El Diario Montañes

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Fecha: mayo, 2011
La niña más mona de Santillana
Teresa Cobo 31-05-2011 | 12:36 | 0

Nuba asoma, curiosa, por debajo de la cabeza de su madre, Tuah. T. COBO

La orangután Tuah comparte por fin con el público que asiste al Zoo sus momentos más maternales con Nuba, de cinco meses

TERESA COBO
Nuba mira, tímida y graciosa, a quienes la espían al otro lado de la puerta. Siente curiosidad por ver lo que hay más allá de los largos brazos de su madre. Tiene cinco meses y el pelo cobrizo de la cabeza le crece en punta. Durante sus primeras semanas de vida, fue imposible saber si era ‘niño’ o niña’. Su madre la ocultaba con tanto celo que los cuidadores del Zoo de Santillana tardaron en conocer el sexo de la pequeña orangután de Sumatra. Nació el 24 de diciembre de 2010 y han tenido que pasar cinco meses para que Tuah se desinhiba y comparta con el público sus momentos más maternales.

Tuah seguiría todavía escondida bajo una manta con su hijo Dahulu y su hija Nuba de no haber sido porque José Ignacio Pardo de Santayana, el dueño del zoo, se mostró firme. «Estas son unas blandas», dice en alusión a su mujer, Maribel Angulo, copropietaria del recinto, y a Andrea González, la bióloga. La hembra de orangután llegó a Santillana desde el Zoo de Zúrich el pasado mes de noviembre. Estaba preñada y la acompañaba Dahulu, de 7 años. Madre e hijo permanecían aferrados el uno al otro en una estancia interior, subidos a un altillo y sin asomar apenas del cobertor que los cobijaba. Maribel y Andrea se armaron de paciencia y los agasajaban con todo tipo de palabras cariñosas. Colocaban un surtido de manjares en el suelo y entre las rejas de la puerta, pero no había forma de hacerlos bajar en presencia de ellas y, aún menos, de animarlos a salir al patio, donde son visibles para los visitantes.

«Se acabó», espetó un día José Ignacio. «Si quieren comer, que salgan al exterior, y la comida se les coloca repartida por los rincones y en trocitos, para que trabajen un poco». Y así fue. Aprendieron que, si querían alimentos, tenían que salir a por ellos. Ahora disfrutan del sol y del aire libre, pero también sienten un gran afecto por sus comprensivas amigas humanas. Tuah es hoy mucho más generosa con el público que mira desde detrás de las cristaleras y no se empecina en esconderse para dar de mamar a Nuba o en meterla en su regazo para que no se note que existe.

El pequeño lavandero
Dahulu tiene gran afición a las colchas y los trapos, como el resto de orangutanes, que se tapan o disfrazan con ellos, pero él tiene vocación de lavandero y le encanta remojarlos en la charca que hay en su instalación. Aunque Tuah vuelca toda su atención sobre Nuba, siempre mima al mayor, o casi siempre. Cuando se trata de disputarse la comida, no tiene miramientos y el pobre Dahulu se lleva algún que otro empellón.

Esta familia es observada con intriga por el otro trío de orangutanes del zoo: el gran macho Budi, con sus melenas pelirrojas y sus descomunales manos, y sus dos hijas, Victoria, de 6 años, y Juliana, de 5. Las dos jovencitas se encaraman en los postes de su recinto para fisgar a los vecinos del patio colindante. Por el momento, seguirán separados. Los planes de futuro son juntar a Budi con Tuah y unir en otro grupo a Dahulu, Victoria y Juliana.

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Un microparaíso multicolor de pájaros y mariposas
Teresa Cobo 16-05-2011 | 2:23 | 0


Las enormes pajareras del Zoo de Santillana del Mar, por las que es posible transitar, ofrecen un atractivo espectáculo visual. Pájaros de las más diversas procedencias y los más asombrosos colores vuelan entre los visitantes. Los pavos reales, ahora en pleno cortejo, presumen, con motivo, de sus formidables colas abiertas en abanico. Naranjas o rosados, los flamencos y, rabiosamente colorados, los ibis escarlata destacan como llamaradas entre otras colonias de aves blancas o grisáceas. Y la sala de las mariposas permite recrearse con las vistosas alas de estos insectos que se posan confiados sobre las personas. El zoológico ha reproducido un trópico en miniatura en el que es posible, incluso, ver llover en la pequeña selva o asistir a la salida de uno de estos lepidópteros de su crisálida.


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‘Aragón’ ya no es el más canijo
Teresa Cobo 16-05-2011 | 2:13 | 0

Las dos madres y sus cuatro cachorros se cruzaron ayer en la explanada del recinto de los osos. :: T. C.

Cuatro nuevos oseznos luchan por sobrevivir en la competitiva y hostil sociedad osuna de Cabárceno

TERESA COBO
El osezno ‘Aragón’ ya no es el más pequeñín de Cabárceno. Dos osas que han parido este año han conseguido mantener vivos a cuatro cachorros hasta el momento. Las madres bajan ya con sus crías a la explanada que se extiende delante del mirador del recinto y los canijos se han convertido en la nueva atracción del parque. La sociedad osuna en la que conviven es hostil y muy competitiva. Hasta el pasado viernes, había cinco crías, pero un macho mató a una de ellas. El año pasado no sobrevivió ninguno de los ositos que nacieron.

Las dos hembras que han tenido camada enseñan a sus cachorros a trepar, a defenderse y a estar alerta y, desde hace unos días, lo hacen a la vista del público, para regocijo de los visitantes, aunque algunos presenciaron el 13 de mayo una sangrienta escena que, por desgracia, es frecuente en las manadas que cohabitan en semilibertad. Un gran plantígrado devoró a uno de los cinco oseznos en un arrebato. Los cuatro restantes jugaban ayer sin mezclarse, de dos en dos, cada pareja de hermanos pegada a su respectiva madre.
Dos de los cachorrillos aprenden a escalar por la rocas de Cabárceno. T. C.

Los cuidadores que entran a dar de comer cada día a los plantígrados en un vehículo adaptado ponen todo de su parte para ayudar a las hembras a sacar adelante a sus hijos. Procuran repartir comida en abundancia entre los osos, alrededor de setenta ejemplares, y, cuando están todos bien servidos, si alguna de las dos madres ha aparecido con sus crías, acercan la camioneta para asegurarle una ración generosa que la ayude a amamantar a los chiquitines. Actúan con rapidez y con mesura, para que los machos se abstengan de acudir voraces a robar una porción extra y a agredir, con ese fin, a los cachorrillos.

Los oseznos tienen cuatro meses y su principal fuente de alimentación es la leche materna, pero ya han comenzado a ingerir alimentos sólidos y mordisquean la carne de pollo que obtienen las hembras. Verlos jugar entre ellos, corretear y encaramarse en las rocas bajo la atenta mirada de las osas es disfrutar de un excelente documental en vivo y en directo. Lo que pasó el viernes con una de las crías podría repetirse y evidencia lo que habría ocurrido con ‘Aragón’ en pocos minutos, sin una madre para defenderlo, de haber sido introducido en el recinto, en lugar de disponer de uno propio hasta que sea grande, muy, muy grande.

Dos de los oseznos, hermanos, permanecen atentos y cerca de su madre. :: T. C.

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