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Categoría: crítica televisiva
Las Campos

Me gustaría poder decir que lo vi, zapeando. Me gustaría ‘nadar y guardar la ropa’. Pero, como también dice el refranero, ‘sin sacrificio no hay victoria’, así que sacrificaré, por tanto, mi identidad digital, y dejaré testimonio en la red de que el pasado martes puse Tele 5 para ver el reality, documental o como quieran llamar a ese sucedáneo televisivo que muestra sin pudor y grandes dosis de horterismo la vida de Las Campos. Pero, sin duda, lo peor de todo es que me perdí la caída. El momento en el que ‘Terelu’ casi deja los dientes sobre la mesa. Aqui os dejo el enlace: http://bit.ly/2hCNfvz

Bueno, pues chascarrillos aparte, twitter hace tres días se volvía loco pidiendo la reaparición de María -la empleada de María Teresa Campos a la que en la anterior entrega, llamaba a golpe de campanilla y con entonación más propia del siglo XIX que del XXI-  y criticando, de nuevo, los modos de ‘Terelu’ para con las chicas que servían la mesa. Baste decir que, semejante despliegue de catetismo, tenía locos a los twiteros.

En este capítulo, las empleadas aparecen con el rostro pixelado, no vaya a ser que cobren el mismo protagonismo que María, y atienden a los ‘señores’ al tiempo que ‘Terelu’ engulle, encorbada como Cuasimodo sobre su plato y con restos de comida en el labio inferior, y pide maleducada más vino. La escena -vista, incluso, a través del televisor- produce grima y recuerda las mesas medievales en las que gordos señores desgajaban a bocados una pata de cerdo o un muslo de pollo gigante. En este caso, la pequeña de las Campos se las tenía que ver con una triste cigala, pero aún así, lo más delicado que había en la mesa eran el mantel y las servilletas. Ante esto yo me preguntaba el por qué  de que alguien deje que muestren esa faceta tan grosera de ella;  pronto caí en la cuenta de que ‘Terelu’ -la misma que permite que la llamen en público con un diminutivo infantil y familiar- está cómoda en el papel de niña malcriada a la que se le ríen gracias que no la tienen.

Qué contraste, dios mío, el que había entre los pretendidos señores y las inseguras trabajadoras. Su actitud sumisa y taciturna dejaba claro al espectador que en esa casa los errores no caen en saco roto. Los modos de la madrastra y de sus hijas -porque a mí me recuerdan a las protagonistas secundarias de La Cenicienta- dejaban entrever unas relaciones sociales que más tienen que ver con tiempos pretéritos y entornos provincianos que con gente mínimamente educada y con valores.

Ese rollo de rendir pleitesía, ese mostrar ‘casoplones’ que dan cobijo a una persona y tres empleadas del hogar, ese comer grosero, ese alardear de ‘señor’ comportándose peor que un ‘asno’ (pobre asno…), ese llorar en la televisión por una pizca de reconocimiento sin tener siquiera la carrera de periodismo (tal es el caso de Terelu), ese envolverse en ropa cara como si fueran papeles y lazos de regalo, ese mostrar sin pudor alguno la abundancia enmedio de un país en el que 12 millones de personas están en riesgo severo de pobreza (son datos de la UE), ese enseñar al novio de turno (Bigote Arrocez), chulo de profesión y vividor de apellido, ese coro de amigas pijas que gorgojean sus reflexiones sinsustanciadas como si fueran mantras, ese cocinar removiendo el puchero que ha preparado tu asistenta, ese caminar pesado y torpe fruto de la vagancia y la sobrealimentación…, todo eso y mucho más es lo que me parece obsceno.

Se trata de una televisión que -lejos de cumplir con la deontología profesional: debemos informar, formar y entretener-  ‘desinforma’, ‘deforma’ y ofrece un entreteniemiento barato y mediocre. Todo ello revestido por comentaristas que trufan su discurso con jerga periodística: ‘titular’, ‘fuente’, ‘off the record’, y otras  expresiones de nuevo cuño: ‘me consta’, ‘no me consta’, en un intento por otorgar a aquello de dignidad. Flaco favor le hacen a esta profesión ya de por sí, en los últimos tiempos, famélica….

Pues bien, fruto de esa televisión tenemos ‘Las Campos’. Tele 5 sigue rindiendo pleitesía a la reina de las mañanas, de las tardes… Un personaje camaleónico que trata de seguir gobernando en un reino que ya no es el suyo, a riesgo -como le pasó al personaje de Hans Christian Andersen en el ‘Traje nuevo del Emperador’- de pasearse en cueros delante del respetable sin que nadie sea capaz de decirle el espantoso ridículo que está haciendo.

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Sobre el autor Montse Ferreras
Decía Hemingway: "el hombre que ha empezado a vivir seriamente por dentro, empieza a vivir más sencillamente por fuera”. En este blog quiero compartir pequeñas reflexiones e historias con las que me voy topando, que me van sugiriendo esa sencillez de la que hablaba el escritor y periodista estadounidense.