{"id":48,"date":"2016-05-02T08:56:25","date_gmt":"2016-05-02T06:56:25","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.eldiariomontanes.es\/cartasdesdegrecia\/?p=48"},"modified":"2016-05-02T08:56:25","modified_gmt":"2016-05-02T06:56:25","slug":"atrapados-en-una-carcel-burocratica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.eldiariomontanes.es\/cartasdesdegrecia\/2016\/05\/02\/atrapados-en-una-carcel-burocratica\/","title":{"rendered":"Atrapados en una c\u00e1rcel burocr\u00e1tica"},"content":{"rendered":"<p><iframe loading=\"lazy\" src=\"\/\/players.brightcove.net\/85707285001\/default_default\/index.html?videoId=4873506265001\" width=\"550\" height=\"350\"><\/iframe><\/p>\n<p>Hay decenas de ni\u00f1os correteando, y una peque\u00f1a de cinco a\u00f1os se acerca con ganas de dar muchos abrazos. Se llama Rim, es Siria y est\u00e1 con su madre, Amina, de 31. Su marido est\u00e1 en Alemania.<strong>\u00a0\u201cAhora est\u00e1 cerrada la frontera. No podemos continuar\u201d<\/strong>. Lo dice casi resignada. Se encoge de hombros al preguntarle qu\u00e9 van a hacer. Amina era profesora en un colegio en Siria, igual que Najma, de 31 a\u00f1os y embarazada de cinco meses. Su marido se ha quedado en su pa\u00eds.<\/p>\n<p>Los hombres hacen cola para darse una<strong>\u00a0ducha de agua fr\u00eda<\/strong>. \u201cHay unas placas solares para calentar el agua, pero tiene que ducharse tanta gente que no da tiempo a que coja temperatura\u201d. Detr\u00e1s est\u00e1n los aseos de las mujeres, hay dos platos de ducha para todas. Varias madres hacen cola con sus hijos y bajo el brazo llevan las toallas que les han dado en un almac\u00e9n que est\u00e1 en el edificio de enfrente.<\/p>\n<p>En la puerta de esa gran nave, hay tres voluntarias llamando con los nudillos. Abre un hombre grande y de aspecto fuerte. Es un voluntario de Nueva Zelanda que en su pa\u00eds juega al rugby.\u00a0<strong>Dentro del almac\u00e9n s\u00f3lo queda ropa y ya no la reparten. Han dejado de hacerlo porque se estaba convirtiendo en motivo de peleas.<\/strong>\u00a0\u201cEsto antes no pasaba. La gente ya se est\u00e1 empezando a poner nerviosa y tienen mucha menos paciencia\u201d, explican Fardin Faez y Arasam Mourad. El primero es afgano. El segundo sirio.\u00a0<strong>\u201cAqu\u00ed estamos viviendo cosas que no ocurre en nuestros pa\u00edses. All\u00ed nuestros pueblos se atacan. Aqu\u00ed jugamos al baloncesto, al f\u00fatbol. Somos hermanos\u201d<\/strong>. Fardin estaba estudiando Econ\u00f3micas cuando tuvo que salir corriendo. \u201cNo s\u00e9 si terminar\u00e9 la carrera\u201d, lamenta.<\/p>\n<p>Una voluntaria inglesa anuncia que, varias compa\u00f1\u00edas que operan a Lesbos, han cancelado sus vuelos a la isla. As\u00ed que ahora, los habitantes griegos de all\u00ed, los que viv\u00edan del turismo hasta hace poco, est\u00e1n viendo c\u00f3mo se les ha vuelto en contra su propia generosidad.<strong>\u00a0De ayudar a los refugiados, se han cargado su turismo, que es de lo que com\u00edan.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Ayuda de Mensajeros por la Paz y Remar<\/strong><\/p>\n<p>En la carpa de Mensajeros por la Paz y Remar hay varios voluntarios espa\u00f1oles que entretienen a los ni\u00f1os pintando dibujos sobre unas mesas infantiles. Fuera otros hacen cola con sus madres. Un olor fuerte viene y va. Se oyen llantos. Esa cola llega un espacio acotado con vallas, donde\u00a0<strong>m\u00e1s voluntarias est\u00e1n quitando los piojos a los peque\u00f1os<\/strong>. Les est\u00e1n echando \u00e1rbol de t\u00e9 (de ah\u00ed, el olor) y les pasan la peina (de ah\u00ed, los lloros). En otra zona del campamento est\u00e1n Reiham y Samira. Llaman la atenci\u00f3n porque, entre tanta miseria tienen espejo, maquillaje y brochas. Se est\u00e1n poniendo guapas. Las dos est\u00e1n embarazas y Reiham se\u00f1ala a un beb\u00e9 de once meses que est\u00e1 dormido y que tambi\u00e9n es suyo.<\/p>\n<p><a href=\"\/cartasdesdegrecia\/wp-content\/uploads\/sites\/30\"><img loading=\"lazy\" title=\"1\" src=\"\/cartasdesdegrecia\/wp-content\/uploads\/sites\/30\/2016\/05\/1-e1462137559300.jpg\" alt=\"\" width=\"600\" height=\"400\" \/><\/a><\/p>\n<p>Las tiendas de campa\u00f1a est\u00e1n agolpadas por bloques y, entre bloque y bloque, est\u00e1n las carpas de los voluntarios y algunos mostradores. Delante de uno de ellos hay un grupo de ni\u00f1as sentadas. Al cabo de un rato, hay cerca de cincuenta personas detr\u00e1s de las peque\u00f1as. Es ver aparecer la<strong>\u00a0furgoneta del catering<\/strong>\u00a0y aparecen cientos de refugiados.\u00a0<strong>Asombra su educaci\u00f3n porque no se agolpan ni se empujan<\/strong>. Se colocan unos detr\u00e1s de otros dejando a los ni\u00f1os los primeros. Les dan peque\u00f1as bandejas de aluminio llenas de pasta caliente y una naranja a cada uno. Lo cogen, dicen &#8216;thanks&#8217;, &#8216;merci&#8217;, &#8216;efjarist\u00f3&#8217; o gracias en el idioma que sepan y se van sonriendo pese a que llevan semanas y semanas comiendo lo mismo: pasta con tomate o patatas hervidas. Unas adolescentes que acaban de coger su plato piden que les hagamos una foto con su propio m\u00f3vil.\u00a0<strong>Est\u00e1n contentas de tener una foto juntas y dicen que la van a subir a Facebook<\/strong>, algo que a todas las hace mucha ilusi\u00f3n como si fuera algo emocionante. La verdad que tiene pinta de serlo.<\/p>\n<p><a href=\"\/cartasdesdegrecia\/wp-content\/uploads\/sites\/30\/2016\/05\/23.jpg\"><img loading=\"lazy\" title=\"23\" src=\"\/cartasdesdegrecia\/wp-content\/uploads\/sites\/30\/2016\/05\/23.jpg\" alt=\"\" width=\"560\" height=\"373\" \/><\/a><\/p>\n<p>Es seguir andando a\u00a0<strong>27 grados al sol<\/strong>, y en plena explanada del puerto hace un calor de justicia. Bajo las paradas de autobuses hay gente durmiendo. En las tiendas, tambi\u00e9n. Donde se est\u00e1 algo mejor es en la<strong>\u00a0oficina donde se venden los tickets para coger los ferrys<\/strong>. Es un edificio circular, amplio, de techos altos. Por all\u00ed han pasado todos los turistas que han hecho un crucero por las islas griegas.<\/p>\n<p>Este domingo es un edificio ocupado por centenares de refugiados que tienen sus mantas extendidas por el suelo, con su ropa ordenada en cajas. Varios est\u00e1n comiendo manzanas.<strong>\u00a0Ah\u00ed lo \u00fanico que tienen es fruta, que es lo \u00fanico que tiene los voluntarios que est\u00e1n all\u00ed junto con galletas y t\u00e9. Hasta all\u00ed no llega el c\u00e1tering que ha llegado hasta la zona donde estaban quitando los piojos a los ni\u00f1os<\/strong>. Aqu\u00ed no llega casi nada y est\u00e1n nerviosos. \u201cAyer un nombre casi tira a su mujer al mar. Hay muchos que empiezan a revolverse y empieza a haber robos y enfrentamientos por cuestiones de nacionalidad. Eso cuentan los refugiados que est\u00e1n en esta zona.\u00a0<strong>Entre ellos hay tres que tienen los papeles que dicen que ser\u00e1n acogidos por Espa\u00f1a.<\/strong>\u00a0Les ha tocado nuestro pa\u00eds y est\u00e1n esperando que alguien venga a buscarles.<\/p>\n<p><a href=\"\/cartasdesdegrecia\/wp-content\/uploads\/sites\/30\"><img loading=\"lazy\" title=\"8\" src=\"\/cartasdesdegrecia\/wp-content\/uploads\/sites\/30\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"427\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>\u201cNos han dicho que vendr\u00e1n de Acnur, pero pasan los d\u00edas&#8230;\u201d<\/strong>, comenta mientras encoge los hombros Ghaith Niazi. \u00c9l tambi\u00e9n es sirio, tiene 22 a\u00f1os y es peluquero. Contrasta como va vestido entre sus compa\u00f1eros. La mayor\u00eda viste ropa c\u00f3moda (pantalones de chandal, camisetas, sudaderas&#8230;), y calzado similar (chanclas, crocs&#8230;). Pero el va hecho un pincel. Lleva un pantal\u00f3n chino azul marino, una camisa con cuello &#8216;mao&#8217; y unos zapatos tipo castellanos. Cuando llegue a Espa\u00f1a quiere seguir siendo peluquero. Su compa\u00f1ero de fatigas es Moussa Moussa, de 22 a\u00f1os, tambi\u00e9n sirio y con los documentos que dicen que le &#8216;ha tocado&#8217; Espa\u00f1a. \u201cEs cuesti\u00f3n de d\u00edas salir de aqu\u00ed\u201d.<\/p>\n<p>Se ofrecen ense\u00f1arnos el campamento y la gente se arremolina alrededor de la c\u00e1mara. En un principio no quieren fotos, no quieren v\u00eddeos. Est\u00e1n demasiado hartos de ver aparecer periodistas y que nadie les sepa dar respuestas.<strong>\u00a0\u201c\u00bfD\u00f3nde est\u00e1n las autoridades? \u00bfD\u00f3nde est\u00e1 la ayuda humanitaria para gente como nosotros que venimos de una guerra?\u201d<\/strong>, se pregunta un sirio que est\u00e1 all\u00ed con su mujer y sus cuatro hijos. \u201cLlevan seis meses sin ir al colegio. \u00bfC\u00f3mo van a recuperar el tiempo perdido?\u201d, grita en \u00e1rabe.\u00a0<strong>\u201cAll\u00ed est\u00e1bamos en una guerra horrible y nos fuimos. Aqu\u00ed estamos en una guerra psicol\u00f3gica, como si se nos estuvieran echando un pulso para ver qu\u00e9 pasa\u201d<\/strong>. Est\u00e1 enfadado. No puede m\u00e1s. Entre los refugiados que quieren hablar y que aplauden lo que dice su paisano, aparece un padre con su hijo en silla de ruedas.<\/p>\n<p><a href=\"\/cartasdesdegrecia\/wp-content\/uploads\/sites\/30\"><img loading=\"lazy\" title=\"2\" src=\"\/cartasdesdegrecia\/wp-content\/uploads\/sites\/30\" alt=\"\" width=\"560\" height=\"373\" \/><\/a><\/p>\n<p><strong>Eskandar Najar tiene diez a\u00f1os y no puede caminar<\/strong>. Un grupo de chicos le cogen, lo ponen de pie para que se vea que sus piernas no aguantan y se desploma en el suelo. Lleva pa\u00f1ales y se arrastra como puede hasta llegar a la pierna de su padre, a la que se agarra con fuerza. \u201cNecesita tratamiento. No tenemos m\u00e1s medicinas\u201d. \u201cMi hija tambi\u00e9n\u201d, exclama otro hombre, mucho m\u00e1s joven, que se acerca con un beb\u00e9 en brazos.\u00a0<strong>Tiene un mes, se llama Ami y naci\u00f3 cerca de Idomeni<\/strong>, en el campamento que est\u00e1 en la frontera con Macedonia. \u201cLos m\u00e9dicos que atendieron a mi mujer y al beb\u00e9, nos dijeron que tiene un problema en el t\u00f3rax. Nos recomendaron que vini\u00e9ramos a Atenas para que la miraran. Nos subimos en un autob\u00fas y aqu\u00ed estamos, sin que nadie nos diga si nuestra hija est\u00e1 bien\u201d. La peque\u00f1a Ami tiene los ojos azules, igual que su padre.\u00a0<strong>No tiene ning\u00fan papel que acredite que ha nacido en ning\u00fan sitio, y su futuro es incierto<\/strong>.<\/p>\n<p><strong>Al salir del Pireo se despiden con esperanza. Fuera, los griegos siguen celebrando la Resurrecci\u00f3n como marca su calendario. El de los refugiados no tiene fecha, no tiene fiestas.<\/strong><\/p>\n<p><a href=\"\/cartasdesdegrecia\/wp-content\/uploads\/sites\/30\"><img loading=\"lazy\" title=\"5\" src=\"\/cartasdesdegrecia\/wp-content\/uploads\/sites\/30\" alt=\"\" width=\"400\" height=\"267\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hay decenas de ni\u00f1os correteando, y una peque\u00f1a de cinco a\u00f1os se acerca con ganas de dar muchos abrazos. Se llama Rim, es Siria y est\u00e1 con su madre, Amina, de 31. Su marido est\u00e1 en Alemania.\u00a0\u201cAhora est\u00e1 cerrada la frontera. No podemos continuar\u201d. Lo dice casi resignada. 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