img
Notas de un viaje
img
Ana Salas | 02-01-2016 | 16:19

Las navidades han pasado.

Lo han hecho de una manera extraña. Juntos en nochebuena que ha sido, en cierto modo, una despedida. Noche que, inevitablemente, se habla de política y da gusto escuchar a distintas generaciones compartiendo forma de pensar. Una noche, la de este año, que también ha dado para hablar de viajes y de maneras de alimentarse. Noche para ver a esos amigos que solo ves una vez al año y que cuando se despiden te queda esa buena sensación pensando en que aunque pase el tiempo sigue habiendo algo en común. Días de tranquilidad en casa, de paseos, de risas íntimas, de abrazos sinceros, de emociones por lo que llega. Días sencillos que llenan la vida.

 

 

Y, por fin, llego al aeropuerto.

 

Una chica se pasa la plancha del pelo en el baño. Son las siete de la mañana.

 
Empiezan a hablar en otros idiomas. En Madrid comienza el cambio.

 

El avión es un somnífero. Seis horas pasan rápido.

 
El aeropuerto de Qatar lo recordaba de otra manera. Ahora lo veo moderno y con tiendas caras en las que compran esas mujeres que van absolutamente tapadas. Solo se les ven los ojos y si las recorres con la mirada descubres sus zapatos de tacón y te hacen imaginar cómo irán vestidas bajo esas largas y oscuras telas.

 
Hay Mac para consultar internet.

 
En la sala de espera ya se aprecia mi destino.

 
El avión es más pequeño. En tres horas hemos llegado.

 

Encuentro a la chica con la que voy a compartir taxi y al taxista que nos va a llevar a Mysore. Iremos en coche durante cerca de cuatro horas.

 
Maravilloso shock indio”, me deseó Nacho que lleva unos meses en el norte del país.

 

A las cuatro de la mañana hay poco tráfico pero para un occidental acostumbrado al orden, es mucho y desorganizado.

 

Los baches de la carretera y los continuos cruces de motos, camiones y otros coches, hacen que el conductor esté atento. No debe tener mucho más de veinte años. A saber las horas que lleva trabajando. Baja la ventanilla para que le de el aire. Para y se echa agua por la cara. Se duerme. Finalmente llegamos al destino.

 

Bienvenidos a India.

 

 

 

 

 

Sobre el autor Ana Salas
Soy periodista en transición. Cambio de ciudad y espero hacerlo también de trabajo. El último, en El Comercio, se ha prolongado durante ocho años. Buscando aproximarme a casa y empezar de nuevo, me tomo un tiempo. A veces no es necesario ir tan deprisa. Me voy a la India a practicar yoga antes de asentarme en una ciudad más al sur de la que me ha acogido durante 13 años: Oviedo. Dicen que un viaje así supone un antes y un después en la vida de cualquiera. Vamos a comprobarlo.