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Don Dionisio y la escuela de otros tiempos
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Montse Ferreras | 11-02-2018 | 10:04

Don Dionisio es un buen nombre de maestro; casi, casi, cinematográfico, aunque, dicho sea de paso, muy real. Era el maestro de Ampuero, lo fue durante décadas y, durante aún más tiempo, ha permanecido en el recuerdo de sus pupilos.

Me ha venido a la cabeza esta mañana, al leer un comentario de los muchos que hace la  gente sobre los profesores. Era con motivo de la supuesta violación de un niño de 9 años en Jaén, a manos de dos adolescentes de 12 y 14 años. Un acto tan horrendo y fuera de toda lógica que revuelve lo más profundo de las entrañas. El comentario en cuestión está regado de palabras en mayúsculas que ponen el acento en expresiones como “ES QUE YA ESTÁ BIEN DE QUE NO SE ENTEREN DE NADA de lo que pasa en SU colegio..!! y que dejaban claro el grado de enfado y violencia hacia el profesorado de su autora, la cual, en una profunda reflexión de cinco líneas y 175 caracteres afirmaba concluyente “Y dónde estaban los profesores que tienen que estar en ese momento ahí…?? El responsable es el CENTRO..!!” Y lo remataba con unos puntos suspensivos como queriendo invitar a la reflexión; imagino, tan sesuda como la que, en esos momentos, estaba haciendo ella.

Y entiendo su enfado, porque la noticia no es para menos. Pero también, entenderán el mío, que como respuesta, en un arranque de mala leche e indignación le contesté, a modo de frase introductoria: “Pues los profesores de cañas, no te digo”.

Y es que somos una sociedad de cainitas, porque la culpa, es -como no- de los profesores. Esos vagos que tienen tres meses de vacaciones al año, que trabajan lo mínimo, que tienen manía al niño, porque cuando suspende Mario, no es que el chaval no estudie, es que el impresentable del profesor le dio la materia deprisa y corriendo el último día, o es que le tiene manía y a él no le explica o, peor aún, esa manía le lleva a suspenderlo. Y pasa lo mismo en este caso de Jaén ¿Dónde está el origen del problema? Según la internauta en los profesores, quienes seguro que se habían ido de compras en la hora de trabajo o estaban cerrados a cal y canto tomando café en la sala de profesores o, todavía más grave, sabían que tenían a dos delincuentes en potencia en el instituto y los han dejado campar a sus anchas y violar al niño de 9 años ¿Exageración? No lo creo.

La realidad es otra.

Señores, padres y madres, ustedes dejan a sus hijos en los centros educativos entre cinco y siete horas; a veces más. Muchos de los padres delegan no solo la guardia y custodia de los hijos y su enseñanza, sino, además, la educación. La realidad con la que se encuentran los docentes es la de niños, muchas veces, “sin educar”, sin respeto al profesor, sin capacidad de trabajo, sin gusto por la cultura y las actividades culturales y eso, les guste o no, llega de casa. El profesor -el que ama su profesión e, indudablemente, como en todas las profesiones hay ovejas negras- es una persona con infinita paciencia como para gestionar grupos de niños y adolescentes de veintitantas personas; cuya satisfacción está en que el estudiante aprenda y apruebe, porque el triunfo del estudiante es el triunfo del profesor; que hacen frente a las circunstancias de sus alumnos porque, lo crean o no, los niños son auténticos espejos de lo que sucede en sus hogares y cómo se les educa. De esta manera, el niño que está consentido demuestra escasa respuesta a la autoridad; el que está sobreprotegido poca autonomía y así, un rosario de circunstancias que el docente tiene que hacer frente en el aula.

Por eso, echo de menos los tiempos de Don Dionisio, en los que familia y escuela remaban en la misma dirección. En la que desde los hogares el profesor era visto como un aliado, no como un enemigo inepto y culpable. Tiempos en los que en el hogar se respetaba al maestro y eso se notaba después en el aula. Y conste que, no siempre es así. Hay padres muy conscientes de las capacidades y de las debilidades de sus hijos. Que adoptan una postura responsable y nunca esquiva, y estudiantes que son -más o menos trabajadores o más o menos capacitados- pero sumamente educados.

Por eso, querida amiga del chat. Yo prefiero hablar del origen de los problemas, no de culpables. Primero, porque en todo caso, los culpables de la violación son los estudiantes y, segundo, porque la reflexión debería ser ¿qué entorno tienen esos chicos para llegar a hacer lo que han hecho? ¿Qué circunstancias se han dado para que haya sucedido?

Por supuesto, el centro debe analizar dónde y cómo se ha producido la supuesta violación. Si se podría haber evitado. Si es necesaria una intervención educativa entre los estudiantes. Pero de ahí a culpabilizar a los profesores…

Termino el post transcribiendo la respuesta íntegra que ofrecí en Internet al comentario “¿Y dónde estaban los profesores?” Para otro día dejo la historia de Don Dionisio; retrato de otra época y de una profesión que tiene de grande, lo grandes que son los niños. No olvidemos que “lo que se les dé a los niños, los niños darán a la sociedad” (Karl Augustus Menninger):

“Pues los profesores de cañas, no te digo ¿Qué es eso de culpar a los profesores? Aquí no se está hablando de un acoso escolar que pudiera haber sido detectado por alguien y pasado por alto. Se habla de un hecho terrible, pero esperemos, puntual; que esos niños, imagino, habrán cometido escondiéndose. Por otro lado, me pregunto qué clase de educación y valores están recibiendo los agresores en sus hogares. Hay grandes profesionales de la educación que se preocupan y mucho por los chavales. Y también te digo que muchos niños van a los centros “sin educar”, con unas carencias tan básicas como no saber dar ni los buenos días. Me produce mucho malestar este tipo de análisis tan arbitrarios y a la ligera que criminalizan al profesorado”.

 

Sobre el autor Montse Ferreras
Decía Hemingway: "el hombre que ha empezado a vivir seriamente por dentro, empieza a vivir más sencillamente por fuera”. En este blog quiero compartir pequeñas reflexiones e historias con las que me voy topando, que me van sugiriendo esa sencillez de la que hablaba el escritor y periodista estadounidense.