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Vivir despacio
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Ana Salas | 30-05-2016 | 10:43

Y cuando llegas a casa después de meses fuera, abres la cama, metes un pie, otro, acomodas el cuerpo poco a poco, coges las sábanas con fuerza y te tapas hasta la cabeza. Entonces pasa: ese olor, ESE OLOR. No sé si de tanto repetir el gesto lo estaré agotando. Es la prueba de que, ahora sí, estás en casa.

At home

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

At home.

 

Tengo que contaros que volví a los vaqueros (han ganado espacio para recibirme) y abandoné el colorido atuendo, igual que ese look pseudo hippie adoptado en los meses indios, además de aquellos desayunos. Ya están instauradas (que no dejaron de estarlo prácticamente nunca) las tostadas con aceite de oliva; vuelvo a meterme en mi ropa y a calzar mis zapatos. A parecer otra vez yo.

 

Alguna cosa ha sobrevivido, aparte de adornos externos. El madrugar para practicar antes de que salga el sol no siempre se cumple pero sí la práctica diaria.

 

Ahora, sola, sin el medio centenar de personas con las que respiraba a la misma vez. Un poco de recogimiento ha venido bien.

 

Practicar en casa tiene su parte positiva: la esterilla está más cerca que nunca. También hay negativa: la pereza de poner los pies en ella.

 

 

Una de estas mañanas

 

 

 

 

 

 

 

 

Una de estas mañanas.

 

 

Practico con calma aunque con la energía aprendida.

 

Esa sensación de quietud me acompaña el resto del día.

 

Vivir despacio es una delicia. Saborear, observar, escuchar, atender, oler.

 

Faltan algunos ingredientes que poco a poco se van sumando: bailar, cantar, bailar.

 

 

 

Sobre el autor Ana Salas
Soy periodista en transición. Cambio de ciudad y espero hacerlo también de trabajo. El último, en El Comercio, se ha prolongado durante ocho años. Buscando aproximarme a casa y empezar de nuevo, me tomo un tiempo. A veces no es necesario ir tan deprisa. Me voy a la India a practicar yoga antes de asentarme en una ciudad más al sur de la que me ha acogido durante 13 años: Oviedo. Dicen que un viaje así supone un antes y un después en la vida de cualquiera. Vamos a comprobarlo.