img
Autor: mfi
De excursión a la luz
img
Montse Ferreras | 07-05-2016 | 2:13| 0

La luz es terapia de vida. Hay algo en ella que despierta las calles. Las mesas y las sillas, aletargadas durante el invierno, se desperezan para acomodar visitantes. A mí me gusta imaginar la escena como si la viera a través de un vídeo: los meses se suceden a cámara rápida y, en tan sólo unos segundos, el gris de las nubes, los paraguas, los abrigos, empiezan a desnudarse y a dejar que se cuelen parpadeantes rayos, chaquetas ligeras y, finalmente, una bóveda celeste.

Algo tiene mayo y la llegada del sol que el alma se pone en pie para recibirlo y, junto a él, las flores y los árboles. La playa, hasta ahora solitaria con la única visita regular de las olas, empieza a ponerse guapa para recibir paseantes y algún atrevido bañista. Abres los ojos y la claridad, a borbotones, te invita a VIVIR. Barruntas las vacaciones, las cañas, los paseos, los baños de sol y mar, los días largos, las risas, la ropa ligera, los colores…

Si hay algo que me gusta de los lugares que visito es su luz. Ella lo tamiza todo. Lo tiñe. Lo colorea. Cambia las sensaciones de cada lugar. Es la increíble cúpula del cielo castellano, tan límpido y elevado. Es el azul juguetón y alegre de Baleares. La luz albina del Caribe y la cálida, casi abrasadora, de Canarias. Es el tímido sol gallego, que se desmelena en las Rías Baixas. Es el verde fluorescente de Esles cuando el sol juguetea con las copas de los árboles… Esa luz de la que los pintores impresionistas -Cezzáne, Van Gogh- trataban de atrapar en el Mediterráneo.




Y me niego a creer que el frío y la lluvia no nos hayan abandonado, por mucho que se empeñen las previsiones meteorológicas, por mucho que insistan los agoreros, porque mi espíritu ya es otro y porque la temperatura, también lo es… Por eso, quiero compartir con vosotros una excursión a la luz. Muy cerquita, en Cantabria, apta para todos los bolsillos y las condiciones físicas. El monte Buciero en Santoña. Quien no lo haya visitado, aún no conoce el Caribe cántabro. Las aguas que lamen la roca no tienen nada que envidiarle a ninguna otra costa. Sólo en este paraje, sientes que el tiempo se detiene y mar y montaña, rumor de olas y brisa, sol y sombra, brincan y retozan transportándote en un paseo pleno de sensaciones.
Os dejo unas cuantas fotografías para que continuéis atiborrando la retina de luz. Si después de verlas sentís ganas de hacerle una visita al Buciero, clicad aquí; obtendréis información de las rutas que os ofrece.




Ver Post >
Jinda. Mujeres yazidíes supervivientes del horror.
img
Montse Ferreras | 29-04-2016 | 6:12| 0

Lo que os voy a contar me viene grande. Sencillamente: GRANDE. Siento que me encojo dentro de la ropa con sólo pensarlo. Me voy haciendo pequeña y más pequeña, hasta bracear con ahogo dentro de mi blusa, intentado liberarme de la carpa de circo en la que se ha convertido.

Es de noche, es agosto, es uno de esos días en los que nadie espera que suceda nada, hasta que, sin saber cómo, se parte en dos.

Imagino la sensación de hogar, los cuatro niños jugando, muy probablemente acostados, él viendo la televisión, ella embarazada, leyendo un libro que apoya en su hermosa panza. De pronto, un ruido raja el cielo, después gritos, voces; muecas violentas, desencajadas. Los sacan a empellones de la casa, lo mismo que a sus vecinos. Se miran unos a otros sin poder comprender. Los agrupan y, de rodillas, comienzan a golpearle con saña la barriga, a su precioso bebé. Una y otra vez. Sin compasión, sin razón. ISIS no puede acoger entre sus filas al hijo de un infiel.

Ésta es Bahar y lo que queda de su familia:

Éste es Roger Calabuig, el cooperante internacional de Cruz Roja, que la encontró tras ser liberada:

El 3 de agosto de 2014 el grupo terrorista ISIS tomó la ciudad de Sijar, en el kurdistán irakí, llevándose a 5000 hombres y 4000 mujeres. A punta de kalashnikov, clasificados como ganado, los jóvenes varones serían destinados a trabajos en el campo, a la guerra e, incluso, a inmolarse, a las mujeres -según su belleza, edad, y descendencia- se las vendería en auténticos mercados de esclavas, expuestas como animales y con un oscuro futuro por delante.

Para Bahar ha sido casi un año y medio de pesadilla. Cuando Roger la encontró en el campamento de Khanke -donde sobreviven 20.000 refugiados de la barbarie- apenas era capaz de caminar, estaba desnutrida y se desmayaba constantemente. Aún así, quiso que Roger conociera su historia, que contara su horror para que alguien lo pare.

… vendaron los ojos de los hombres y se los llevaron, fue la última vez que vi a mi marido y a mi hijo… A las mujeres nos separaron: las guapas y solteras, las casadas sin hijos, las madres y las ancianas; a los niños los encerraron en una habitación… Nos violaron durante siete días seguidos, en ocasiones varias veces, incluso, varios hombres a la vez….

Este es tan sólo parte del relato que abarca un año y cuatro meses : 487 días de fanatismo y terror. Es fácil hacerse una idea de los horrores del genocidio yazidí. Bahar fue vendida y comprada hasta en siete ocasiones. Siete amos diferentes, siete formas de torturar distintas. Finalmente, gracias a infiltrados y a un rescate de 15.000 euros, pudo recuperar la libertad y los retales que quedan de su vida. Pero como Bahar quedan 3500 mujeres capturadas en esa noche del 3 de agosto de 2014. Son esclavas de ISIS en pleno siglo XXI, ante la impasividad de la Comunidad Internacional.

Roger Calabuig ha traído a Cantabria esta historia y la de otras catorce mujeres que conoció en su misión en el Kurdistán. La ha traído convertida en exposición fotográfica y en un pequeño libro que ha editado con fondos propios. Pretende con ello ayudar a la ONG local que atiende a las víctimas. El próximo mes de junio viajará de nuevo a la zona para rodar un documental que haga visible el problema en Europa. La exposición y los libros -que se encuentran a la venta a diez euros- están disponibles en la Biblioteca Municipal de los Corrales de Buelna. Después viajarán a Madrid.

Si queréis más información sobre el genocidio yazidí o sobre Jinda, la ONG creada por Roger Calabuig, podéis buscar en Facebook ‘Jinda España’ o acceder a su página web en www.jindaspain.com/

Ver Post >
Olor a papel y tinta
img
Montse Ferreras | 22-04-2016 | 8:43| 0

En lo alto, sobre mi cabeza, hay un mosaico de formas geométricas, luminosas, por las que se cuela el azul del cielo y, hasta si te fijas, un cuadro de matices impresionistas. Las nubes tiemblan como un gato asustado; el viento empuja desde su garganta sus últimos suspiros de mar; y juntos bailan, descarados, con sensualidad.

Pero, claro, para eso te tienes que fijar. Imagino cuantas cabezas ha visto pasar esa torre. Unas insignes, otras nobles, muchas, plebeyas, como la mía… Y cuantas, en plena Edad Media, apenas sí lograban intuir lo que había dentro. Qué suerte, me digo, poder estar aquí, en la Torre de Don Borja, disfrutando la magia del momento.

 

Es domingo, primera hora. En casa se han quedado varias camisas y un puñado de pantalones. Todos enfadados, a la espera de su reconfortante sesión de plancha. Me aguardan mi pequeña princesa y mi gallego. Pero yo huyo a refugiarme en la calma de la torre. Esforzándome por no esperar demasiado de nada, por esperarlo todo de la pausa, del detenimiento, de la pasión por los pequeños placeres. ¡Mis pequeños placeres!

Rebusco entre los desgastados tipos de madera los que den respuesta a mi jeroglífico creativo. Me pongo en el pellejo de los impresores de la Alta Edad Media. En silencio, paladeando con gusto el momento, casi masticándolo. Eligiendo con mentalidad contemporánea una frase lo suficientemente sofisticada como para lograr la magia, la unión de lo viejo y lo nuevo; la tradición y la modernidad y, más modestamente, el juego creativo que tanto me gusta practicar. Al final, en tres horas de trabajo, siento que me han visitado Pedro Salinas, Warhol y Berceo ¿El resultado? ¿Free..dom! MYWAY y ROMAN PALADINO.

Tres horas de balsámico detenimiento, de encuentro conmigo misma. Sin aspirar a mucho, aspirándolo a todo. Sin pretensiones artísticas, pero con intención de disfrutar como una niña. En un entorno humildemente lujoso, medieval, cargado de sensaciones, rebosante de sugerencias. Esa es mi manera de celebrar el Día del Libro, mi día, tan auténticamente mío.

Quiero darle las gracias a Giuliano por poner color y alegría a su taller de impresión. Por dejar que nos asomemos a la magia de los libros más allá de los altos vuelos de la palabra, justo a ras del olor a papel y a tinta. Gracias al ayuntamiento de Santillana por organizar estos talleres tan increíbles sobre edición, impresión y creación en papel.

Ver Post >
“Aquí lo tienes: Rafael, el más autóctono de San Martín de Trevejo”
img
Montse Ferreras | 15-04-2016 | 8:46| 0

Alguna vez me habló alguien del verdor de la tierra extremeña y de la luz de sus pueblos. Recuerdo que en aquella ocasión -hace ya años- me reí para mis adentros echando mano de argumentos mezquinos: ¿a quién se le ocurre hablar a una cántabra de paisajes verdes y pueblos con encanto? El tiempo -siempre hábil consejero- me puso en mi sitio.

Me ha pasado con Extremadura, lo mismo que en su día con Galicia y Baleares. Se me han colado tan adentro, que no puedo dejar pasar mucho tiempo sin ir a darles un beso y un abrazo; a decirles un ¿qué tal estás? ¿Qué hay de nuevo?

Se me han colado sus paisajes, su gastronomía, sus gentes… tan diversas y espléndidas que me animan a hurgar en cada uno de los rincones de nuestro país. Porque en España la variedad es tan variada que es una de nuestras mayores riquezas.

En esta ocasión ha sido San Martín de Trevejo. Es un pueblo pequeño, arropado por bosques de castaños, en un valle de la Sierra de Gata, a los pies del monte Jálaba. Es sereno, ostentosamente sencillo, diría yo. Con calles empinadas, piso empedrado y casas espléndidamente conservadas, de piedra y adobe. En sus huertos conviven los olivos con algún naranjo despistado de los que se pueden ver a cientos en el vecino pueblo de Acebo. San Martín de Trevejo desprende el mismo aire bonachón que sus gentes y la misma alegría cantarina que los arroyuelos que recorren sus calles trasportando el agua del regadío. Lugar de cruce de pueblos: limita con Salamanca y Portugal y se precia de una lengua propia que se puede escuchar en boca de los lugareños: “la nuestra fala”.

En San Martín conocí a Rafael. Si me dijeran que lo han transportado en una máquina del tiempo desde los años 60 o 70 del siglo pasado, incluso antes, me lo creería.

Lo conocí mientras paseaba por las huertas del pueblo. Un olivo tuvo la culpa. Me colé en un terrenito a fotografiarlo y a pedirle permiso para olerlo y tocarlo. “¿Eres de los de Mejías?”. Me giré al instante, desconcertada, dudando de si me habían preguntado a mí; creyendo que me había metido en un lío por allanar la propiedad privada. Pronto me di cuenta de que en aquel pueblo todo era de todos y, muy especialmente, el tiempo de conversación.

Vi una cara ajada por el sol. La ropa corría la misma suerte. Los dientes dejaron salir una sonrisa intermitente. Llevaba a la espalda un coloño de leña. Lo mismo que hacía, según me contaba, mi abuela Leo de niña; recoger ramas en los bosques para alimentar el fuego del hogar. Enseguida me di cuenta de que los Mejías habían sido sólo una excusa para entablar conversación. Y en un ‘pis pas’ que duró media hora, Rafael me contó de su vida como pastor, de su estancia en la mili -probablemente, la única fuera de San Martín de Trevejo-, y de los jóvenes del pueblo.

“Ay de tiempos pasados”. “La gente de ahora no quiere el campo, pero tampoco deja la casa”. La cabeza de Rafael -mucho más lustrosa que sus desgastadas ropas- no entiende cómo “los jóvenes de ahora se dedican a no hacer nada”. No comprende una vida sin objetivos o, más bien, sin trabajo. Yo pienso… Y quién lo hace, Rafael…

Rafael es -como me dijo otro vecino al pasar- lo más autóctono que tiene San Martín de Trevejo: afable, tranquilo, sencillo, austero, dispuesto a la charla y a los rigores de las labores del campo, pero, sobre todo, instalado, férreamente sujeto, a otros tiempos.

Rafael me hizo pensar en las diferentes realidades que conviven en San Martín de Trevejo. Un mismo entorno en el que pasado y presente se dan la mano. Y me hizo reflexionar, una vez más, acerca de la inteligencia natural de las personas: cuántas preguntas se hace el bueno de Rafael sin necesidad de ser erudito.

Os dejo las fotos que le hice, me avergüenza un poco decir que son medio robadas. Medio, porque se le ve a medias; él no quería mostrarse con su humilde atuendo “que ahora con los teléfonos te ve cualquiera”. Pues sí, Rafael, te ve cualquiera que sea capaz de traspasar la envoltura de la apariencia.

No hace falta que os lo diga, la comunidad: Extremadura, la zona: la Sierra de Gata y el pueblo: San Martín de Trevejo, muy recomendables. Yo, por mi parte, continuaré hurgando…

Ver Post >
Correr con el coche ya no se lleva
img
Montse Ferreras | 08-04-2016 | 8:56| 0

“Correr con el coche ya no se lleva”. Recuerdo cuándo me dijeron esta frase; tendría yo unos veinticuatro años. Reconozco que por entonces no sabía qué pensar: si decantarme a favor o en contra. Si era fiel a mi recién conquistada libertad al volante y a mi espíritu joven, aquello sonaba a apolillado, sin embargo, si escuchaba a mi yo reflexivo, no podía más que darle la razón.

Pues bien, a día de hoy, sin conquistas automovilísticas que realizar y con la templanza que va dando la experiencia, no puedo más que plegarme a esa expresión: “correr con el coche ya no se lleva”. Es más, afirmo que es: ¡una horterada!  Porque entre ir Paseando a Miss Daisy  y emular a Fast and Furious hay un trecho. Me pregunto ¿qué tienen que demostrar algunos y algunas en la carretera?

Lo que os cuento me sucedió esta mañana y ha sido la gota que colma el vaso. Si pudiera le hubiera grabado al mendrugo en cuestión un video -que ya sabemos, que lo hecho en público y captado como tal puede ser emitido-bien merecido se lo tendría. Y para curarme en salud y no ser sospechosa de ir provocando accidentes precisamente por lo contrario, por ir demasiado lenta, diré que aún no se me ha subido ningún caracol a la rueda, que mi coche lleva intermitentes de serie (nunca, opcionales) y que obtuve mi carnet a la primera.

Llamemos al ínclito en cuestión, Pierre Nodoyuna, y a su auto loco, Bemeuve. Esta es su hazaña:

14:00 pm. En la radio de mi coche suenan las señales horarias. A punto está de comenzar el informativo. Es, justo, la hora de recoger a mi hija para llevarla al colegio. Me incorporo desde una pequeña carretera de servicio a la comarcal, cuando, de repente, me encuentro, de lleno, a mi izquierda, con el mismísimo Pierre Nodoyuna. Por unos instantes dudo de si me habré metido en una de las carreras de Los Autos Locos porque Pierre desciende veloz, atravesando un cambio de rasante, a más de 80 kilómetros por hora en una zona limitada a 50. No lo duda, me sortea haciendo serpentear su coche y atrás me deja maldiciéndolo, pensando la poca vergüenza que tiene, queriendo apartar de mi mente lo que sucedería si atropella a un caminante de los que transitan por esa carretera secundaria, a mi marido cuando sale a correr,  a mi padre cuando circula en bici; o si me arrolla llevando yo a mi Candela a bordo.

Le pito. Poco más puedo hacer. Y para mi sorpresa, Pierre comienza a dar bandazos sobre la raya continua, describiendo eses en el suelo; a un lado, a otro… A menos de doscientos metros de una curva… Chuleando de la manera más ridícula y temeraria que jamás haya visto. Como sea para todo tan espabilado -pienso- apañado va.

Es entonces cuando me siento impotente y una vez más recuerdo la frase de mis veintitantos: ‘correr con el coche no se lleva’. Es una horterada. Pero es que no se lleva correr, no se lleva avasallar al resto de vehículos ni pensar que somos Fernando Alonso al volante; que para eso están los circuitos ¿Qué pretenden demostrar los Pierre Nodoyuna del mundo? ¿Que son más fuertes? Tal vez ¿más importantes? ¿Que su coche es el más rápido? ¿Que son más listos…? ¿Qué? Sinceramente, creo que no son conscientes de lo que transmiten, sino, probablemente, no lo harían: falta de inteligencia, ninguna educación ni respeto, un total egoísmo y temeridad que pone en peligro la vida de los demás.

Así que, a ver si te enteras Pierre Nodoyuna: no seas cutre ¡correr con el coche ya no se lleva!

 

Ver Post >
Sobre el autor Montse Ferreras
Decía Hemingway: "el hombre que ha empezado a vivir seriamente por dentro, empieza a vivir más sencillamente por fuera”. En este blog quiero compartir pequeñas reflexiones e historias con las que me voy topando, que me van sugiriendo esa sencillez de la que hablaba el escritor y periodista estadounidense.