Vogue. Ahora se han juntado los señores de la FIFA, esa organización ejemplo de dignidad, honestidad y decencia, junto con los de la revista, y resulta que lo dan los dos. Todo muy oficial y muy bonito, porque votan muchos periodistas y hay una gala y tal.

Resulta también que hay un señor que lo ha ganado cuatro veces seguidas, que ahora está lesionado, y hay otro señor que lo ha ganado una y ha quedado segundo cuatro. Y ese señor acaba de meter tres golazos en un encuentro internacional y casualmente la FIFA amplía la votación unos días más, no se sabe muy bien por qué.

En esta columna suelo preguntarme realmente qué es deporte y qué no lo es. Qué es fútbol y qué es dinero, qué es espectáculo y que es simplemente postureo ridículo. A Cristiano le van a dar el Balón de Oro, primero porque se lo merece con creces, ya que es un premio individual, y los argumentos sobre si ha ganado o no ha ganado nada son puro aire y pataleta roselliana.

Pero ¿qué pasa si no se lo dan? ¿Se caerán las letras del nombre del estadio? ¿Pagarán menos los del banco portugués ese que anuncia CR7? ¿Qué demonios pasa si se lo dan a Messi, que también ha hecho un año formidable, o a Ribery, que aunque sea más feo que un calcetín sudado ganó casi él solito la Champions?

Nada, por supuesto. Cristiano pondrá cara de culo, si es que va, que la FIFA no se merece que vaya, pasaremos un par de días comentándolo y buscaremos la siguiente burbuja que cabalgar.

La realidad es que Cristiano Ronaldo lleva 66 goles en lo que va de año, va a gol por partido con el Real Madrid desde que viste la camiseta blanca. Que si no gana más títulos es porque Florentino decidió hace unos años que la telegenia era más interesante que el sosiego, puso a Del Bosque en la calle y comenzó una espiral absurda de la que no saldrá el equipo hasta que él salga por la puerta y alguien comience a andar el camino que tan acertadamente señaló el Barsa hace muchos años.

(Para los florentinistas, tranquilos que eso no ocurrirá, antes se le cambia el nombre al estadio que renuncia Floren a liderar el madridista de talonario. Oh, esperen, eso ya va a suceder).

La conclusión es que de nuevo periodistas y aficionados vuelven a las trincheras para determinar quién es el mejor del mundo, volvemos a dar la paliza y seguramente será cuestión de estado y motivo de reunión de Artur Mas con Rajoy (como poco) si el maravilloso y hueco galardón no acabe en manos de ese símbolo del catalanismo nacido en Rosario, Argentina, y termine en manos de ese símbolo del madridismo nacido en Madeira, Portugal.

Y nos olvidaremos todos de que esa votación no es más que una opinión de unos cuantos, que no resta ni un gol al palmarés de Cristiano, ni un solo quiebro de infarto al historial de Messi, ni echa nada en el bolsillo de ninguno de nosotros.

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Resulta también que hay un señor que lo ha ganado cuatro veces seguidas, que ahora está lesionado, y hay otro señor que lo ha ganado una y ha quedado segundo cuatro. Y ese señor acaba de meter tres golazos en un encuentro internacional y casualmente la FIFA amplía la votación unos días más, no se sabe muy bien por qué.

En esta columna suelo preguntarme realmente qué es deporte y qué no lo es. Qué es fútbol y qué es dinero, qué es espectáculo y que es simplemente postureo ridículo. A Cristiano le van a dar el Balón de Oro, primero porque se lo merece con creces, ya que es un premio individual, y los argumentos sobre si ha ganado o no ha ganado nada son puro aire y pataleta roselliana.

Pero ¿qué pasa si no se lo dan? ¿Se caerán las letras del nombre del estadio? ¿Pagarán menos los del banco portugués ese que anuncia CR7? ¿Qué demonios pasa si se lo dan a Messi, que también ha hecho un año formidable, o a Ribery, que aunque sea más feo que un calcetín sudado ganó casi él solito la Champions?

Nada, por supuesto. Cristiano pondrá cara de culo, si es que va, que la FIFA no se merece que vaya, pasaremos un par de días comentándolo y buscaremos la siguiente burbuja que cabalgar.

La realidad es que Cristiano Ronaldo lleva 66 goles en lo que va de año, va a gol por partido con el Real Madrid desde que viste la camiseta blanca. Que si no gana más títulos es porque Florentino decidió hace unos años que la telegenia era más interesante que el sosiego, puso a Del Bosque en la calle y comenzó una espiral absurda de la que no saldrá el equipo hasta que él salga por la puerta y alguien comience a andar el camino que tan acertadamente señaló el Barsa hace muchos años.

(Para los florentinistas, tranquilos que eso no ocurrirá, antes se le cambia el nombre al estadio que renuncia Floren a liderar el madridista de talonario. Oh, esperen, eso ya va a suceder).

La conclusión es que de nuevo periodistas y aficionados vuelven a las trincheras para determinar quién es el mejor del mundo, volvemos a dar la paliza y seguramente será cuestión de estado y motivo de reunión de Artur Mas con Rajoy (como poco) si el maravilloso y hueco galardón no acabe en manos de ese símbolo del catalanismo nacido en Rosario, Argentina, y termine en manos de ese símbolo del madridismo nacido en Madeira, Portugal.

Y nos olvidaremos todos de que esa votación no es más que una opinión de unos cuantos, que no resta ni un gol al palmarés de Cristiano, ni un solo quiebro de infarto al historial de Messi, ni echa nada en el bolsillo de ninguno de nosotros.


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Casillas y la puerta

Atención, estudiantes, apunten el enunciado del siguiente problema:

“En un multimillonario club de fútbol tenemos a un futbolista de la categoría vaca sagrada que no juega y tenemos una puerta. Calcule usted el tiempo que el futbolista tardará en usarla considerando que:

a) Media afición quiere que se vaya y la otra que se quede

b) Los argumentos del futbolista son “Ahora me entreno bien, no como antes”.

c) Al club eso de hacer caja le vendría bien.

d) El presidente no le puede ver delante.”

La respuesta a la anterior ecuación matemática parece sencilla, pero nada más lejos de la realidad. El fútbol y el ambiente que rodea a los clubs de primer nivel, las relaciones internas y las presiones externas, son una pesadilla kafkiana que haría enloquecer a Escher. Arriba, abajo, izquierda y derecha están totalmente confundidos, y ni siquiera el éxito garantiza la continuidad. Que se lo digan a Del Bosque.

Así que ahí tenemos a Casillas, que sobre el papel es el mejor portero del mundo, el levantador de copas del mundo. Y por otro lado tenemos a Diego López, un chaval con menos galones que parece que para bien. Y por otro lado tenemos un ego y una puerta. Y por otro lado tenemos una afición y un presidente y unas condiciones económicas y unos resultados que pueden venir o no, y unas lesiones, y unos agentes, y unas declaraciones… y ni la más remota idea de lo que puede suceder en el futuro.

Si a mi me preguntasen qué opino, creo que Iker Casillas terminará la temporada como portero titular del Real Madrid, muy probablemente jugando la final de la Champions contra el Bayern de Guardiola. Que el Barsa será una apisonadora en Liga que sufrirá una pájara en Europa y que Rajoy irá vestido de faralaes a un Debate sobre el Estado de la Nación. Claro que esto no dejan de ser preferencias personales basadas en la intuición, en las copas que me tomé anoche y en lo que me ha salido de las narices mientras escribía el artículo. ¿Porqué? Porque esto es en definitiva una columna de opinión, un espacio donde se analizan situaciones complejísimas con una venda en los ojos y una mano atada a la espalda.

Hay en el club de Concha Espina un Fantasma Pernicioso que traga millones y no escupe copas, y en próximos artículos intentaremos analizar el por qué de ese comportamiento que se antoja ya insostenible. Pero mientras tanto, soñemos con Champions y trajes de faralaes mientras el mejor portero del mundo (sobre el papel) se pone ciego a pipas Facundo (sobre la grada).

Atención, estudiantes, apunten el enunciado del siguiente problema:

“En un multimillonario club de fútbol tenemos a un futbolista de la categoría vaca sagrada que no juega y tenemos una puerta. Calcule usted el tiempo que el futbolista tardará en usarla considerando que:

a) Media afición quiere que se vaya y la otra que se quede

b) Los argumentos del futbolista son “Ahora me entreno bien, no como antes”.

c) Al club eso de hacer caja le vendría bien.

d) El presidente no le puede ver delante.”

La respuesta a la anterior ecuación matemática parece sencilla, pero nada más lejos de la realidad. El fútbol y el ambiente que rodea a los clubs de primer nivel, las relaciones internas y las presiones externas, son una pesadilla kafkiana que haría enloquecer a Escher. Arriba, abajo, izquierda y derecha están totalmente confundidos, y ni siquiera el éxito garantiza la continuidad. Que se lo digan a Del Bosque.

Así que ahí tenemos a Casillas, que sobre el papel es el mejor portero del mundo, el levantador de copas del mundo. Y por otro lado tenemos a Diego López, un chaval con menos galones que parece que para bien. Y por otro lado tenemos un ego y una puerta. Y por otro lado tenemos una afición y un presidente y unas condiciones económicas y unos resultados que pueden venir o no, y unas lesiones, y unos agentes, y unas declaraciones… y ni la más remota idea de lo que puede suceder en el futuro.

Si a mi me preguntasen qué opino, creo que Iker Casillas terminará la temporada como portero titular del Real Madrid, muy probablemente jugando la final de la Champions contra el Bayern de Guardiola. Que el Barsa será una apisonadora en Liga que sufrirá una pájara en Europa y que Rajoy irá vestido de faralaes a un Debate sobre el Estado de la Nación. Claro que esto no dejan de ser preferencias personales basadas en la intuición, en las copas que me tomé anoche y en lo que me ha salido de las narices mientras escribía el artículo. ¿Porqué? Porque esto es en definitiva una columna de opinión, un espacio donde se analizan situaciones complejísimas con una venda en los ojos y una mano atada a la espalda.

Hay en el club de Concha Espina un Fantasma Pernicioso que traga millones y no escupe copas, y en próximos artículos intentaremos analizar el por qué de ese comportamiento que se antoja ya insostenible. Pero mientras tanto, soñemos con Champions y trajes de faralaes mientras el mejor portero del mundo (sobre el papel) se pone ciego a pipas Facundo (sobre la grada).


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Vaca sagrada

La vaca sagrada (Bos primigenius sacratus) es un mamífero homínido balompédico que tiene su hábitat en los campos, vestuarios y zonas nobles de los equipos grandes de fútbol. Son reconocibles desde cierta distancia, diferenciables de otros homínidos balompédicos por una nómina elevada (no siempre la más alta) y un aura intangible que les protege de todo mal.

La vaca sagrada (Bos primigenius sacratus) es un mamífero homínido balompédico que tiene su hábitat en los campos, vestuarios y zonas nobles de los equipos grandes de fútbol. Son reconocibles desde cierta distancia, diferenciables de otros homínidos balompédicos por una nómina elevada (no siempre la más alta) y un aura intangible que les protege de todo mal.

La vaca sagrada nunca nace vaca sagrada, salvo raras excepciones como el Raulibus Gonzalus, capaz de realizar grandes proezas desde el día de su debut. Normalmente deviene en vaca sagrada desde un estado primario de homínido balompédico corriente, más dotado que el resto, pero aún sin formar del todo.

Cuando el homínido balompédico común ejecuta grandes proezas puede no llegar a convertirse en vaca sagrada. Para eso es preciso que la futura vaca realice una serie de rituales mágicos transformadores, desde besar el escudo de la camiseta con profusión en cada partido hasta encararse con homínidos balompédicos de manadas rivales dentro y fuera del campo. Sin embargo estos rituales, que han de ser repetidos a lo largo de los años, tampoco garantizan la transformación en vaca sagrada. La etología nos enseña casos como el Ikeribus Casillus, un tipo particular de vaca sagrada que ha realizado actos de hermanamiento con machos alfa de manadas rivales, saliendo reforzado de los encuentros.

Donde realmente logra pasar la vaca sagrada de pupa a crisálida es en las zonas de abrevadero de animales del entorno del homínido balompédico, conocidos comúnmente como periodistas deportivos. La vaca sagrada acude a las zonas de pasto y abrevadero en los reservados de restaurantes de lujo, normalmente de nombre vasco, y allí hace ofrendas de alimento y copas. De semejante interacción suelen resultar cambios en el ecosistema, conocidos comúnmente como “mamadas a tres tiempos” o “portadas a cinco columnas“, variando la terminología según el color del lector del diario.

La combinación exacta y casi alquímica de condiciones ambientales, tiempo de maduración, éxitos deportivos y portadas de periódico termina de completar la transformación del homínido balompédico en vaca sagrada. Suele producirse este en un periodo no inferior a cuatro años, salvo contadas excepciones.

Una vez transformado en vaca sagrada, el ejemplar disfrutará de una serie de prebendas otorgadas por su condición. Los periodistas clamarán por su titularidad, los aficionados la exigirán, sus errores se disculparán o se camuflarán de pretendido XXXXismo (sustitúyanse las Xs por el nombre del clan de pertenencia de la vaca), siendo esto cierto o no.

En ningún caso se cuestionará el estado de forma de la vaca sagrada, y cualquier homínido balompédico que aspire a ocupar su puesto será tratado con el triple de dureza que se le aplicaba antes a esta a la hora de juzgar sus méritos y deméritos. Y si por lo que fuese, esa figura de adorno pero obligatoria en cada clan denominada “entrenador”, osase cuestionar su vacasagridad, caerá sobre ella todo el peso de las portadas.

Hasta aquí nuestro documental de National Geographic de hoy. ¡Gracias por estar ahí!

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Un camino sin retorno

120 millones de euros. Eso es lo que tendrá que pagarle el Real Madrid al Tottenham, un montante desorbitado y a todas luces innecesario, por una de las pocas estrellas sueltas que quedaban por el mundo.

Cabe preguntarse qué sentido tiene ahora el fichaje de Bale a ese precio por el Real Madrid. Es un jugador enorme, un crack, y tiene 23 años tan sólo. Sobre eso no caben muchas dudas, pero tampoco cabían sobre Kaká cuando se le fichó por un palé de billetes de 500 euros, y ha sido el calentador de banquillos más caro de la historia del equipo blanco. Su glorioso trasero ha elevado la temperatura de los asientos Recaro a razón de 10 millones de euros al año, elevando el coste de su fichaje por encima de los 100.

Al llegar a este tercer párrafo, habrá lectores que piensen que el Real Madrid es soberano y puede hacer con su dinero lo que le dé la realísima gana. Sin entrar en por qué el banco le presta al Real Madrid 120 millones de euros y para el CSIC no hay un duro, eso no es exactamente cierto. Sigo defendiendo, y lo haré hasta que me muera o me echen de Grada360, que el Real Madrid y el Barcelona tienen una responsabilidad con el fútbol español que han ignorado repetidamente en la defensa egoísta de sus propios intereses. Primero, ignorando (sobre todo el Madrid) las necesidades a largo plazo de la selección española, que en buena medida recaen sobre sus hombros. Y segundo, con el mal uso que le dan al dinero que genera el fútbol español y del que ellos se llevan la parte del león.

Todo el dinero que se está marchando de la Liga hacia la Premier, la Bundesliga o el Calcio, son oportunidades que le damos a los rivales para que nos debiliten. Lo primero que ha hecho el Tottenham con el dinero de Bale ha sido comprarse a Soldado, pegando un buen tajo a la delantera del Valencia. Y esa es una constante que se repite por todos los equipos que no entran en la parte superior de la tabla. Excepto Madrid y Barcelona, ningún club se ha reforzado de manera significativa. Salvo, como me comenta Rodrigo Errasti, el Athletic de Bilbao, y ello sólo porque tiene unas particularidades que le facilitan la vida a veces -otras muchas se la complican-.

¿Cuánto podrá mantenerse este sinsentido? Tanto como el dinero de la Liga y las televisiones siga igual de mal repartido, que será sin duda mucho tiempo. En realidad el fútbol español ha emprendido un camino sin retorno para los equipos pequeños, que durante la próxima década están condenados a ver a Real Madrid y Barcelona repartirse las Ligas y los puestos de arriba de Champions, mientras ellos rascan alguna Copa que otra y ven como sus mejores jugadores acaban comiendo fish and chips en Londres, pizza en Roma o codillo en Munich.

Y en realidad, tampoco nadie quiere que esto cambie, ¿no?

120 millones de euros. Eso es lo que tendrá que pagarle el Real Madrid al Tottenham, un montante desorbitado y a todas luces innecesario, por una de las pocas estrellas sueltas que quedaban por el mundo.

Cabe preguntarse qué sentido tiene ahora el fichaje de Bale a ese precio por el Real Madrid. Es un jugador enorme, un crack, y tiene 23 años tan sólo. Sobre eso no caben muchas dudas, pero tampoco cabían sobre Kaká cuando se le fichó por un palé de billetes de 500 euros, y ha sido el calentador de banquillos más caro de la historia del equipo blanco. Su glorioso trasero ha elevado la temperatura de los asientos Recaro a razón de 10 millones de euros al año, elevando el coste de su fichaje por encima de los 100.

Al llegar a este tercer párrafo, habrá lectores que piensen que el Real Madrid es soberano y puede hacer con su dinero lo que le dé la realísima gana. Sin entrar en por qué el banco le presta al Real Madrid 120 millones de euros y para el CSIC no hay un duro, eso no es exactamente cierto. Sigo defendiendo, y lo haré hasta que me muera o me echen de Grada360, que el Real Madrid y el Barcelona tienen una responsabilidad con el fútbol español que han ignorado repetidamente en la defensa egoísta de sus propios intereses. Primero, ignorando (sobre todo el Madrid) las necesidades a largo plazo de la selección española, que en buena medida recaen sobre sus hombros. Y segundo, con el mal uso que le dan al dinero que genera el fútbol español y del que ellos se llevan la parte del león.

Todo el dinero que se está marchando de la Liga hacia la Premier, la Bundesliga o el Calcio, son oportunidades que le damos a los rivales para que nos debiliten. Lo primero que ha hecho el Tottenham con el dinero de Bale ha sido comprarse a Soldado, pegando un buen tajo a la delantera del Valencia. Y esa es una constante que se repite por todos los equipos que no entran en la parte superior de la tabla. Excepto Madrid y Barcelona, ningún club se ha reforzado de manera significativa. Salvo, como me comenta Rodrigo Errasti, el Bilbao, y ello sólo porque tiene unas particularidades que le facilitan la vida a veces -otras muchas se la complican-.

¿Cuánto podrá mantenerse este sinsentido? Tanto como el dinero de la Liga y las televisiones siga igual de mal repartido, que será sin duda mucho tiempo. En realidad el fútbol español ha emprendido un camino sin retorno para los equipos pequeños, que durante la próxima década están condenados a ver a Real Madrid y Barcelona repartirse las Ligas y los puestos de arriba de Champions, mientras ellos rascan alguna Copa que otra y ven como sus mejores jugadores acaban comiendo fish and chips en Londres, pizza en Roma o codillo en Munich.

Y en realidad, tampoco nadie quiere que esto cambie, ¿no?

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Herr Guardiola

Existen muchas clases de personas. Están los que van de frente y los que van por detrás. Están los que crean los problemas y están los que los evitan. Están los que quieren llegar en dos patadas al área y los que mueven la pelota hasta que te marean.

Existen muchas clases de personas. Están los que van de frente y los que van por detrás. Están los que crean los problemas y están los que los evitan. Están los que quieren llegar en dos patadas al área y los que mueven la pelota hasta que te marean.

Durante muchos meses de la famosa y encarnizada pelea entre guardiolismo y mouriñismo, un servidor se alineó en las filas de los segundos. Creí, equivocadamente, que tenía que haber forzosamente algo oscuro oculto tras el mensaje buenrollista de Guardiola. No es que merezca el altar en el que le colocaron los medios catalanes, ni tampoco era el ser sibilino y manipulador con el que nos quisieron enquistar los medios madridistas.

Con sus defectos, que no vienen al caso, Guardiola es, símplemente, un señor al que le gusta el fútbol.

Se marchó del Barça dejando el pabellón altísimo, tan alto que tardarán décadas en igualarle, pero no superarle, a no ser que se inventen más títulos además de los seis que ganó en un solo año. Es fácil pensar que se fue cuando intuía el final del ciclo, pero no parece que la cosa esté tan clara después de que los azulgrana hayan vuelto a conquistar la Liga y el Madrid dé signos de mayor debilidad que nunca. Es facilón, obvio y hasta de perogrullo remarcar que se va al Bayern de Munich, campeonísimo de Europa después de fregar el suelo con los cupés en el Camp Nou y en el Allianz Arena.

Pero esperen un momento. Eso Guardiola tuvo que haberlo visto hace casi dos años, cuando tomó la decisión. Cuando la información no estaba tan clara como la tenemos hoy todos los columnistas, que somos unos listillos y unos futurólogos increíbles a toro pasado. Así que apúntenle una al señor Guardiola.

Y también sería facilón pensar que claro, que lo ganó todo porque tenía a los mejores del mundo. Sí, claro, y también el Cosmos de Nueva York tuvo a Pelé y a Beckenbauer y todos sabemos lo bien que les fue. La herramienta es importante, pero la mano cuenta. Apúntenle otra al señor Guardiola.

Y también sería sencillo suponer que ahora, lejos de su entorno y de su casa, de unos medios entregados y una afición que le admira desde hace décadas, Guardiola lo va a hacer mal. Que pasará sin pena ni gloria, que fue sólo un chico que pasaba por allí. Y ante los ojos atentos y los oídos dispuestos de los que desean esto, Guardiola reapareció en su presentación como entrenador del Bayern hablando en un correctísimo -dicen- alemán, demostrando que no ha llegado a poner la cara sino a conquistar un espacio. Un respeto que se le ha hurtado por ser un chico de la casa en los años en los que esa casa llegó donde nunca se había llegado antes.

Apúntenle otra al señor Guardiola. O mejor dicho, a herr Guardiola. Viel Erfolg!*


*(Excepto en semifinales de Champions contra los equipos españoles. Tampoco lo cargues.)

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