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Retroceso emocional de ‘Aragón’
Teresa Cobo 15-01-2012 | 12:58 | 0

 

Aragón, que ha cumplido dos años en enero, vuelve a chuparse la mano.

Pobre ‘Aragón’. Anda triste y con los ojitos enrojecidos. Después de dos meses en los que se ha comportado como un oso hecho y derecho, está de bajón. Vuelve a sufrir el tic nervioso que había superado, al menos eso parecía, ya que no lo repetía desde noviembre. Esa estereotipia que le incita a chuparse la mano izquierda le quedó como secuela del destete traumático cuando sólo tenía unas semanas de vida.

El oso que fue introducido ilegalmente en España por traficantes desde Rumanía ha cumplido dos años y pesa alrededor de 120 kilos. Está sano y hermosote, pero, por ser muy joven, le afecta la soledad, más acusada ahora, en pleno invierno, ya que sus congéneres apenas se dejan caer por la zona. Los que no hibernan, han buscado osearas tranquilas para pasar la temporada fría. Sólo asoman para recoger la comida y poco más. Al ser temporada baja, también se ha reducido la afluencia de personas.

‘Aragón’ se siente solo y vuelve a chuparse la garra, aunque con menor intensidad, sin la frenética angustia del principio. Es su manera de reclamar compañía. Tendrá que esperar al retorno de la primavera para que el servicio veterinario del parque elija para él un amigo o una amiga entre los oseznos de segundo año que se independicen de sus madres.

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‘Aragón’ supera su tic postraumático
Teresa Cobo 30-11-2011 | 3:37 | 0

PASADO. En pleno ataque de estrés, ante la presencia de un oso. T. C.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PRESENTE. 'Aragón', de pie, como un señor, muy sereno. T. C.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Parecía imposible, pero ha ocurrido. ‘Aragón’ ha dejado atrás el tic nervioso que le dominaba durante gran parte de las horas de sus días. Cuando llegó a Cabárceno, el 17 de junio de 2010, con apenas siete kilos de peso y seis meses de vida, el cachorro se chupaba la mano izquierda de manera obsesiva mientras se le espumaba la boca y emitía un ronroneo continuo, similar al ruido de un pequeño motor. Con esa actitud recurrente, ‘Aragón’ intentaba, sin ser consciente, estimular la secreción de leche de su madre. Añoraba la lactancia y el contacto con su protectora.

El destete prematuro es una experiencia traumática para una cría. ‘Aragón’ fue apartado de su madre con apenas unos días de vida, en algún bosque de Rumanía. Estuvo subalimentado por sus captores durante meses, hasta que fue interceptado por la Guardia Civil en el maletero de un coche de supuestos contrabandistas en Zaragoza. Esa succión recurrente de su propia mano se convirtió en un síntoma general de estrés. Cada vez que se sentía asustado, solo o aburrido, ‘Aragón’ caía en ese comportamiento estereotipado. Daba pena ver al poble animal sumido en esa maniática tarea. Muchas de las personas que le han visitado en el parque, se han ido convencidas de que ‘Aragón’ tenía una herida o una lesión en la mano que le dolía mucho. Pero no era así.

Los síntomas de ansiedad se agudizaron con la aparición de los primeros osos al otro lado de la valla de su nuevo recinto, estrenado el 11 de marzo de 2011. ‘Aragón’ nunca había visto a otros congéneres y, en cuanto aparecía uno, se le erizaba el pelo, echaba cuerpo a tierra y comenzaba el ritual de chupeteo de la garra izquierda. Lo hacía cuando pesaba tres kilos y medio y no había conseguido dejarlo cuando ya había alcanzado los cien.

Ha tenido que pasar año y medio para que ‘Aragón’ , que en enero cumplirá dos años, supere ese tic. Por fin se ha liberado de él. Es pronto para afirmar si lo retomará en sus momentos de angustia, pero, por ahora, se ha olvidado del asunto y actúa con un cierto sosiego. Es un gran avance en el duro proceso de normalización que debe afrontar antes de integrarse con los demás plantígrados. A estas alturas, ‘Aragón’ ya avanza hacia la recuperación de su identidad osuna. Se siente aún próximo a los humanos, pero ya ha comenzado a comprender que no es uno de ellos y comienza a acercarse con curiosidad y alegría (siempre con una cerca de por medio) a los osos que no le superan en tamaño.

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‘Aragón’ conoce al primer oso
Teresa Cobo 13-03-2011 | 11:42 | 0

‘Aragón’ mira, nervioso y a distancia, al gran oso que acude a fisgarle. T. C.

Un macho joven y fuerte que ha descubierto al cachorro en su nuevo recinto lo tiene atemorizado con su sola presencia

TERESA COBO
Pobre ‘Aragón’. Su primera visión de otro oso ha sido traumática. El cachorro rezumaba ayer estrés por todos sus poros. Un macho joven y fuerte ha descubierto al osezno y monta interminables guardias a otro lado de la valla que protege al nuevo inquilino. Ayer se presentó al atardecer. No gruñe, no se muestra agresivo. Sólo se sienta y observa. Como mucho, si se aburre, escarba la tierra. Pero tiene una paciencia que exaspera al pequeño plantígrado. En cuanto atisba la silueta parda, ‘Aragón’ se pone malo. Con el pelo del lomo erizado, pide auxilio a su manera.

‘Aragón’ siente más miedo que curiosidad, al menos, por ahora. La felicidad del viernes, cuando estrenó su nueva parcela en Cabárceno, se ha trocado en tensión. Antes de descubrir que al otro lado de la cerca había unos seres pardos, peludos y muy grandes, estaba encantado con el cambio. Retozó sobre la hierba, examinó su caseta por dentro y por fuerza, se solazó con un primer baño en el pilón y disfrutó de su bebedero, intrigado al comprobar que, por mucho que desalojara el agua a manotazos, volvía a rellenarse de inmediato. Zambulló una y otra vez su cabeza en ese recipiente mágico. Todo era maravilloso hasta que llegaron sus vecinos.

‘Aragón’ lleva fatal las visitas de otros osos. Siente pavor sólo con verlos. El macho que ha detectado su olor y se acerca para vigilarlo lo tiene amargado. En cuanto asoma, el osito echa cuerpo a tierra y comienza a chuparse frenéticamente su mano izquierda, a la par que emite un ronroneo nervioso. Así estimulan las crías la secreción de leche de la madre. Pero el trauma del destete prematuro ha dejado como secuela ese tic en ‘Aragón’. Sólo pudo mamar unas semanas, antes de que lo capturaran en Rumanía, y aún no tiene año y medio, la edad a la que se emancipan los cachorros. Cuando se estresa, se succiona la garra y echa espumita por la boca. Es su forma de reclamar protección y compañía, y su manera de decir «socorro, socorro, socorro» cuando aparece ese oso empeñado en apalancarse tras la verja.

El osezno, muy estresado, da la espalda al plantígrado visitante. T. C.

La fuerza de la curiosidad
El equipo veterinario del Parque de la Naturaleza de Cabárceno confía en que, poco a poco, la curiosidad pueda más que el temor y ‘Aragón’ comience a aproximarse a los otros plantígrados, a percibir que huele como ellos y a encajar que se le parecen más que las personas. Pero ahora tiene el susto metido en el cuerpo. Mucho tiempo después de que se haya ido su extraño y pertinaz visitante, sigue angustiado. Se acerca a la verja a la que tiene acceso la gente, eso sí, con cuidado de no rozar los hilos de pastor eléctrico que circundan toda la valla por dentro. Los osos no le gustan, pero las descargas de los alambres, tampoco.
En esa zona, se siente más seguro. Hay un desnivel y, a fuerza de hollarlo una y otra vez, de izquierda a derecha y de derecha a izquierda, ha formado una trinchera a la que se constriñe cuando acecha el gran oso. En cuanto lo atisba de reojillo, no quiere ni mirarlo. Le puede el miedo, pero lo superará.

Cruce de miradas entre ‘Aragón’, muy asustado, y el desconocido, intrigado. T. C.

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