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21 días
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Ana Salas | 07-03-2016 | 17:15

Dicen que en 21 días se crea un hábito. ¿Para siempre? Llevo más de 21 días viendo ciertas cosas y no me acostumbro a ellas.

 

A ese hombre que camina apoyado en dos ladrillos, a esas palmeras que se mecen con la brisa, a esas mujeres que cargan con grandes cestos en la cabeza, a esas águilas volando tan cerca de casa, a esos hombres sentados esperando no se sabe muy bien qué, al olor de las especias y de esas preciosas hojas verdes, a esos niños sin ir a la escuela.

 

Llevo más de 21 días practicando yoga, con sus jornadas de descanso y los días de luna. ¿Cuando empiezas es para no parar? Quedan 21 días para volver. ¿Dónde estoy? A veces, allí.

 

Vuelvo. Quiero estar aquí los últimos 21 días y llevarme estos tres meses como regalo de los últimos 13 años. Es momento de coger fuerzas para empezar de nuevo.

 

En este tiempo he escuchado mucho y leído sobre yoga. Esto lo dice Sharath Jois. Aunque se refiere a la práctica puede aplicarse a otros aspectos de la vida. Para los interesados, son algunas notas de las tres últimas conferencias.

 

Ashtanga es para todos. Yoga es para todos. Todo el mundo debería practicarlo.

 

Se aprende poco a poco. No es para unos años sino para toda la vida.

 

Paciencia, determinación, dedicación y devoción son esenciales.

 

Es una experiencia personal.

 

No hay que demostrar nada a nadie.

 

A los estudiantes les falta paciencia. Quieren posturas lo más rápido posible, hacerse fotos y colgarlas en Facebook. Es un gran desastre, aparte de no ser yogui.

 

Yoga no es circo.

 

La mente se va a sitios innecesarios. Estáis conectados con quién está lejos cuando la conexión debe estar con vosotros mismos.

 

Todo el mundo quiere ser profesor de yoga y no estudiante. ¿Cómo puede ser?

 

Ponte en la esterilla cada día y haz lo que puedas, pero ponte.

 

Se transmite a través de la tradición, de gurú a estudiante, desde hace 700 años. Pero eso es el yoga clásico, el de ahora es muy diferente.

 

El hinduismo no es una religión, es una certeza de vivir, de hacer una sociedad sana.

 

La religión divide a las personas.

 

Sé religioso en casa pero cuando salgas a la calle sé humano.

 

Respeta a los demás.

 

Nuestra piel el diferente, pero nada más. No hay diferencias entre nosotros.

 

Sigue una dirección.

 

Tenéis que saber qué os hace felices.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los pies, que nos conectan con la tierra.

‘Padukas’: sus huellas.

 

‘Mi amigo jamás daba explicaciones. Quizá me creía semejante a él. Pero yo, desgraciadamente, no sé ver corderos a través de las cajas’. Antonie de Saint-Exupéry, El Principito.

Tengo cuidado con lo que escucho cada mañanaPuede que se decida el día. 

Sobre el autor Ana Salas
Soy periodista en transición. Cambio de ciudad y espero hacerlo también de trabajo. El último, en El Comercio, se ha prolongado durante ocho años. Buscando aproximarme a casa y empezar de nuevo, me tomo un tiempo. A veces no es necesario ir tan deprisa. Me voy a la India a practicar yoga antes de asentarme en una ciudad más al sur de la que me ha acogido durante 13 años: Oviedo. Dicen que un viaje así supone un antes y un después en la vida de cualquiera. Vamos a comprobarlo.