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De religiones y otras tradiciones
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Ana Salas | 14-03-2016 | 11:16

Ayer asesinaron a un hombre en Mysore. Era hindú y tenía 30 años. Tomaba un té. Detrás podría haber una banda radical que mata en nombre de un dios distinto. Difícil de entender.

 

 

Las tiendas están cerradas en el centro de la ciudad y hoy hay protestas. Dicen que nos quedemos en casa. Lo hago, sin ganas.

 

Mysore es una ciudad muy tranquila, donde acontecimientos como este no son habituales, pero los conflictos religiosos parecen inevitables y en India se contabilizan una decena de religiones distintas.

 

Este es un país profundamente religioso. La religión forma parte de casi todo, o todo. Se comportan de una manera u otra según sus textos, rezan a un dios u otro en función de sus creencias o por tradición familiar. La tradición.

 

Por tradición se quedaron despiertos la pasada noche de luna nueva celebrando Maha Shivaratri o la Noche de Shiva, uno de los dioses hindúes más venerados. Dios de la danza y del yoga, aparte de la destrucción. Padre de Ganesha, ese dios con cabeza de elefante. El hombre asesinado participaba en la construcción de un templo para él.

 

Desde por la mañana, ese día, el 7 de marzo, había algo distinto. Las mujeres dibujaban en las puertas de sus casas, recogían flores para las ofrendas, rezaban. Un día de ayuno para una noche larga.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 Los dibujos, kolam, los hacen las mujeres cada mañana.

 Muestran su creatividad además de, creen, proteger a los habitantes de la casa.

 La mañana del 7 de marzo eran más abundantes de lo habitual. 

 

 

La Noche de Shiva nos sumamos a las creencias hindúes dada nuestra vinculación con el dios de la garganta azul.

 

Intentamos acortar distancias. Queremos acercarnos a sus costumbres, como hicimos aprendiendo unos pasos de Bharatanatyam, la danza clásica; subiendo los 1001 escalones de la colina de Mysore, Chamundi; o visitando sus templos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Templo de Keshava, en Somanathapura.

 

Hay que recorrer unos 35 kilómetros para llegar al de Keshava, en Somanathapura. Keshava es uno de los nombres de Visnu, otro de los más conocidos dioses hindúes.

 

No es, sin embargo, el único que aparece en las paredes de la peculiar construcción, del siglo XIII, ejemplo de la arquitectura hoysala.

 

Dioses y diosas, demonios, gurús y todo tipo de animales forman parte de su decoración. Aquí conviven en una vida esculpida lejos de las discusiones terrenales. 

 

Sobre el autor Ana Salas
Soy periodista en transición. Cambio de ciudad y espero hacerlo también de trabajo. El último, en El Comercio, se ha prolongado durante ocho años. Buscando aproximarme a casa y empezar de nuevo, me tomo un tiempo. A veces no es necesario ir tan deprisa. Me voy a la India a practicar yoga antes de asentarme en una ciudad más al sur de la que me ha acogido durante 13 años: Oviedo. Dicen que un viaje así supone un antes y un después en la vida de cualquiera. Vamos a comprobarlo.