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Novedades de 2016: vivir en India
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Ana Salas | 29-02-2016 | 10:42

Esta es una lista de las novedades del año, de las diferencias entre el estar aquí y allí. De cómo se vive sin espejo, sin invierno, sin ver una peli, sin sillas, sin lavadora, con la mejor shala para practicar, con nuevos amigos y otros ‘extras’ de la vida en India.


Vivir sin espejo. Me veo reflejada en la ventana, eso no da una perspectiva real de tu cuerpo. Me pregunto si habrá cambiado en estos dos meses.

 

Sin sillas, sentados en el suelo con las piernas cruzadas. Cuando pasan dos horas y sigues ahí, la desesperación te puede. Respiras. Más. Cambias de postura. Otra vez. Ver que los de tu lado también están incómodos no quita tu dolor pero consuela. Un día se me durmió un pie de tanto suelo y piernas cruzadas. Tardó varios días en despertar.

 

Sin cocina, con una portátil y una nevera instaladas en una terraza cubierta.

 

Sin lavadora, con manos para frotar.

 

Sin salón, con una mesa en la terraza.

 

Sin familia.

 

Sin los amigos de siempre, con nuevos.

 

Sin invierno ni aire acondicionado rozando los 35 grados, con ventilador y abanico.

 

Sin trabajar, levantándote, a veces, bastante antes que el sol.

 

Sin ver una película.

 

Sin televisión y con una conexión a internet que dan ganas de empujar.

 

Sin trasnochar.

 

Sin ir al supermercado a hacer la compra.

 

Con la fruta y la verdura de temporada que venden por la calle.

 

Con los cocos y el sonriente ‘coconutman’. Desde su improvisado asiento se ve cómo pasa la vida en Gokulam.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Con ojos como estos. Ella, espera a su padre en el ‘rickshow’.

 

 

Con la leche recién hecha, en el caso de la vegetal.

 

Con el chocolate artesano y el pan preparado en casa.

 

Con todo tipo de productos orgánicos a precios muy populares.

 

Con nuevos y sorprendentes sabores.

 

Con los sentidos dispuestos.

 

Con pantalón y pañuelo.

 

Con mucho color.

 

Con lo que cabe en una maleta.

 

Con un cielo lleno de estrellas y el tiempo para mirarlas.

 

Con la mejor shala donde practicar.

 

Con una vida centrada en el yoga.

 

Con clases de sánscrito, de canto, de masaje, de baile, con el estudio de la filosofía, con la lectura de la correcta forma de practicar las posturas.

 

Con la consciencia de que yoga no es solo asana.

 

Con compañera de piso después de casi 15 años sin ella.

 

Con la sensación de estar en casa.

 

Con dos días libres a la semana, el mío y el tuyo.

 

Con mis dudas, y las tuyas.

 

Con un montón de gente como tú. Si dejas tu trabajo, tu ciudad y tu casa, este es tu sitio. Es una historia muy conocida.

 

Con ganas de más.

 

Con ganas de volver. Aquí y, por supuesto, allí.

Sobre el autor Ana Salas
Soy periodista en transición. Cambio de ciudad y espero hacerlo también de trabajo. El último, en El Comercio, se ha prolongado durante ocho años. Buscando aproximarme a casa y empezar de nuevo, me tomo un tiempo. A veces no es necesario ir tan deprisa. Me voy a la India a practicar yoga antes de asentarme en una ciudad más al sur de la que me ha acogido durante 13 años: Oviedo. Dicen que un viaje así supone un antes y un después en la vida de cualquiera. Vamos a comprobarlo.