img
La vida en una maleta
img
Ana Salas | 29-03-2016 | 11:50

Vuelvo a hacer la maleta. En los últimos meses han sido unas cuantas. He empaquetado la casa. Muchas despedidas. Parecía que el mundo se iba a acabar. Al final, no se acabó. Solo tiene un punto y seguido más. Pronto se añadirá otro, con una maleta más. 

 

 

No todas son iguales.

 

Hacemos maletas para viajar, para tomar un poco de aire, para cambiar de casa o, incluso, de vida.

 

Las últimas son las que más recuerdo.

 

Cuando nos despedimos a los 15, cuando llegué con poco más de 20, cuando acabó pasados los 30, cuando fue el momento de seguir.

 

Esta, sin embargo, parece diferente: más ligera.

 

¿Serán a partir de ahora? Eso facilitaría las cosas. 

 

Los cambios son menos traumáticos cuando hay poco que guardar. Desaparecerían las semanas de embalaje que solo insisten en recordarte que algo desconocido se acerca; eso siempre inquieta.

 

Cambios. Incertidumbre. Comienzos. Novedades. Miedos. Ilusiones. La vida y las maletas.

 

Tras un día en el río

Se prepara tras pasar el día en el río

 

 

Sobre el autor Ana Salas
Soy periodista en transición. Cambio de ciudad y espero hacerlo también de trabajo. El último, en El Comercio, se ha prolongado durante ocho años. Buscando aproximarme a casa y empezar de nuevo, me tomo un tiempo. A veces no es necesario ir tan deprisa. Me voy a la India a practicar yoga antes de asentarme en una ciudad más al sur de la que me ha acogido durante 13 años: Oviedo. Dicen que un viaje así supone un antes y un después en la vida de cualquiera. Vamos a comprobarlo.