img
Mujeres, a la esterilla
img
Ana Salas | 08-03-2017 | 09:42

El yoga es un ejercicio de mujeres, creen desinformados respecto a una práctica que crearon y durante muchos años solo practicaron hombres. A las mujeres (por supuesto también a ellos) el yoga regala una herramienta poderosa: te ayuda a conocer tu cuerpo.

 

 

Empecé a practicar yoga buscando equilibrio, y sigo haciéndolo suponiendo que algo habré encontrado desde entonces. Pero lo que tengo muy claro que he encontrado en este camino es mi cuerpo. Antes lo tenía, desde luego, pero no era consciente de él en muchos sentidos.

 

Al prestar atención a la respiración descubrí, por ejemplo, que en las costillas se podían tener agujetas. Al intentar contraer mis bandhas, esa especie de cierres encargados de mantener la energía, supe que existían huesos, músculos y órganos; que estaban allí y que lo habían estado desde siempre.

 

Al practicar fui siendo consciente de las curvas de mi espalda, de las expresiones de mi cara, de cada dedo de mi mano extendido para que el contacto con el suelo sea mayor, de los dedos de los pies y de la importancia de que estén ahí abajo, o arriba, o a los lados.

 

Cada vez fui siendo más consciente de cada parte de mi, aceptando su forma, su movimiento.

 

Entonces un día, sin darme cuenta de cómo había llegado, me sentí fuerte, capaz de seguir un camino de autoconocimiento desde una posición más o menos objetiva.

 

El yoga me ha dado fuerza mental y, además, física. No sé si fue el yoga, pero desde que está intento eligir cada cosa que hago, cada persona y cada sitio en el que estoy.

 

¿De verdad que no queréis poneros ya en la esterilla? Hacedlo. Hacedlo mujeres, porque seréis aún más fuertes.

 

 

Exposición ‘Tierra de sueños’ de Cristina García Rodero en CaixaForum Madrid.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Sobre el autor Ana Salas
Soy periodista en transición. Cambio de ciudad y espero hacerlo también de trabajo. El último, en El Comercio, se ha prolongado durante ocho años. Buscando aproximarme a casa y empezar de nuevo, me tomo un tiempo. A veces no es necesario ir tan deprisa. Me voy a la India a practicar yoga antes de asentarme en una ciudad más al sur de la que me ha acogido durante 13 años: Oviedo. Dicen que un viaje así supone un antes y un después en la vida de cualquiera. Vamos a comprobarlo.