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Fuera de la realidad (II)
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Ana Salas | 08-02-2016 | 12:59

Ganga es una de las inquilinas del asentamiento próximo a mi casa. Allí vive con su bebé. Ha dejado su casa y al resto de su familia en el norte del país para venir a Mysore a tratar de buscarse la vida. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ganga con su niño en la tienda en la que viven.

No les falta la imagen de Cristo al fondo.

 

Ganga vive en una de las cabañas construidas en el camino de la escuela de yoga a casa.

 

Nada más acercarme me pregunta si tengo hijos. Apenas habla inglés. Gesticula y me mira a los ojos esperando la respuesta. Ella me cuenta que tiene tres

 

Me invita a pasar.

 

Ahí, colgado con un pañuelo en esa especie de tienda de campaña, tiene a su niño. No debe haber cumplido un año. Los otros dos están con su marido en Rajastán, al norte del país, en la frontera con Pakistán, de donde es oriunda y donde se casó cuando tan solo tenía 15 años. Ya ha cumplido 30.

 

Ella, sin embargo, vive en Mysore con el bebé. Pinta y vende figuras de escayola. Tiene que hacer algo para comer, explica llevando las manos a la boca y a la barriga sosteniendo al pequeño en brazos. “Dios me ayuda”, dice mirando al cielo. Muestra la medalla con la imagen de Jesús que lleva el niño en el cuello aproximándose así al occidental educado en una cultura cristiana.

 

Le gusta posar para las fotos, más aún verse en la pantalla de la cámara. Pide una, nada más. Con el compromiso de volver, nos despedimos.

 

La chica occidental que separó en el camino a la escuela a varios perros que peleaban, se ha quedado con uno. Vive con ella en casa. Lo ha llevado al veterinario y comprado todo tipo de medicinas porque el animal está enfermo. Por supuesto, también comida. La específica para perros no le gusta a este chucho callejero. Dice que le pidió ayuda y ella está dándosela.

 

La de la foto es Dharma, como ahora se llama la perrita, con su reluciente collar rojo con el que pasea junto a la chica occidental ante el asombro de los autóctonos.

 

Qué pensará Ganga de todo esto, ella que lleva, en sánscrito, el nombre del río sagrado de la India.

Sobre el autor Ana Salas
Soy periodista en transición. Cambio de ciudad y espero hacerlo también de trabajo. El último, en El Comercio, se ha prolongado durante ocho años. Buscando aproximarme a casa y empezar de nuevo, me tomo un tiempo. A veces no es necesario ir tan deprisa. Me voy a la India a practicar yoga antes de asentarme en una ciudad más al sur de la que me ha acogido durante 13 años: Oviedo. Dicen que un viaje así supone un antes y un después en la vida de cualquiera. Vamos a comprobarlo.