img
Dejarse ir
img
Montse Ferreras | 29-01-2017 | 22:25

Estoy en el patio de butacas, una pequeña sala del teatro de Escena Miriñaque en Santander. Probablemente, estamos cien personas, puede que más, seguro que menos. Un grupo reducido si se compara con el aforo de la Sala Argenta. Sin embargo, nunca la más orgullosa de las salas del Palacio de Festivales me hizo sentir así; ni siquiera cuando vi el Lago de los cisnes del  Bolshoi. La sensación de privilegio. De estar viviendo un momento único y diferente, al margen de la rueda mecánica y rutinaria de la ciudad.

La propuesta de Alberto Pineda es ‘Surcos’ una pieza de Danza Contemporánea en la que invita a sentir, a viajar, a ‘dejarse ir’… Me intriga qué es lo que consigue que un bailarín clásico, que ha pisado escenarios tan imponentes como la Scala de Milán o el Zenith de París, entre otros muchos, se salga de la ortodoxia del Clásico para habitar terrenos menos explorados y, seguro, más incomprendidos como los de la Danza Contemporánea. Que transitan en las lindes entre la profesionalidad que él atesora y la bisoñez de quienes provienen de mundos diferentes a los del ballet. Pronto caeré en la cuenta. No es sólo que sea terreno abonado para la creatividad es que, únicamente, cuando se domina con maestría un lenguaje se está en disposición de romperlo. Es un viaje de ida y vuelta en el que, es en el retorno, cuando se recogen los más provechosos frutos. Alberto se afana por habitar el cuerpo. A mi modo de entender, por atrapar la esencia. Es como intentar captar en una partícula la inmensidad del cosmos; como quintaesenciar un sabor; como apresar un instante.

No aspiro a que tú, lector, lo entiendas. Puede que lo hagas, ojalá. Pero, también, sé que hay muchas probabilidades de que no ocurra. Por eso, el aforo de la sala Miriñaque es de 100 y no de 1200 como la Argenta. Y, también, por eso, me siento privilegiada… No aspiro a comprender la lógica del creador, pero sí, en lo más terreno, disfruto ‘dejándome ir’, recreándome como una voyeur en el placer de la experiencia, rescatando pasiones dormidas durante años, como la danza.

De repente, se apaga la luz, todo se va a negro. De repente, una tímida mancha blanca se arroja violenta sobre los bailarines. El resto, en penumbra. De repente, el movimiento, la sonoridad, lo irracional, te atrapan -dejas de pensar- y es, en ese momento, cuando ‘te dejas ir’, comienzas a sentir. Cuando, como dice Alberto Pineda: comienza el viaje. No importa el argumento. No interesa la historia de Odette y del príncipe Sigfrido. Eso es lo de menos. La cuestión es hasta qué punto hay comunión entre el bailarín y el público.

Para mí, esa comunión es un rencuentro con mi juventud, incluso, con mi infancia. En mi viaje de ida y vuelta me he reencontrado con la danza. Porque creo que llega un momento en la vida en el que te das cuenta ‘de qué va ésta’.

Es a lo que se refiere Hemingway cuando dice que “El hombre que ha empezado a vivir seriamente por dentro, empieza a vivir más sencillamente por fuera”. A ello se refiere el filósofo chino Lao Tse cuando dice: “Cuando dejo ir lo que soy, me convierto en lo que debería ser”. Tal vez, es eso lo que le sucede al Alberto Pineda bailarín con su apasionado viaje por la Danza Contemporánea. Sin duda, es lo que me sucede a mí con mi rencuentro con las cosas sencillas, con las pasiones de infancia… He regresado a ellas con la experiencia que van dando los años y con la certeza de que sólo cuando te dejas ir, con naturalidad y sin dobleces, sale lo mejor de ti mismo.

Gracias a Alberto Pineda por su concepción de la danza, por permitir al público hurgar descarado en su obra, preguntar, opinar e, incluso, tratar de comprender.

Sobre el autor Montse Ferreras
Decía Hemingway: "el hombre que ha empezado a vivir seriamente por dentro, empieza a vivir más sencillamente por fuera”. En este blog quiero compartir pequeñas reflexiones e historias con las que me voy topando, que me van sugiriendo esa sencillez de la que hablaba el escritor y periodista estadounidense.