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Fecha: October, 2013
Qatar 2022, un mundial manchado de sangre
cuestiondepelotas 30-10-2013 | 3:24 | 0

Mientras Joseph Blatter, el presidente de la FIFA, se dedica a actividades tan poco presidenciales como imitar estilo Chiquito de la Calzada a Cristiano Ronaldo, en la sede de su organización se debate si el mundial de Qatar 2022 se jugaría en invierno, en lugar de en verano. Al parecer la carretada de petrodólares que quiere percibir la FIFA alcanza para abanicar a los paniaguados directivos, pero no alcanza a refrigerar los campos de juego, y no es plan que Messi se ponga a sudar la gota gorda a 50º, que para esa fecha ya irá mayorcito.

Por supuesto el perjuicio que podría suponer para todas las ligas de fútbol del mundo el parar durante más de un mes para que se celebre un mundial, a Blatter y compañía se la sopla, bufa, menea y resbala a tres tiempos. Para la FIFA, el organismo que debe cuidar por la salud del fútbol mundial, sólo hay un indicativo de salud y no se mide en grados centígrados sino en porcentajes de audiencia y royalties por derechos de imagen.

Con ese clima infernal cabe preguntarse por qué le dieron el mundial 2022 a Qatar, para empezar. Es fácil. Hubo un país que presentó una candidatura y unos señores que fueron a evaluarla. Esos señores que fueron a evaluarla se alojaron en un hotel de 5 estrellas repleto de escorts de las de a 1000 euros la hora, Dom Perignon servido a grifo y bandejas de oro con sospechosos polvos blancos, mientras se leían un PDF. Vieron un PDF en lugar de instalaciones porque en Qatar no hay NADA. Es un desierto, ¿saben?

Por supuesto, el cómo se consiguen unas instalaciones de primer nivel en un país cuya tradición futbolística es nula, importa poco a la FIFA, pero debería importarnos a nosotros. Sobre todo porque la Confederación Sindical Internacional acaba de informar que para que las instalaciones previstas para el Mundial estuviesen terminadas a tiempo, 4000 trabajadores podrían perder la vida en las inhumanas condiciones laborales en las que se encuentran.

Sin agua potable, sin comida decente, viviendo hacinados en pisos patera, en turnos infernales, constantemente enfermos y por poco más de 7 euros diarios. Ahora mismo en Qatar muere un obrero al día, pero la ITUC advierte de que esa cifra va a aumentar.

Probablemente a Joseph Blatter las condiciones de trabajo del señor que está construyendo el palco donde él aposentará su gordo culo le importen poco, pero a mi sí me importan. No veré un mundial que se ha edificado sobre la sangre derramada de miles de esclavos. Ojalá todo el mundo se enterase de esto de forma que se formase un escándalo que hiciese a la FIFA rectificar. Pero muy grande tendría que ser el ruido para atravesar la muralla de petrodólares.

Mientras Joseph Blatter, el presidente de la FIFA, se dedica a actividades tan poco presidenciales como imitar estilo Chiquito de la Calzada a Cristiano Ronaldo, en la sede de su organización se debate si el mundial de Qatar 2022 se jugaría en invierno, en lugar de en verano. Al parecer la carretada de petrodólares que quiere percibir la FIFA alcanza para abanicar a los paniaguados directivos, pero no alcanza a refrigerar los campos de juego, y no es plan que Messi se ponga a sudar la gota gorda a 50º bajo cero, que para esa fecha ya irá mayorcito.

Por supuesto el perjuicio que podría suponer para todas las ligas de fútbol del mundo el parar durante más de un mes para que se celebre un mundial, a Blatter y compañía se la sopla, bufa, menea y resbala a tres tiempos. Para la FIFA, el organismo que debe cuidar por la salud del fútbol mundial, sólo hay un indicativo de salud y no se mide en grados centígrados sino en porcentajes de audiencia y royalties por derechos de imagen.

Con ese clima infernal cabe preguntarse por qué le dieron el mundial 2022 a Qatar, para empezar. Es fácil. Hubo un país que presentó una candidatura y unos señores que fueron a evaluarla. Esos señores que fueron a evaluarla se alojaron en un hotel de 5 estrellas repleto de escorts de las de a 1000 euros la hora, Dom Perignon servido a grifo y bandejas de oro con sospechosos polvos blancos, mientras se leían un PDF. Vieron un PDF en lugar de instalaciones porque en Qatar no hay NADA. Es un desierto, ¿saben?

Por supuesto, el cómo se consiguen unas instalaciones de primer nivel en un país cuya tradición futbolística es nula, importa poco a la FIFA, pero debería importarnos a nosotros. Sobre todo porque la Confederación Sindical Internacional acaba de informar que para que las instalaciones previstas para el Mundial estuviesen terminadas a tiempo, 4000 trabajadores podrían perder la vida en las inhumanas condiciones laborales en las que se encuentran.

Sin agua potable, sin comida decente, viviendo hacinados en pisos patera, en turnos infernales, constantemente enfermos y por poco más de 7 euros diarios. Ahora mismo en Qatar muere un obrero al día, pero la ITUC advierte de que esa cifra va a aumentar.

Probablemente a Joseph Blatter las condiciones de trabajo del señor que está construyendo el palco donde él aposentará su gordo culo le importen poco, pero a mi sí me importan. No veré un mundial que se ha edificado sobre la sangre derramada de miles de esclavos. Ojalá todo el mundo se enterase de esto de forma que se formase un escándalo que hiciese a la FIFA rectificar. Pero muy grande tendría que ser el ruido para atravesar la muralla de petrodólares.


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Casillas y la puerta
cuestiondepelotas 19-10-2013 | 9:37 | 0

Atención, estudiantes, apunten el enunciado del siguiente problema:

“En un multimillonario club de fútbol tenemos a un futbolista de la categoría vaca sagrada que no juega y tenemos una puerta. Calcule usted el tiempo que el futbolista tardará en usarla considerando que:

a) Media afición quiere que se vaya y la otra que se quede

b) Los argumentos del futbolista son “Ahora me entreno bien, no como antes”.

c) Al club eso de hacer caja le vendría bien.

d) El presidente no le puede ver delante.”

La respuesta a la anterior ecuación matemática parece sencilla, pero nada más lejos de la realidad. El fútbol y el ambiente que rodea a los clubs de primer nivel, las relaciones internas y las presiones externas, son una pesadilla kafkiana que haría enloquecer a Escher. Arriba, abajo, izquierda y derecha están totalmente confundidos, y ni siquiera el éxito garantiza la continuidad. Que se lo digan a Del Bosque.

Así que ahí tenemos a Casillas, que sobre el papel es el mejor portero del mundo, el levantador de copas del mundo. Y por otro lado tenemos a Diego López, un chaval con menos galones que parece que para bien. Y por otro lado tenemos un ego y una puerta. Y por otro lado tenemos una afición y un presidente y unas condiciones económicas y unos resultados que pueden venir o no, y unas lesiones, y unos agentes, y unas declaraciones… y ni la más remota idea de lo que puede suceder en el futuro.

Si a mi me preguntasen qué opino, creo que Iker Casillas terminará la temporada como portero titular del Real Madrid, muy probablemente jugando la final de la Champions contra el Bayern de Guardiola. Que el Barsa será una apisonadora en Liga que sufrirá una pájara en Europa y que Rajoy irá vestido de faralaes a un Debate sobre el Estado de la Nación. Claro que esto no dejan de ser preferencias personales basadas en la intuición, en las copas que me tomé anoche y en lo que me ha salido de las narices mientras escribía el artículo. ¿Porqué? Porque esto es en definitiva una columna de opinión, un espacio donde se analizan situaciones complejísimas con una venda en los ojos y una mano atada a la espalda.

Hay en el club de Concha Espina un Fantasma Pernicioso que traga millones y no escupe copas, y en próximos artículos intentaremos analizar el por qué de ese comportamiento que se antoja ya insostenible. Pero mientras tanto, soñemos con Champions y trajes de faralaes mientras el mejor portero del mundo (sobre el papel) se pone ciego a pipas Facundo (sobre la grada).

Atención, estudiantes, apunten el enunciado del siguiente problema:

“En un multimillonario club de fútbol tenemos a un futbolista de la categoría vaca sagrada que no juega y tenemos una puerta. Calcule usted el tiempo que el futbolista tardará en usarla considerando que:

a) Media afición quiere que se vaya y la otra que se quede

b) Los argumentos del futbolista son “Ahora me entreno bien, no como antes”.

c) Al club eso de hacer caja le vendría bien.

d) El presidente no le puede ver delante.”

La respuesta a la anterior ecuación matemática parece sencilla, pero nada más lejos de la realidad. El fútbol y el ambiente que rodea a los clubs de primer nivel, las relaciones internas y las presiones externas, son una pesadilla kafkiana que haría enloquecer a Escher. Arriba, abajo, izquierda y derecha están totalmente confundidos, y ni siquiera el éxito garantiza la continuidad. Que se lo digan a Del Bosque.

Así que ahí tenemos a Casillas, que sobre el papel es el mejor portero del mundo, el levantador de copas del mundo. Y por otro lado tenemos a Diego López, un chaval con menos galones que parece que para bien. Y por otro lado tenemos un ego y una puerta. Y por otro lado tenemos una afición y un presidente y unas condiciones económicas y unos resultados que pueden venir o no, y unas lesiones, y unos agentes, y unas declaraciones… y ni la más remota idea de lo que puede suceder en el futuro.

Si a mi me preguntasen qué opino, creo que Iker Casillas terminará la temporada como portero titular del Real Madrid, muy probablemente jugando la final de la Champions contra el Bayern de Guardiola. Que el Barsa será una apisonadora en Liga que sufrirá una pájara en Europa y que Rajoy irá vestido de faralaes a un Debate sobre el Estado de la Nación. Claro que esto no dejan de ser preferencias personales basadas en la intuición, en las copas que me tomé anoche y en lo que me ha salido de las narices mientras escribía el artículo. ¿Porqué? Porque esto es en definitiva una columna de opinión, un espacio donde se analizan situaciones complejísimas con una venda en los ojos y una mano atada a la espalda.

Hay en el club de Concha Espina un Fantasma Pernicioso que traga millones y no escupe copas, y en próximos artículos intentaremos analizar el por qué de ese comportamiento que se antoja ya insostenible. Pero mientras tanto, soñemos con Champions y trajes de faralaes mientras el mejor portero del mundo (sobre el papel) se pone ciego a pipas Facundo (sobre la grada).


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Españoles, Discapacitados
cuestiondepelotas 09-10-2013 | 2:26 | 0

Me pasa Rodrigo Errasti el enlace a la noticia del juicio a los falsos paralíticos españoles que “ganaron” el oro de baloncesto en Sidney 2000, e inmediatamente se me encienden los ánimos, los bemoles y todos los sinónimos que usted, amable lector, ya se imagina solito. y aunque iba a hablar de Fernando Alonso, pues no me queda otra que dejarlo para la semana que viene y volcar mis ansias de justicia en este texto.

Existen muchas formas de escribir un post como este. Podría burlarme cruelmente de los estafadores malnacidos que pergeñaron este timo. Sería fácil e incluso divertido. Cuando uno tiene un mínimo de capacidad para juntar letras, el insulto y el escarnio brotan con cierta facilidad del teclado, casi como si las letras tirasen de las puntas de los dedos hacia abajo en el orden preciso. Es muy sencillo reírse de los demás cuando uno puede, pero no sería justo.

Podría también indagar en las vidas de los timadores de tres al cuarto, denunciar dónde trabajan y cuál es su entorno. En este mundo hiperconectado no me llevaría más de un par de horas. Es muy sencillo avergonzar a los demás cuando uno puede, pero no sería honesto.

Podría coger una a una las fotos de esta panda de ladronzuelos, ir describiendo cada uno de sus defectos físicos, adosarles tres o cuatro metáforas dolorosas y convertirlos en caricaturas. Es muy sencillo humillar a los demás cuando uno puede, pero no sería decente.

Al fin y al cabo, de eso trata este post. De justicia, honestidad y decencia. Dar a cada uno lo suyo, no ponerse por encima de los demás y jugar según las normas. Eso es deporte. El deporte es igual para CR7 que para un discapacitado. Dos personas se ponen frente a frente en condiciones de igualdad, y gana el mejor. Pero no pondríamos a correr a CR7 contra un discapacitado intelectual, porque entendemos que hay unos principios de igualdad ante la ley.

¿Qué clase de personas es capaz de idear un engaño de ese calibre, engañar a todo el comité Paralímpico y presentarse a los Juegos con sólo dos de los doce participantes con una discapacidad real? ¿Qué clase de majaderos se arrogan el derecho de humillar a los demás, por no se sabe muy bien qué motivos? ¿Qué clase de individuos son capaces de hacer algo así, vistiendo los colores de su patria? Les diré lo que que está pensando el mundo entero ahora mismo:

Españoles.

¿Saben lo doloroso que resulta viajar a otros países y escuchar de aficionados al deporte que nuestra tradicional lasitud y permisividad hacia el tramposo y el estafador se traslada con toda naturalidad a los terrenos de juego? Sí, podríamos pensar en ciclismo o en atletismo, pero el problema tiene una raíz más profunda, y es el de la pasividad. Habrá alguno que hasta le haya hecho gracia la bromita de estos matones de poca monta, que se habrán sentido como los de COU jugando contra los de la guardería. Ole sus huevos.

La hombría se demuestra mucho más con la compasión y con la honestidad que levantando un metal que uno no se ha ganado. Y se demuestra mucho más todavía leyendo la noticia anterior y sintiendo asco y vergüenza ajena. Ojalá usted cuando termine este post hable de ello con sus amigos y colegas y reflexionen medio minuto sobre el particular. Con ira, si puede ser. Aunque no me atrevo a pedir tanto.

Al fin y al cabo, somos españoles, ¿no?


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El árbitro, el ladrón, la nevera y su amante
cuestiondepelotas 03-10-2013 | 3:33 | 0

Trencilla, hijoputa, ladrón y cegato. Dolorosos epítetos para un pobre señor que se dedica a servir como juez imparcial entre dos fuerzas antagónicas que enseñan los dientes, para un pobre deportista que corre en diagonal, sin gloria cuando acierta y con pena cuando falla. Ay, pobres árbitros.

Trencilla, hijoputa, ladrón y cegato. Dolorosos epítetos para un pobre señor que se dedica a servir como juez imparcial entre dos fuerzas antagónicas que enseñan los dientes, para un pobre deportista que corre en diagonal, sin gloria cuando acierta y con pena cuando falla. Ay, pobres árbitros.

No.

El mal arbitraje es un crimen sin víctimas. No es que no existan, es que a tenor de los resultados parece como si no existiesen. Cuando un árbitro se equivoca, suele hacerlo a favor de quien menos problemas va a darle en el futuro. Así, si Muñiz Fernandez mete una gambada espectacular en un partido Elche-Real Madrid, el resultado es el que conocimos ayer: el Comité Técnico de Árbitros no aplicará ningún castigo. Ni entrará en la famosa nevera, ni ofrecerá explicaciones sobre el penalti inexistente en el área de los locales en el minuto 94. Muñiz seguirá siendo uno de esos increíbles profesionales de la Liga Española que se regulan a sí mismos y que no conocen más ley que la que Victoriano Sánchez Arminio tiene a bien aplicar. Es la ley del más fuerte y los más fuertes son ellos.

Ser árbitro de primera es un chollo espectacular. Hay que tener unas condiciones físicas mínimas, obviamente, y chuparse unos cuantos años aguantando escupitajos, insultos e incluso bofetadas en los campos de regional, tercera, segunda B, segunda… Cuando el candidato ha demostrado que pasar por ese infierno no ha afectado a su salud mental, indica también que sus tragaderas son enormes, y por tanto que está maduro para ponerse en manos de Victoriano y convertirse en uno más del grupo de trencillas de élite que van a chupar de una teta cuya leche no deja de manar.

Y qué teta. Estar trotando por los impecables campos de Primera 90 minutos por semana supone unos emolumentos de 150.000 euros al año. No sé ustedes, pero yo hay días que no los gano. Y además lo hacen desde la impunidad absoluta. Basta con saberse las cuatro reglas básicas del reglamento: que si el balón pasa la raya por cualquier sitio que no sea entre los tres palos es fuera, que si un jugador atiza a otro es falta, que el balón no se toca con la mano y que eso de quitarse las camisetas es amarilla. Ni siquiera hace falta que sepan lo que es el fuera de juego, que para eso hay unos asistentes de lo más majos que levantan banderines por si tú no te has dado cuenta.

Cualquier fallo, por garrafal que sea, si no es un desconocimiento del reglamento, se considera error de apreciación. No importa que todo el estadio haya visto lo contrario, si él no lo ha visto es humano y además estará cansado el pobre, alguien le habrá tapado, el sudor habrá nublado su visión… Cualquier cosa menos reconocer que es un inútil o que, aún peor, ha errado a conveniencia.

Si la vida pusiese a cada árbitro malo en su sitio, las fábricas de Bosch y LG tendrían que hacer horas extras. Pero quién va a meter a un árbitro en la nevera si es uno de los nuestros, pobre, hasta ahí podíamos llegar. ¡Ni que alguien hubiese salido perjudicado!

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